- 30/11/2025
Relojeando


Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Por diversos motivos se me juntaron tres relojes compartiendo una pared. Hacen lo que quieren: a veces alguno comienza a remolonear y los otros le ganan. Debe ser que la pila se le está gastando, porque los otros no pueden andar más rápido. Lo dejo, pero lo sigo relojeando por si le da un ACV.
Espero, entonces, a que se gasten más las pilas de los tres para ir a comprar una sola vez. Mientras tanto, miro cuál le gana a los otros. No soy de hacer distingos y los quiero a los tres igual, aunque alguno sea más pituco.
Nunca tuve en claro por qué los tengo a los tres andando sobre la misma pared y observando sus andanzas. Cuando están diferentes, no sé si están peleados o si alguno es más vago que otro. Otras veces se me ocurre que se entienden entre ellos con el diminuto ruido que hacen los segunderos, parecido al antiguo tic-tac que nos acompañaba en el pulso de la muñeca. Nada que ver con aquel péndulo del reloj de mi abuelita.
Hay uno que se diferencia porque no tiene la aguja del segundero, aunque igual hace su latido; solo que es más discreto y no anda luciendo tantas agujas. En uno de los que sí tienen segundero, la aguja anda a los saltos y parece histérica, y en el otro es menos nerviosa y camina suave: es más amable. Además, ¿para qué tantos saltos si van a llegar a la misma hora?
Estoy pensando en sumar uno o dos relojes más, porque con algo tan insólito me aburro menos que con Internet y me hace funcionar las neuronas.
