- 11/07/2026
Pompeya por dentro
Cómo era la ciudad que el Vesubio sepultó
Las ruinas de Pompeya son uno de los sitios arqueológicos más visitados del mundo. En un recorrido se pueden apreciar edificaciones y espacios tan cotidianos como sorprendentes:
Pompeya es una antigua ciudad del Imperio Romano, ubicada cerca de la actual Nápoles (Italia). En el año 79 d.C., quedó sepultada bajo metros de ceniza tras la erupción del volcán Vesubio. Esta tragedia conservó la ciudad intacta durante siglos, convirtiéndola en un yacimiento arqueológico que permite conocer la vida cotidiana de la época.
En el año 79 d.C., Pompeya era una ciudad próspera con aproximadamente 10.000 a 20.000 habitantes. El 24 de agosto de ese año, el Monte Vesubio entró en una erupción violenta e inesperada.

Una lluvia de cenizas y piedra pómez cubrió la ciudad, obligando a muchos a huir o refugiarse. Poco después, olas letales de gases tóxicos y altas temperaturas (flujos piroclásticos) acabaron con la vida de los residentes.
La ciudad fue sepultada bajo unos 6 metros de material volcánico, lo que irónicamente la protegió de la erosión y el saqueo.
Eso posibilitó conocer detalles que ayudan a comprender aspectos de la vida en ese lugar.
Digamos que la vida en Pompeya antes de la erupción del año 79 d.C. era vibrante, ruidosa y muy avanzada para su época. Al ser una ciudad portuaria y comercial próspera, combinaba el lujo de las clases altas con el bullicio de los mercaderes y esclavos.
Aquí te detallo cómo era el día a día de sus habitantes:
La estructura social estaba fuertemente dividida, lo que se reflejaba directamente en las calles y en los hogares.
Los Patricios: Ciudadanos ricos que vivían en grandes domus (casas unifamiliares) con patios internos, fuentes y paredes decoradas con lujosos frescos.
La Plebe y Esclavos: Los ciudadanos comunes vivían en insulae (bloques de apartamentos de alquiler) de varios pisos, a menudo construidos con materiales ligeros y propensos a incendios.
Comercio en casa: Era muy común que la fachada de las casas aristocráticas se alquilara para tiendas o talleres (tabernae), mezclando el lujo con el comercio callejero.
Los pompeyanos no solían cocinar mucho en casa, especialmente las clases bajas, debido al riesgo de incendios en los apartamentos.
Los Termopolios eran los «restaurantes de comida rápida» de la antigüedad. Tenían mostradores de mampostería con vasijas incrustadas (dolia) donde se servía comida caliente y vino. Se han descubierto unos 150 en la ciudad.

Consumían mucho pan, aceitunas, higos, queso, pescado y el famoso garum (una salsa de pescado fermentado muy popular).
Además, se bebía grandes cantidades de vino, pero casi siempre mezclado con agua, miel o especias, ya que el vino puro se consideraba propio de bárbaros.
Pompeya era un motor económico en la región de Campania debido a su suelo volcánico fértil y su puerto.
La ciudad era famosa por su industria de la lana. Las lavanderías y tintorerías utilizaban orina humana (recolectada en ánforas en las esquinas de las calles) como agente blanqueador por su contenido de amoníaco.
El mercado central era un lugar ruidoso donde se vendía pescado fresco, carne y verduras de las granjas cercanas al Vesubio.
Las termas de Pompeya
Los pompeyanos de todas las clases sociales acudían a diario a los baños públicos para asearse, hacer negocios, hacer ejercicio y socializar. Contaban con agua fría, templada y caliente gracias a un avanzado sistema de calefacción subterráneo.
El baño público era accesible para todos, incluyendo las mujeres, los niños y las clases bajas. Para gestionar la presencia de hombres y mujeres, los baños contaban con áreas separadas (como en el caso de las Termas Suburbanas) o aplicaban un sistema de horarios donde las mujeres tenían las instalaciones para ellas solas durante ciertas horas del día.
En las termas mixtas, los hombres y las mujeres se bañaban juntos en las mismas áreas, lo cual provocó que emperadores posteriores emitieran edictos para prohibir esta práctica. Los niños también eran bienvenidos y frecuentaban estos espacios públicos que funcionaban como centros de socialización, bienestar y esparcimiento.
Los menores acompañaban habitualmente a sus madres o nodrizas a la sección femenina durante sus primeros años de vida. Los arqueólogos han corroborado su presencia constante en estos recintos gracias al hallazgo de juguetes cotidianos, dientes de leche e incluso dibujos infantiles grabados con carbón en las paredes de salas de espera como las Termas de Sarno.
Las termas eróticas que escandalizaron a los arqueólogos
Las «termas eróticas» es el nombre popular con el que se conoce a las Termas Suburbanas de Pompeya, llamadas así por los famosos y explícitos frescos de contenido sexual descubiertos en su vestuario
Este complejo privado se ubicaba justo fuera de las murallas de la ciudad, junto a la Puerta Marina, y servía como un moderno centro de ocio costero de la época.
En los muros del vestuario se conservan ocho paneles pintados (originalmente eran dieciséis) que muestran una amplia variedad de actos y posturas sexuales, incluyendo tríos y relaciones lésbicas, prácticas que desafiaban la moral romana tradicional.
Al ser unas termas privadas frecuentadas por marineros y comerciantes que desembarcaban en el puerto, se sospecha que en el piso superior operaba un lupanar (prostíbulo ilegal) y que las pinturas funcionaban como un menú visual de servicios disponibles.
A diferencia de las termas públicas estatales de Pompeya, las Suburbanas rompían el molde tradicional en varios aspectos:
Sin distinción de sexo: Hombres y mujeres compartían las mismas salas de baño y el mismo vestuario al mismo tiempo, algo muy inusual para la época.
Lujo arquitectónico: A pesar de su reputación, contaban con grandes ventanales con vistas al mar, calefacción avanzada y una espectacular piscina climatizada con cascada artificial.
Las pinturas eróticas escandalizaron a la comunidad arqueológica y al Vaticano cuando salieron a la luz por completo, pero hoy en día están totalmente restauradas y abiertas al público dentro del parque arqueológico.
El Lupanar
La prostitución era legal y regulada. El burdel más famoso de la ciudad muestra en sus paredes un «menú» con frescos eróticos que ilustraban los servicios disponibles.
La palabra romana para burdel era lupanar, que significa «guarida de lobas», ya que a la prostituta se la llamaba vulgarmente lupa («loba»), debido a que la creencia popular romana la suponía una hembra promiscua.
Los primeros excavadores pompeyanos, bajo la modestia estricta de la era, pronto clasificaron todo edificio con arte erótico como burdel. Con ese criterio, Pompeya tendría 35 lupanares. Dada una población de unos diez mil habitantes en la Pompeya del siglo I d. C. esto arrojaría la cifra de un burdel por cada 286 personas o 71 varones adultos.
El uso de un estándar más estricto para identificar burdeles dio luego una cifra más realista con nueve establecimientos de una habitación y el Lupanar en VII, 12, 18–20.

Típicamente, los burdeles en este tiempo eran pequeños, con pocas habitaciones. El Lupanar era el mayor de los hallados en Pompeya, con 10 habitaciones.
Como con otros, sus habitaciones tenían muebles sencillos. Un colchón en una plataforma de ladrillo servía de cama.
Se han transcrito 134 grafitis hallados en el Lupanar Grande de Pompeya. La presencia de estos grafitis sirvió como uno de los criterios para identificar el edificio como un burdel.
Ejemplos de grafitis escritos en las paredes del burdel incluyen:
Hic ego puellas multas futui («Aquí follé a muchas chicas»).
Felix bene futuis («Chico afortunado, follas bien»), el halago de una prostituta a su cliente.
Los hombres acomodados generalmente no visitaban burdeles debido a la disponibilidad de amantes o esclavas en casa.
Mujeres de avanzada
Las mujeres en Pompeya gozaban de una libertad e independencia económica inusual en comparación con otras regiones del Imperio Romano. Aunque la ley romana las mantenía bajo la tutela legal de un hombre (padre o esposo), en el día a día pompeyano rompieron barreras y fueron muy activas en la sociedad.
A diferencia de las mujeres de la antigua Grecia, las pompeyanas de clase media y alta podían poseer bienes, comprar tierras y dirigir sus propias empresas.
Documentos históricos revelan que mujeres como Faustilla prestaban dinero con intereses. Otras eran dueñas de grandes fincas y viñedos en las laderas del Vesubio.
Julia Félix fue una de las mujeres más ricas de Pompeya. Tras un gran terremoto en el año 62 d.C., convirtió su enorme propiedad en un complejo comercial privado con baños públicos, tiendas y apartamentos de lujo en alquiler.
Las mujeres tenían prohibido votar y ejercer cargos políticos públicos, pero eso no les impidió tener una fuerte influencia en la vida civil.
Eumaquia fueuna matrona rica que financió el edificio más grande del Foro romano de Pompeya (el Edificio de Eumaquia). Su estatua fue erigida por el gremio de los tintoreros en su honor, demostrando que una mujer podía ser la principal benefactora y figura pública de la ciudad.
El sacerdocio era el único cargo público oficial permitido. Las sacerdotisas de cultos como los de Isis, Ceres o Venus tenían un estatus social altísimo, manejaban presupuestos enormes y presidían ceremonias públicas vitales.
Los dibujos infantiles de gladiadores
En una zona residencial conocida como la «Casa de los Pintores en el Trabajo», se descubrieron grafitis hechos a una altura muy baja en las paredes, lo que confirmó que fueron dibujados por niños pequeños (de entre 5 y 7 años):
Los niños usaron carbón para dibujar detalladamente escenas de combates de gladiadores y cazadores de bestias. Los dibujos muestran a dos gladiadores enfrentándose, un cazador con una lanza persiguiendo animales y siluetas de hombres cayendo al suelo. Este hallazgo demuestra que los niños pompeyanos presenciaban de forma cotidiana la violencia extrema de los juegos del anfiteatro, asimilándola en sus juegos y dibujos diarios, tal como los niños de hoy dibujan superhéroes o personajes de videojuegos.
El ADN desmiente los mitos de los cuerpos
Por más de un siglo, se creyó conocer la historia detrás de varios moldes de yeso basándose en sus posiciones. Sin embargo, estudios recientes de ADN antiguo demostraron que las suposiciones eran erróneas:
La «madre con su hijo»: Un famoso molde muestra a un adulto sosteniendo a un niño en su regazo. El análisis genético reveló que el adulto era en realidad un hombre sin ninguna relación de parentesco con el pequeño.


Las «dos damas abrazadas»: Consideradas históricamente como hermanas o madre e hija en sus últimos momentos, el ADN determinó que al menos uno de los cuerpos pertenecía a un hombre, descartando la teoría original.
Orina como detergente industrial
Uno de los negocios más prósperos de Pompeya eran las fullonicae (lavanderías industriales). Lo inusual era su método de limpieza:
Usaban orina humana concentrada como blanqueador debido a su alto contenido de amoníaco. Había vasijas en las esquinas de las calles para que los transeúntes orinaran, sirviendo como centros de recolección pública.
Los esclavos pasaban horas pisando la ropa sumergida en tanques llenos de orina para eliminar las manchas de grasa de las túnicas de lana.
Pan de 2.000 años con la firma del panadero
En las excavaciones se han encontrado cerca de 80 hogazas de pan completamente carbonizadas pero intactas.
Este pan de masa madre (conocido como panis quadratus) mantiene su forma redonda original dividida en ocho secciones. Lo más increíble es que algunos conservan el sello grabado en la masa por el panadero («Propiedad de Celer, esclavo de Quinto Grani Vericundo»), una medida de control de calidad exigida por la ley romana para evitar fraudes en el peso.
Foros de discusión en grafitis callejeros
Los grafitis de Pompeya funcionaban exactamente igual que los hilos de comentarios de las redes sociales modernas. La gente respondía directamente sobre los escritos de otros en las paredes:
En un muro alguien se quejó de la comida de una taberna, a lo que el dueño respondió pintando encima una burla hacia el cliente. Incluso abundaban las parodias literarias. Un ciudadano modificó el famoso inicio de la Eneida de Virgilio («Canto a las armas y al hombre») para escribir en su lugar: «Canto a las lavanderías y a la lechuza».
Calles elevadas para evitar la basura
Pompeya tenía un sistema de urbanismo muy avanzado pero adaptado a calles muy sucias. Las vías tenían piedras gigantes que sobresalían a modo de «puente peatonal».
Esto permitía a los pompeyanos cruzar la calle sin pisar el agua helada, el barro o los desperdicios que corrían libremente por el suelo.
Las piedras estaban perfectamente espaciadas para que las ruedas de las carretas de caballos pudieran pasar justo por los huecos entre ellas, funcionando como un control de tráfico antiguo.
El día de la destrucción podría estar equivocado
Históricamente se fijó la fecha de la erupción el 24 de agosto del 79 d.C. basándose en las cartas de Plinio el Joven. No obstante, hallazgos arqueológicos recientes sugieren que ocurrió dos meses después, el 24 de octubre:
Se descubrieron restos de frutas típicamente otoñales (como castañas, higos secos y granadas) y braseros encendidos en las casas.
El hallazgo definitivo fue un grafiti escrito con carbón por un obrero en una pared con la fecha del «17 de octubre», un material efímero que jamás habría sobrevivido si la ciudad se hubiera sepultado en agosto.
La misteriosa «Habitación Azul» (Sacrarium)
Descubierta recientemente durante las excavaciones del proyecto Regio IX, esta sala ha dejado boquiabiertos a los arqueólogos por su color y su función:
El azul era el pigmento más caro de la antigüedad (se importaba y requería procesos complejos). En Pompeya, las paredes azules solo se encontraban en espacios de altísimo estatus.

La habitación funcionaba como un sacrarium, un santuario privado para rituales religiosos y el almacenamiento de objetos sagrados, con gran delicadeza que representan a las Horas (las estaciones del año) y alegorías de la agricultura y el pastoreo.
En su interior se hallaron ánforas de bronce, herramientas de hierro y conchas marinas que formaban parte de las ofrendas rituales cotidianas de los dueños de la casa.
La Tumba de Marcus Venerius Secundio
Este descubrimiento rompió con todas las expectativas científicas sobre la conservación de tejidos orgánicos en tumbas romanas previas a la erupción:
En la necrópolis de Porta Sarno se halló el esqueleto de un hombre en un estado de preservación único. Se conservaron restos de cabello blanco, parte de una oreja y fragmentos de tela (lino). Es uno de los cuerpos mejor preservados de todo el Imperio Romano.

Marcus Venerius fue un esclavo que logró comprar su libertad (liberto) y escalar socialmente hasta convertirse en un rico custodio del templo de Venus. La inscripción de su tumba menciona que organizaba espectáculos de teatro en griego y latín. Es la primera prueba arqueológica directa de que en Pompeya el griego se utilizaba activamente como idioma cultural y de entretenimiento para el público general.

El «Carro de Bodas» de Civita Giuliana
A solo 700 metros al norte de las murallas de Pompeya, en una lujosa villa suburbana llamada Civita Giuliana, los arqueólogos realizaron uno de los hallazgos más espectaculares de la década:
Se descubrió un gran carro ceremonial de cuatro ruedas (pilentum) prácticamente intacto. Conservaba sus componentes de hierro, paneles de madera pintados de rojo y sofisticadas decoraciones de bronce, plata y estaño.
Los adornos del carro incluyen detallados medallones con relieves de sátiros, ninfas y cupidos, vinculados directamente con símbolos de fertilidad y amor. Por ello, los expertos determinaron que se usaba para eventos de la alta sociedad, muy probablemente para transportar a la novia a su nueva casa en los rituales de boda.
El Anfiteatro de Pompeya es uno de los más antiguos que se conservan de piedra. Allí la población se congregaba para ver sangrientas luchas de gladiadores y cacerías de animales.



















