• 15/03/2026

Recreo

Recreo

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

Era un bruto y largo atolladero de autos que parecía no tener fin, por más tiempo que pasaba. Se alteraban los nervios, exaltaban los ánimos y llegaba a alterar al más  calmo ​y paciente. 

Cuadras y cuadras  de coches que pretendían adelantarse uno al otro y que, al  final, conseguían atascar más todo. Malas palabras, gritos y gestos en los que todos perdíamos la calma y nada se ganaba. Así, subía la presión y todos mirábamos para todos lados buscando algún  escape, pero nada.

​Justamente, mirando a un costado, vi una  mujer que gesticulaba, casi exageradamente dentro de su auto. La miré varias veces, y reía cada vez más llamativamente. Hasta que entendí que cantaba y que, cada tanto, se acompañaba tamborileando el volante y se la veía muerta de gusto.

Gracias a una frenada imprevista, pude ver que, en el asiento de atrás, había  tres niños que reían y cantaban junto con ella. Así pasaban entretenidos y sin  irritarse los mismos minutos que a todos nosotros nos atormentaban.

Era una postal joven y alegre que nos enseñaba, una vez más, que está en uno saber cómo transitar los tiempos de  esta vida. Ninguno podía solucionar semejante atolladero y, sin embargo, hubo  quien encontró cómo transformarlo en un hermoso recreo.     

No echó culpas, ni enojó a nadie. Simplemente nos sacó un largo rato de ventaja a todos los demás. Se llevó a su casa, a los chicos alegres y un tiempo bien disfrutado.