• 08/08/2026

¿Por qué viven más las mujeres que los hombres?

¿Por qué viven más las mujeres que los hombres?

Ocurre en todos los países y las razas. Aunque la brecha tiende a achicarse, aún hay sitios donde viven hasta 10 años más. En los más desarrollados, es de 3 a 5 años.

Las mujeres viven un promedio de 5 años más que los hombres a nivel global debido a una combinación de factores biológicos, diferencias hormonales y hábitos de estilo de vida.

Para un resumen claro y animado de cómo intervienen la genética y las hormonas en la esperanza de vida:

Factores biológicos y genéticos

Doble cromosoma X: Las mujeres tienen dos cromosomas X (XX), lo que permite que, si un gen falla o tiene una mutación dañina, el otro cromosoma pueda compensarlo. Los hombres tienen un cromosoma X y uno Y (XY).

Protección hormonal: Los estrógenos protegen el sistema cardiovascular de las mujeres durante gran parte de su vida al ayudar a controlar el colesterol bueno.

Sistema inmunitario: Las mujeres suelen tener una respuesta inmunitaria más fuerte ante las infecciones, aunque esto a veces las haga más propensas a desarrollar enfermedades inflamatorias.

Factores de comportamiento y salud

Menor exposición al riesgo: Estadísticamente, los hombres participan con más frecuencia en actividades peligrosas, trabajos de alto riesgo o conductas imprudentes que provocan muertes accidentales.

Hábitos nocivos: Los hombres tienden a fumar, consumir alcohol en exceso y descuidar su alimentación más que las mujeres.

Cuidado médico: Las mujeres acuden al médico con mayor regularidad para hacer revisiones preventivas y piden ayuda médica de forma más temprana cuando sienten síntomas extraños.

Esto ocurre en todas las sociedades

La ventaja en la esperanza de vida de las mujeres ocurre en prácticamente todas las sociedades del mundo, pero el tamaño de esa brecha varía drásticamente según el país, sus condiciones socioeconómicas, el sistema de salud y los factores culturales.

Actualmente, no existe ningún país según la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde los hombres vivan más que las mujeres de forma sostenida. Sin embargo, la diferencia entre ambos sexos fluctúa entre menos de 1 año y más de 11 años dependiendo de la región.

Esta realidad es muy marcada en Europa del Este y la región postsoviética

Rusia y Ucrania: Las mujeres llegan a vivir entre 10 y 11 años más que los hombres.

Lituania, Letonia y Estonia: Registran diferencias de hasta 9 o 10 años.

¿Por qué ocurre? En estas sociedades, los hombres jóvenes y de mediana edad sufren tasas de mortalidad muy altas debido al alto consumo de alcohol y tabaco, accidentes de tráfico, problemas cardiovasculares prematuros y el impacto directo de conflictos armados.

La diferencia se reduce significativamente en algunas zonas de África Occidental y el Sur de Asia.

Naciones en desarrollo: En lugares como Togo o Afganistán, la brecha es mínima (a veces de meses o un año). En décadas pasadas, países como Bangladés o India tenían periodos donde los hombres vivían más.

¿Por qué ocurre? El beneficio biológico de las mujeres se ve contrarrestado por factores de riesgo locales severos, principalmente la alta tasa de mortalidad materna durante el parto, la falta de acceso a salud reproductiva y la desigualdad en el acceso a la nutrición infantil en ciertas culturas.

Se observa en la mayoría de los países con economías desarrolladas y sistemas de salud avanzados.

Ejemplos: En lugares como los Países Bajos, Noruega o Suecia, la diferencia es de apenas 3 a 3.5 años. En España o Japón, ronda los 5 años.

¿Por qué ocurre? Ambos sexos se benefician de una excelente atención médica preventiva. Además, en estos países, los hombres han reducido notablemente el consumo de tabaco y adoptado estilos de vida más saludables en las últimas décadas, cerrando paulatinamente la brecha histórica.

¿Esto fue siempre así?

No, no fue siempre así. La gran brecha en la esperanza de vida a favor de las mujeres es, en gran medida, un fenómeno del siglo XX.

A lo largo de la historia humana, la diferencia de longevidad entre hombres y mujeres era mínima (apenas de 1 o 2 años) e incluso, en ciertas épocas y regiones preindustriales, los hombres llegaban a vivir más que las mujeres.

La brecha comenzó a abrirse de forma drástica a partir de finales del siglo XIX y se consolidó a mediados del siglo XX por motivos históricos muy claros:

Antes de la medicina moderna, el beneficio biológico y genético de las mujeres quedaba completamente anulado por el peligro de la reproducción:

El riesgo del parto: En las sociedades agrícolas y preindustriales, las mujeres tenían un promedio de 6 a 8 hijos. La falta de higiene, las hemorragias y las infecciones posparto (fiebre puerperal) hacían que dar a luz fuera una de las causas principales de muerte.

Desigualdad nutricional: En épocas de escasez extrema, muchas culturas priorizaban la alimentación de los hombres por realizar trabajos físicos o militares, dejando a las mujeres y niñas más vulnerables a desnutrición y enfermedades.

A finales del siglo XIX y principios del XX, la brecha a favor de las mujeres empezó a expandirse exponencialmente debido a dos avances:

Medicina y obstetricia: La invención de los antibióticos, la mejora de las condiciones de higiene en los hospitales y el acceso a cuidados ginecológicos redujeron drásticamente la mortalidad materna.

Control de enfermedades infecciosas: Al reducirse las muertes por tuberculosis, cólera o malaria (que afectaban a ambos sexos por igual), empezaron a relucir las muertes por enfermedades crónicas de la vejez (como las cardiovasculares), donde la biología femenina tiene ventajas hormonales.

De acuerdo con análisis históricos de plataformas como Our World in Data, el factor que disparó la brecha hasta los 7 u 8 años en la segunda mitad del siglo XX fue el tabaco.

Durante décadas, fumar fue un hábito casi exclusivamente masculino y masivo.

Esto provocó una oleada masiva y prematura de paros cardíacos, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón en hombres de mediana edad, ampliando la distancia con las mujeres de forma artificial.

¿Cuál es la tendencia actual?

En las últimas tres décadas, la brecha ha comenzado a cerrarse lentamente en los países desarrollados. Esto no ocurre porque las mujeres vivan menos, sino porque los hombres han adoptado mejores hábitos: fuman menos que el siglo pasado, trabajan en entornos industriales mucho más seguros y la medicina cardiovascular ha avanzado enormemente, rescatando a miles de hombres de infartos prematuros.