• 21/09/2025

Salvoconducto

Salvoconducto

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

En la céntrica avenida ahora devenida en confitería al aire libre, había bastante gente consumiendo y disfrutando. Desde lejos, se veía una mesita algo aislada de las otras. Allí estaba displicentemente sentado alguien que, con su barba desprolija, casi dormitaba. Su mesa la poblaban una guapa cerveza a medio camino, varias cajitas con hilos de colores, broches, agujas y cosas por el estilo y un libro, grande y ajado y muy trajinado. Al pasar cerca, no pude más que preguntarle qué era aquel libro y me dijo que era una biblia. Que estaba tan maltratada porque hacía mucho tiempo que lo acompañaba. ¿Es muy creyente?, pregunté. No, pero debo salir a vender si no, no tengo plata; y sin plata, no tengo birra; y sin birra, me doy cuenta de todo. ¿Y la Biblia? Allí dice que Dios perdonará nuestros errores o equívocos. Mire, por eso está gastada la hoja donde leí que nos perdona. Es lo único que he leído, y me alcanza, porque todos los días cometo algún desliz; entonces, cuando me despejo, leo aquello y me quedo más tranquilo. ¿Y si ese día no junta para la cerveza? No como nada pero la birra es un mandato de él. ¿No tiene miedo que se le pierda la biblia? Ya ha pasado las mil y una y allí la tiene, mal trecha, pero me ayuda y acompaña.

Filosofía de creer en lo necesario para seguir, no más. Casi, es una enseñanza.