• 12 noviembre, 2022

William Sill: “Estos escritos sólo podrán publicarse después de mi muerte”

William Sill: “Estos escritos sólo podrán publicarse después de mi muerte”

Por: Juan Carlos Bataller

En los años 90 conversé muchas veces con William Sill.

El tema principal siempre era Ischigualasto.

Compartíamos conceptos sobre ese fantástico sitio y también la bronca de que los sanjuaninos no supiéramos sacarle provecho turístico a un lugar único en el mundo.

Incluso, en 1.998 habíamos compartido con William, Atilio Boggian, Saúl Saidel y funcionarios del gobierno de ese momento un viaje a Los Angeles con un objetivo preciso: contactarnos con empresas que se especializaban en la planificación de parques temáticos internacionales. Fue en aquel viaje que surgió la idea del Eco Park.

Quiso la casualidad que durante los días que permanecimos en California me tocara compartir habitación con William.

En largas charlas fue mucho lo que aprendí de aquel hombre multifacético que si bien era famoso como paleontólogo y docente universitario, se apasionaba por otros temas que nada tenían que ver con la ciencia.

En 1963, William Sill participó en los actos masivos que realizaba Martin Luther King.
El hombre religioso. William Sill era patriarca de la Iglesia de Jesucristo de los últimos días. Una de las copias del “Journal of the Military Dictatorship” fue depositada entre directivos de la Iglesia Mormona.

Así me enteré que había nacido en un pequeño pueblo en el desierto de Nevada, que con el tiempo Ilegaría a ser visitado por 37 millones de turistas cada año, Las Vegas.

Supe también que había servido seis años en el ejército de los Estados Unidos, entrenado como comando y avanzado suboficial.

Me contó, además, que fue aviador comercial en exploración para uranio y transporte de pasajeros y cargas en aviones de la segunda guerra mundial.

Y como si estas historias fueran poca cosa, recibido de geólogo en la Universidad de Brigham Young, un día vino a la Argentina como misionero mormón y entró a trabajar en YPF en Luján de Cuyo.

Fue así como conoció a su “sanjuanina del alma”, la albardonera Nélida Salinas, con quien formó un hogar que le dio cuatro hijos y doce nietos.

Vuelto a los Estados Unidos cursó estudios avanzados, becado por la Universidad de Harvard, donde recibió el master y el doctorado en Geología y Biología, con especialidad en paleontología de vertebrados.

Continuó su especialización en Inglaterra, Alemania, Israel, Egipto y Sudáfrica, a la vez que realizaba expediciones en Kenya, Venezuela y Brasil. Tras esto se instaló nuevamente en los Estados Unidos como profesor e investigador en la Universidad de Yale, donde también sirvió como asesor de Parques Nacionales para creación de zonas protegidas en los Estados Unidos.

Pero igual que una albardonera se le metió en el alma, un lugar le daría otro sentido a su vida: el Valle de la Luna.

William con Nélida Salinas, su esposa, el día de su boda.

Sí, el destino estaba escrito que William tenía que volver a San Juan. Y lo hizo en 1969.

Renunció como profesor de la prestigiosa Universidad de Yale y se quedó en nuestra provincia como profesor de paleontología en la Universidad Nacional de Cuyo primero y en la de San Juan después.

Muchas fueron las cosas que charlamos aquellos días con Sill. Recuerdo que tan asombrado estaba yo por lo mucho que él había vivido que en una de nuestras conversaciones le dije:

—Pero… ¿hay algo que no hayas hecho, William?

Y la respuesta del paleontólogo quedó como un gran signo de interrogación en la noche californiana:

—Uhhh… Hay otras cosas que muy pocos saben y que algún día te contaré.

Pasó el tiempo y William peleó como un león para que el Parque lschigualasto —su parque— fuera declarado Patrimonio de la Humanidad.

La nominación la presentó en 1.999 en Paris, ante el comité de Patrimonio Mundial. Y el 2 de diciembre de 2.000 logró la designación por unanimidad a pesar de que hubo una objeción por considerar que el gobierno de San Juan no tenía la competencia suficiente para administrar un sitio de importancia universal. Su prestigio pudo más que la fama de nuestros gobernantes…

Durante el 2.001 y el 2.002 vino varias veces por El Nuevo Diario.

Ischigualasto siempre estaba presente.

—En el Banco Mundial hay dispuesto un subsidio de 1.200.000 dólares para construir el Centro de Interpretación en lschigualasto y hay 25 millones de dólares a muy bajo interés para los sanjuaninos y riojanos que quieran invertir en el desarrollo turístico de Talampaya y el Valle de la Luna. Inmediatamente haya un acuerdo de la Argentina con el FMI, los créditos se liberan. ¿Te imaginas lo que se puede hacer con ese dinero?

Esta fotografía fue tomada en los últimos tiempos que el famoso paleontólogo William Sill vivió en San Juan. El investigador a quien se le debe la declaración de Ischigualasto como área protegida así como su consideración como Patrimonio de la Humanidad, se movilizaba en los últimos años en un cuatriciclo. Le costaba caminar por las secuelas de un accidente cuando se desbarrancó la mula que montaba y cayó en una pendiente de más de cien metros en Ischigualasto.

Otro día venía en su cuatriciclo –ya casi no podía caminar— y en medio de la descomunal crisis que vivía la Argentina en aquellos días nos decía entusiasmado:

—El 75 por ciento de los sanjuaninos puede llegar a vivir del turismo si transformamos Ischigualasto en un parque ecológico protegido, con la infraestructura adecuada. Pero así de poco nos sirve. ¿Vos sabés que el turismo de este tipo gasta tres veces más que el turismo normal? El gran drama es que la gente viene pero no tiene en qué gastar…

Llegó fines del 2.002 y en una de sus tantas visitas, mientras nos servían un café y como para no cambiar de tema le lancé una pregunta:

—¿Crees que algún día se concretará el sueño de un lschigualasto turístico?

—Yo siempre soy optimista. Si sin hacer nada crece cada año el número de visitantes extranjeros… ¿te imaginas cuando se hagan las inversiones necesarias?

William sonrió y dijo:

—Pero hoy no vengo a hablar de Ischigualasto. Te quiero anticipar que dentro de unos meses me voy de San Juan.

William Sill el día que vino a despedirse.

—¿Pero volverás?

—Hace 33 años que estoy ligado a Ischigualasto. Y ya se me hace imposible ir por mi estado físico. Con mi mujer vamos a radicarnos en los Estados Unidos y veremos si se encuentra algo que pueda devolverme la movilidad que rápidamente estoy perdiendo.

El anuncio me tomó de sorpresa.

De pronto, aquella canción de Alberto Cortez, Cuando un amigo se va, adquiría un significado mucho más profundo. Pero William me tenía reservada otra sorpresa.

—Recuerdas aquella noche en Los Angeles cuando me preguntaste qué no había hecho y te contesté que algún día te contaría.

—Sí, claro que me acuerdo.

—Bueno, la respuesta está en estas hojas.

Y Sill me pasó un paquete en papel madera atado con una piola.

—¿Puedo abrirlo?

—Sí, por supuesto. Pero el contenido sólo podrás divulgarlo después que yo muera. No quiero ser parte de juicios ni investigaciones.

Abrí el paquete y había 30 hojas manuscritas en inglés, con un título muy sugestivo

“Journal of the military dictatorship – 1.976—1.979”

—¿Y esto?

—¿Viste la película “La lista de Schindler”?

—Sí, claro que la vi.

—Bien, yo he sido una especie de Schindler en San Juan durante los peores años de la dictadura. Pude ayudar a que muchos jóvenes, algunos alumnos míos, se salvaran de una muerte segura. De aquellos tiempos quedaron estos escritos. Te los quiero entregar como periodista y amigo. Pero te reitero: quiero que lo publiques sólo después que yo muera. El momento lo dejo librado a tu elección.

Antes de viajar a los Estados Unidos donde moriría, el paleontólogo William Sill dejó algunas copias de un diario que llevó durante la dictadura militar en el que relataba hechos en los cuales fue protagonista o recibió información de primera mano. Una de estas copias la entregó a Juan Carlos Bataller para que fuera publicada después de su muerte. En su edición del viernes 1 de agosto de 2008, el semanario El Nuevo Diario cumplió con el pedido que formulara el científico. Este es el trabajo publicado. (VER EL TEXTO COMPLETO EN EL VINCULO SAN JUAN AL MUNDO)

San Juan al Mundo

El “Diario de la dictadura militar —1976—1979” fue traducido por mi nuera, Laura Inés Clavijo, y estuvo
guardado hasta que llegó el momento de cumplir con la palabra empeñada: en la edición de El nuevo diario del viernes 1 de agosto de 2008.

Esta es la otra faceta de William, la faceta secreta, la que muy pocos conocían, la que yo conocí sólo el día que me entregó los escritos, la que se ocultaba detrás del profesor, el paleontólogo, el aviador, el misionero mormón, el hombre que le entregó su corazón a San Juan y a Ischigualasto.

Juan Carlos Bataller en el Seminario Sudamericano realizado en Buenos Aires, donde habló sobre William Sill.
Jorge Comas en Ischigualasto junto al entonces gobernador José Luis Gioja y al secretario de Turismo Dante Elizondo y a Juan Carlos Salica.

“SILL ME SALVÓ”

Oscar Jorge Comas Rodríguez fue vicerrector de la Universidad Autónoma de México. Es sanjuanino, estuvo detenido durante la dictadura y si William Sill no realizaba gestiones para sacarlo del país a fines de la década del setenta, es muy probable que Comas hoy sería un nombre más en la lista de desaparecidos.
Comas conoció en la Universidad Nacional de San Juan a Sill mientras estudiaba Ciencias Geológicas. En México se doctoró en Educación además de ser maestro en Ciencias en Biología y Geología. Además de una extensa trayectoria universitaria, Comas fue fundador del Museo de Paleontología y Geología de la Facultad de Ciencias de la UNAM y del Laboratorio de Geología y Limnología de la UAM. Cofundador de la revista indexada Hidrobiológica (UAM) y del Primer Doctorado en Ciencias Biológicas.
Es autor y coautor de libros así como de artículos especializados de investigación en Geología, Paleontología y Educación Superior.
Comas estuvo en San Juan hace algunos años para participar de la ceremonia en la que se dejaron las cenizas del corazón de William Sill en Ischigualasto. Y se emocionó al recordar al profesor que evitó que los militares lo mataran:
-Cuando salimos en esa época de la cárcel, me contacté con Sill en Buenos Aires y él me ayudó a salir dentro de un grupo de misioneros mormones, aprovechando que daba el tipo. Me puso en el barco acompañado por compañeros de la Iglesia mormona, rumbo a Colonia, Uruguay. Ya fuera del país, junto a otra persona me ayudó que llegara a la frontera con Brasil y de ahí a San Pablo a refugiarme en las oficinas de las Naciones Unidas donde recibí protección. En ese momento éramos varios los que salíamos y siempre William, con su solidaridad, me salvó la vida y nos apoyó a todos en una época en donde la injusticia era una característica en la Argentina. Creo que todos la tenemos que recordar y también olvidar para reconstruir una Argentina mejor.

En el Museo de Ciencias Naturales se colocó una placa en homenaje del científico. En la foto, la esposa de William Sill, Nélida Salinas, junto al gobernador José Luis Gioja y el vicegobernador Rubén Uñac.

Las cenizas del corazón

—Mi deseo es que las cenizas de mi corazón queden en Ischigualasto— le dijo William Sill a su hijo en una de las últimas oportunidades en la que pudieron hablar antes que el Alzheimer afectara al paleontólogo. Y no fue fácil para William hijo cumplir con la voluntad paterna. Debió buscar una médica que estuviese dispuesta a operar a Sill cuando falleció para extraer el corazón en un procedimiento similar al que se realiza en caso de donaciones de órganos. Y después Sill tuvo que realizar varios trámites para que le autorizaran arribar a la provincia con la urna y las cenizas del corazón del científico.

En la ceremonia en el Valle de la Luna estuvieron presentes el hijo y la esposa de Sill además del gobernador, el secretario de Turismo y visitantes que recorrian el lugar. Con la música interpretada por el grupo de cámara Opus 7, el sueño de Sill se cumplió y su corazón encontró su morada final en el lugar que más amó, junto a sus fósiles. Detrás del Centro de Interpretación una lápida recuerda al paleontólogo y geólogo que por sus investigaciones y amor al lugar más hizo por difundirlo y porque se resaltara su valor científico.

Otro homenaje, organizado por la Universidad Nacional de San Juan, se realizó en el Museo de Ciencias Naturales. Durante el acto, el arquitecto Héctor Muñoz Daract ofreció detalles del edificio del Centro de Interpretación que se realizará en el parque Ischigualasto y que llevará el nombre del destacado científico.

El centro tendrá como elemento sobresaliente una cúpula vidriada y una cubierta de un material resistente a las radiaciones ultravioletas y los vientos de reciente aplicación en construcciones de Europa y Estados Unidos. Y se podrá observar el trabajo de los paleontólogos.

Además se presentó en sociedad el Sillosuchus longicervix, el animal prehistórico que fue bautizado de esa forma en honor a Sill.