- 23/11/2025
Por suerte

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Tuve la suerte de nacer y criarme en una familia donde siempre se leyó mucho. Cada cual tenía su lugarcito con algún libro entre las manos. Luego la suerte siguió, porque en la escuela donde hice mis años de primaria todo lo hacíamos siguiendo los libros con los que aprendíamos. A quien, por razones económicas, no podía conseguirlo, la magnífica cooperadora le proveía uno. Esa cooperadora, conducida por madres que sí se ocupaban de los niños, a fin de año regalaba libros, como estímulo, al mejor alumno de cada grado. Por suerte, cada año recibía el mío para ir formando mi incipiente biblioteca.
Ya adolescente, me las ingeniaba para conseguir todos los libros de las distintas materias. Luego vino la facultad, y así seguí sumando y leyendo. De modo que, cuando tenía que ir a algún lugar donde sabía que iba a esperar —un consultorio o una repartición— llevaba un libro que me entretenía ese tiempo. Tanto que, en broma, al llamarme, decían: “Que pase el del libro”.
Por suerte, esa costumbre de leer me acompaña hasta hoy. Eso significa que soy un desubicado que no usa el mundo digital, en especial el omnipresente celular. Sí, lo uso, pero como herramienta de comunicación, no de lectura. Sobre todo, porque no tiene olor a libro ni hojas con las que entretener los dedos, ni el tamaño de una mano amiga. No inspira nostalgia ni alegra aventuras. Sensaciones, dirán… sí, por suerte, sensaciones que no me convida la dura tecnología mezquina.
Es decir que soy un malcriado por los libros… por suerte.
