• 17/03/2024

Federico Cantoni

Federico Cantoni

El hombre que marcó la vida provinciana durante dos décadas

Un trabajo preparado por Juan Carlos Bataller.

Muchos preguntan quién fue Federico Cantoni, cómo era en su intimidad, cúales eran sus pensamientos en materia ideológica y política, qué se sabe de su vida personal, Vaya esta nota publicada hace más de dos décadas como una aproximación al personaje para las nuevas generaciones.

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Digamos que no era un hombre común.

Era dinamita pura, energía concentrada.

Y esa energía podía encausarse en grandes obras, en transformaciones sociales o en brutalidad hacia sus adversarios.

Federico Cantoni fue el gobernador más joven que tuvo San Juan en el siglo XX.

Tenía 33 años cuando llegó al poder, pero 33 años plenamente vividos.

Cantoni no llegó al gobierno de carambola ni construyó sus estructuras desde el poder.

Ya tenía su título de médico –era uno de los 50 que existían en San Juan- había creado un partido político, se enfrentó a todos los poderes, estuvo preso acusado de instigar el asesinato del gobernador Amable Jones y era una especie de mito entre los pobres de San Juan y de líder indiscutido entre sus seguidores.

Ángel Cantoni, estudiante de Ingenieria en Minas

El padre, Angel Cantoni, no era el inmigrante común de aquellos años que llegaba a la Argentina en busca de un futuro mejor, huyendo del hambre y las necesidades. Venía de la Alta Italia, donde había nacido en Carbonara de Tescino, en Lomellia, el 28 de noviembre de 1853.

En la universidad de Pavia obtuvo el título de agrimensor en 1872, con 19 años, graduándose de ingeniero de Minas en la Academia de Freyberg, Sajonia, en 1882.

Una firma de Alessandría –Miguel Torres e hijos- lo contrató y en 1887 lo envió a San Juan para estudiar el mineral de Sierra de La Huerta.

Terminada su tarea, el ingeniero Cantoni regresó a Italia donde contrajo enlace con una italiana de origen irlandés, Ursulina Aimó Boot, dama de una voluntad a prueba de hierro y un carácter muy fuerte.

Fue entonces cuando se lo llamó para dirigir la Sociedad Minera Andina constituida en Buenos Aires.

Pero el ingeniero ya había hecho sus contactos y pronto se vino a vivir definitivamente a San Juan donde fue designado en 1891 profesor de la Escuela de Minas, teniendo a su cargo las cátedras de Mineralogía, Geología y Paleontología.

De este matrimonio formado por un científico tranquilo, estudioso, dedicado con amor a su profesión y una mujer de sangre irlandesa y fuerte personalidad nacieron tres hijos.

El mayor de ellos se llamó Federico José María y nació el 12 de abril de 1890. Luego lo seguirían Aldo, en 1892 y Elio en 1894

Federico hizo la escuela primaria en la Superior Sarmiento y comenzó el secundario en el Colegio Nacional, de donde fue expulsado por organizar una huelga, por lo que continuó sus estudios en el Colegio Nacional Agustín Alvarez de Mendoza.

Se radicó luego en Buenos Aires donde se graduó de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1913.

Entre los compañeros de estudios de Cantoni estaba una jovencita llamada Alicia Moreau, que luego sería la esposa de Juan B. Justo, y un joven sanjuanino de origen chileno, Indalecio Carmona Ríos.

La sociedad sanjuanina recibió con curiosidad a aquel joven médico que volvía al terruño. Un título siempre daba prestigio. Más si su poseedor era hijo de un brillante científico. Federico tenía reservado, sin duda, un lugar expectante en la sociedad y se transformaba en un candidato apetecible para las chicas provincianas.

Pero Cantoni no era lo que la gente de la alta sociedad esperaba que fuera.

Era Cantoni.

Inmediatamente se radicó en San Juan, donde abrió su consultorio y pronto los sectores más humildes de la ciudad fueron sus pacientes, en parte porque cobraba poco o no les cobraba, pero en gran medida porque lo consideraban un gran profesional y un hombre que hablaba el mismo idioma que el pueblo.

Si algo conocía Cantoni, era la naturaleza humana.

Una vez lo llamaron para que viera a una viejita que permanecía postrada en cama desde hacía mucho tiempo.

-Mi mamá es paralítica-, le dijo la dueña de casa.

En realidad, la mujer no tenía impedimentos físicos sino que desde hacía años padecía un cuadro neurótico.

Cantoni la atendió y la obligó a caminar. La mujer abandonó su lecho y la anécdota se conoció en toda la ciudad.

-¡Cantoni hasta hace caminar a los paralíticos!

 Por supuesto, Cantoni no se preocupó en desmentir la especie.

1924 – Fue el caudillo mendocino José Néstor Lencinas quien presentó a Federico Cantoni al líder radical Hipólito Yrigoyen. En esta foto de los años ´20 aparecen, sentados, Aldo Cantoni, Carlos Washington Lencinas y Federico Cantoni. Detrás, parados, Francisco Arturo, López González y Elio Cantoni. (Foto proporcionada por la familia del doctor Leopoldo Bravo)

Afiliado a la Unión Cívica Radical, organizó el Club Baluarte, que nucleó a la juventud del partido. Con un grupo de no más de medio centenar de jóvenes, el naciente caudillo salió a recorrer fincas, pueblos y lugares de trabajo. A diferencia de los viejos políticos, no rehuyó recorrer distancias a caballo o en antiguos autos por intransitables caminos para cautivar a la gente con su discurso en defensa de los obreros y con duras críticas hacia el propietario que los explotaba.

En 1915 fue electo concejal de la Capital por la UCR y dos años más tarde. diputado por Desamparados. En 1920 resulta electo senador por Jáchal.

Ya electo senador provincial y transformado en un punto de referencia de un sector del radicalismo, Federico Cantoni y su hermano Elio fueron vinculados con un hecho que les marcaría la vida política: el asesinato de Amable Jones.

Conduciendo la campaña desde la cárcel y con su hermano Aldo –joven médico radicado en Buenos Aires adherente en aquellos años al socialismo,- al frente  de la Unión Cívica Radical Bloquista,  el 14 de enero de 1923 llega a la gobernación. La fórmula Cantoni- Juan Estrella obtiene 12.042 votos contra 7.138 de los conservadores Duilio Graffigna – Alberto Vidart y 147 de los socialistas Gregorio Pinto – Ramiro Ramirez.

El voto que llevó a Cantoni desde la cárcel a la Casa de Gobierno. La fórmula la integraron Federico y Juan Estrella.

Nada era fácil en aquellos días. Desde la cárcel pasa directamente a la Casa de Gobierno. Pero debe asumir en Concepción, el 12 de mayo del 23 pues el gobierno se resistía a entregarle el mando hasta el 9 de julio.

Poco tiempo llega a gobernar. El 8 de agosto de 1925 asume el gobierno el general Eduardo Broquen, tras ser intervenida la provincia.

Vuelta al llano. En 1926 resulta electo senador por Desamparados y conduce la campaña política que lleva a la gobernación a la fórmula Aldo Cantoni -Sigfredo Bazán Smith. Obtienen 17.125 votos contra 7.138 de la Concentración Cívica.

Un año más tarde, en 1927 es electo constituyente y participa de la reforma constitucional que permitió que la mujer votara por primera vez en el país.

Por dos veces y tras enconados debates, el Senado de la Nación le rechaza su diploma de senador por San Juan. Inicia una feroz campaña contra el presidente Yrigoyen que lo hizo popular en todo el país. 

En 1931 se presenta por segunda vez como candidato a gobernador acompañado por Vicente Cattani, como vice, y en las elecciones del 9 de noviembre obtiene 21.130 votos. Asume el 12 de mayo del año siguiente pero el 21 de febrero de 1934 es derrocado por un movimiento revolucionario integrado mayoritariamente por dirigentes del conservadorismo.

En esta fotografía aparece Federico Cantoni herido en la cabeza. Fue tomada luego de los sucesos del 21 de febrero de 1934, cuando un grupo integrado mayoritariamente por conservadores, disparó contra su auto y se tiroteó en pleno centro con las fuerzas leales al gobierno. Federico Cantoni fue trasladado, herido, a Mendoza y ya no volvería a gobernar San Juan. En esta foto, junto al líder bloquista, se observa a su hermano Elio. (Foto proporcionada por la familia del doctor Leopoldo Bravo)

Llegado al gobierno fue una tromba.

Gobernó San Juan en dos oportunidades: 1923/25 y 1932/34. Su hermano Aldo lo hizo en 1926/28.

Siempre llegó con el voto popular. Y siempre fue intervenido. Fue elegido dos veces senador nacional y no le reconocieron su título. Tampoco pudo asumir la diputación por Desamparados en 1934 pues se lo impidió el apasionamiento reinante.

Pero… ¿cómo era Cantoni en la intimidad del poder?

Nada, absolutamente nada de lo que ocurría en la provincia, le era ajeno.

A las 6 ya estaba en pie y a las 7 llegaba a su despacho donde permanecía hasta las 12. A las 15 volvía a la gobernación y a las 19,30 se iba a visitar enfermos. Por la noche hacía política.

Su primer equipo lo formó con gente muy joven   – el 50 % de los funcionarios tenía menos de 35 años y sin experiencia administrativa: sólo el 12 % de los funcionarios eran profesionales, incluyendo en esta categoría a escribanos o procuradores que no tenían estudios universitarios.

A los dirigentes bloquistas les exigía el mismo dinamismo que él demostraba. Para tenerlos a disposición pretendía que no se casaran. 

-No es buen negocio para una mujer casarse con nosotros porque poco es el tiempo que podemos dedicar al hogar-, decía.

Sus colaboradores le tenían una fidelidad absoluta, en la que se mezclaba el respeto, el temor y la admiración. Estaban prontos para satisfacer sus mínimos deseos y lo imitaban en los gestos y las palabras.

 Buen orador. Sus palabras las entendían todos.

Tenía una voz fuerte y grave. Adornaba sus discursos con dichos y frases, a veces muy vulgares. Era temible para sus adversarios. Pero nadie dejaba de escucharlo. A los radicales les encantaba cuando en sus discursos destrozaba a los conservadores. Y los conservadores gozaban oyéndolo atacar al presidente Yrigoyen –su gran enemigo político- y a los radicales.

Cuando le convenía se hacía el bruto pero tenía una buena formación cultural. Sabía interpretar el sentir del hombre común. En el campo se vestía como campesino con bombachas de gaucho, alpargatas y sombrero. Y se sentía un hombre de campo: como que su gran amor era la agricultura. Innovaba en especies, no dudaba en tomar la pala y el azadón para trabajar la tierra. Y como buen caudillo tenía sus propiedades. El Molino en Jáchal, Huañizuil, en Iglesia, donde llegó a criar zorros plateados.

Era desaliñado y muy desprolijo en el vestir. En eso se mimetizaba con los sectores que defendía.

Como médico –siguió ejerciendo cuando era gobernador-, no les cobraba a los pobres y les regalaba remedios.. No le daba asco ni la pobreza ni la suciedad. “La roña del trabajo es una roña superior y tiene más mérito y más prestigio por su virtud que esta roña inteligente”, dijo una vez en el Senado de la Nación.

Cantoni defendía al obrero. “Si el obrero es bloquista y el patrón conservador, el obrero tiene razón; si el obrero es conservador y el patrón bloquista, el obrero tiene razón”, fue su máxima y una alpargata el símbolo de su partido.

Pero hacía una distinción. El consideraba trabajador tanto al obrero rural como al albañil, el pequeño industrial, el agricultor, el comerciante. Pero despreciaba al empleado público de escritorio.

Sus enemigos eran los grandes empresarios, los terratenientes. En especial, la familia Graffigna. Dicen que los enfrentamientos entre los Cantoni y los Graffigna venían de lejos. De la Alta Italia, de donde eran originarias las familias divididas por alguna antigua rencilla.

Era tremendo con sus enemigos. Capaz de encarcelar por pequeñas cuestiones a los más encumbrados dirigentes de la oposición, a los que les hacía barrer y limpiar la cárcel. Tampoco a él le perdonaban.

Despreciaba a las minorías que, decía, no conducían a ningún fin práctico y sólo servían para debatir. Pensaba que las mayorías debían gobernar y que el poder debía estar concentrado en una sola cabeza: la de él, por supuesto.

Y esto es lo que le posibilitaba actuar con tanta eficiencia. Vigilaba personalmente todo. Dirigía cada obra, controlaba el hospital, conducía a los diputados, disponía las leyes y conducía el partido.

Parecía estar siempre apurado. En dos años terminó el Hospital Rawson. En once meses se hizo el camino a Calingasta. Hizo la bodega del Estado, construyó el Parque Rivadavia, en Zonda, el estadio del Parque de Mayo, el camino Jáchal Rodeo, creó la marmolería del Estado, propició la instalación de la Azucarera de Cuyo.

A estas obras hay que agregar la reforma de la Constitución Provincial, en 1927, que estableció la jornada laboral de ocho horas, posibilitó el voto femenino y produjo grandes avances en materia de seguridad social.

Para él, igual que para Sarmiento, las cosas había que hacerlas. Mal o bien, pero había que hacerlas.

Aunque para hacer las obras tuviera que aumentar drásticamente los impuestos, lo que le valió el odio eterno de los bodegueros.

Temperamental hasta ser brutal en sus métodos, pero con una clara concepción de su papel en la historia sanjuanina, Federico Cantoni imprimió su sello desde principios de los años 20 hasta mediados de los 30.

Luego del terremoto, las cosas habían cambiado. Un nuevo personaje dominaba la escena nacional: Juan Domingo Perón.

Federico Cantoni cuando asumió como embajador en la Unión Soviética. Sobre la izquierda un muy joven Leopoldo Bravo

Cantoni disolvió su partido y fue designado embajador en la URSS.

Cuando se reintegró a la actividad política, todo era distinto.

Muchos de los avances sociales que llevó a la práctica Cantoni, eran ya patrimonio del peronismo.

Su figura seguía concentrando temor y respeto, odio y amor. Pero la sociedad, no quería ya más divisiones. Y el viejo caudillo ya no tenía las mismas fuerzas.

A partir de la revolución de 1934, muchas cosas cambiaron.

En la provincia se sucedieron los gobiernos conservadores y las intervenciones federales.

Ya nunca Cantoni volvería a ser gobierno.

Federico se dedicó con mucho empeño a las tareas agrícolas, aunque seguía actuando en política.

En 1944, cuando ya tenía 54 años, se casó con Graciela Cibeira, con quien tuvo dos hijas.

No obstante, nunca dejó la política.

Precisamente, durante un acto sufrió un ataque cerebral tras pronunciar un discurso.

Murió el 22 de julio de 1956. Y miles de personas en una concentración pocas veces vistas lo despidieron.

El huracán había pasado marcando dos décadas de la vida provinciana.

Federico Junto a su esposa Graciela Cibeira y sus hijas, María Eva Ursulina y Aida Graciela Cantoni
Dibujo Miguel Camporro

Una anécdota contada por el desaparecido dirigente mercantil Carlos Fernando Tossa, pinta la relación que Cantoni tenía con el pueblo.

El hecho ocurrió en los años 20.

El escenario fue una humilde casita de una finca sanjuanina, habitada por Zoilo, el encargado de la propiedad y su mujer.

Cuando ya Zoilo había salido para atender el riego, llegó un médico sanitarista.

La mujer lo atendió y el hombre le explicó cómo tenía que actuar para evitar enfermedades.

-Señora, es importante que hierva las verduras antes de comerlas, lo mismo que el agua que va a beber. Debe evitar que las moscas entren en su casa pues transmiten enfermedades. Para eso debe barrer todos los días y colocar una cortina en la puerta…

En fin, los consejos que da un sanitarista.

Se fue el hombre y como a la hora viene de visita Federico Cantoni.

-¿Cómo te va Pura? ¿Y el Zoilo pa ande anda?

-Anda para el surco, don Federico.

-¿Y esos huevos que tenís ahí?

-Los pensaba preparar para el almuerzo…

-¿Por qué no me hacés un par de huevos fritos? Tengo hambre.

La mujer, halagada, frió los huevos y se los acercó al caudillo, en un plato junto a un pedazo de pan casero.

Al mediodía volvió Zoilo y el comentario de la mujer fue este.

-Sabís que anduvo por acá un medico y cómo son de prepotentes estos doctores… Me dijo que no podía ser que hubiera tantas moscas, que no barriera o que tuviera todo sucio… En cambio después vino don Federico Cantoni y se comió dos huevos fritos en esta misma mesa. ¡Y con mucho gusto!

Cantoni conocía perfectamente a la gente de pueblo y sabía que valoraban más que les comiera parte del almuerzo a que les dieran consejos para cuidar la salud.

Fuentes: Ursulina Cantoni, Ivelice Falcioni de Bravo, Leopoldo Bravo, familia de Juan Estrella, Aldo Graffigna Cantoni, Daniel Arias, Susana Ramella de Jefferies a través de su libro El radicalismo bloquista.