- 10/08/2025
Postal

POR GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Casi de noche de frío invierno. Los negocios están cerrando ; algunos bajan persianas y otros limpian locales y veredas. Muy poca gente andando y todos con apuro para llegar a casa calentitos. Tengo que atravesar toda la peatonal de punta a punta. También apuro el paso, mientras comienzo a oír una canción que, a lo lejos, canta una chica, casi solitaria en toda la peatonal, ahora deshabitándose del ruido diario. A medida que me acerco a ella, oigo una vieja canción melódica, en inglés, que, no sé si pronuncia bien o mal, no soy entendido, pero me gustó oírla después de mucho tiempo. Seguía con mi paso apurado y, al pasar y mirarla de costado, la vi poseiía por la canción y con las ganas que la cantaba. No para atraer solamente ; a mi me parecía que la sentía. Que ponía ganas aunque estuviera casi sola en aquella noche de solitarias cuadras.
No sé si fue nostalgia o su fervor y vitalidad, pero me detuve a oírla y mirarla. Cantaba con los ojos cerrados y con buena música que era su única compañía. Me acerqué a su supuesta gorra y, al poner lo mío, vi que otros ya habían ayudado, y me alegró.
Cuán poco alcanza para cambiar el ánimo de una fría noche por una cálida nostalgia y para seguir el camino, pensando en las cosas lindas de la vida.
