- 03/10/2026
Pedile a San Antonio que te mande un novio…

Hace unos 30 años, nuestro querido Sergio Denis nos decía en su canción como era el ritual de conseguir pareja en esos tiempos. Con versos dedicados a prepararse para ir a misa, evitar pañuelos escandalizados y dar un paseo por la plaza para las miradas de los domingos, de los potenciales candidatos.
Está visto que elegir pareja a lo largo de la historia, no ha sido algo fácil ni orgánico. Tiene apariencia a que casi siempre ha sido una gesta, algo que cuando no nace desde el impulso, ha sido forzado y con una larga lista de requisitos a cumplir para ser elegido y para elegir.
El criterio para elegir pareja ha mutado profundamente a lo largo del tiempo, pasando de ser un acuerdo pragmático e institucional a una búsqueda centrada en la autonomía individual, la compatibilidad afectiva y la realización personal.
Antes, en el paradigma tradicional (Social, económico e institucional), en la antigüedad, lo que se buscaba era la protección de la prole, los hijos, la familia y su subsistencia. El sistema de dote era lo más común para evaluar la conveniencia de la aceptación de una unión. Era un conjunto de bienes, dinero o propiedades que la familia de la novia entrega al novio o al nuevo matrimonio al celebrarse una boda. Porque la búsqueda de una pareja en esos tiempos, era directamente la búsqueda de una familia. La pareja estaba llamada a un solo fin, que era casarse, tener hijos y permanecer juntos para siempre. Hoy el criterio de búsqueda de pareja, es un cristal que mide una compañía para un tramo de la vida, sin aspiraciones del para siempre.
Durante décadas, la elección de pareja no respondía a un ideal romántico, sino a la estabilidad del núcleo social y económico. Patrimonio y estatus socioeconómico: La alianza matrimonial funcionaba como un mecanismo de preservación o ascenso de capital económico y social. Se evaluaba la posición de la familia de origen, la capacidad de sostén financiero (en el hombre) y la administración del hogar (en la mujer). La aprobación familiar y comunitaria era necesaria. La decisión rara vez era individual; contaba con el filtro explícito de la familia y el entorno social inmediato. Las virtudes morales, la alineación religiosa y la «buena reputación» de la persona y su familia resultaban determinantes.
En la sociedad actual, impulsada por la autonomía individual, la inserción laboral independiente y la deconstrucción de mandatos, los parámetros se han desplazado hacia la esfera íntima y reflexiva. Se busca una inteligencia emocional, la capacidad de comunicación, la empatía y la ausencia de patrones «tóxicos», después de pasar por lo meramente físico. Esto que tanto se nos encaja por las redes sociales, de rotular como tóxico al otro, o narcisista, o manipulador, se ha vuelto parte de la jerga para hablar de parejas. Se valora que la persona trabaje en su propio desarrollo personal más que en lo conjunto en dirección a un proyecto en común.
Se busca una inteligencia emocional, la capacidad de comunicación, la empatía y la ausencia de patrones «tóxicos», después de pasar por lo meramente físico.
Más que la clase social o la aprobación familiar, hoy, cobra relevancia coincidir en posturas ideológicas, éticas, estilo de vida y decisiones clave (como la paternidad/maternidad o el manejo del tiempo libre).
La atracción no se mide únicamente en términos de apariencia física o estatus, sino en la complicidad, el sentido del humor compartido y la estimulación recíproca. Aunque la cuestión de lo corpóreo, no es menos importante hoy. Atravesamos una era donde el cuerpo, es tomado como un objeto de atracción, de deseo que sostiene una parte fundamental de la pareja, el sexo.
Sexualmente ya no hay casi una mirada de conexión espiritual o un ritual de intimidad sagrada. Está afectada a algo más pasajero y de consumo con mirada a un espacio abierto de personas que se experimentan entre sí. El cuerpo real y el sexo real están siendo afectados a una exigencia de un ideal. Rendimiento atlético en la intimidad y un cuerpo que aparente mucho menos de la edad real que se tiene.
¿Qué actividades se hacen hoy para conseguir pareja? ¿Dónde se busca? ¿Qué niveles de compromiso esperar?
Afortunadamente ya no se divide por rango etario porque hay lugares para todas las edades y sectores sociales en el mismo rubro, desde boliches, bares, app de citas etc. Todos buscan en los mismos lugares. Hay que destacar que presentar a alguien ya no es moneda frecuente. Ya no se usa esto de “te presento a un amigo/a que está solo/a”. Porque la casuística indica que casi siempre sale mal. Y los cupidos quedan en el medio como unos malos amigos por no presentar al indicado/a.
Una vez elegido el sujeto por lo estético y si hay aceptación recíproca, se pasa a una intimidad física inmediata porque esa evaluación es previa hoy, para poder avanzar a un vínculo.
Estas dinámicas hoy son una experiencia que empieza con lo estético de rigor, ya que en el boliche, o en la app de citas o en el bar elegido, es un poco colgarse en un gancho como un pedazo de carne en la carnicería y exponerse para ser elegido al mejor comprador. Suena terrible, pero así funciona. De alguna manera lo hemos aceptado y avanzamos por esa línea como sociedad. Desde la foto que ponemos en redes para mostrar un perfil deseable, la ropa que elegimos, etc., todo está vinculado al mensaje que quiero enviar de disponibilidad.
Una vez elegido el sujeto por lo estético y si hay aceptación recíproca, se pasa a una intimidad física inmediata. Porque esa evaluación es previa hoy, para poder avanzar a un vínculo. Tiene que funcionar si o sí para poder ser elegido y elegir al otro, no sea cuestión que nos embarquemos en una relación amorosa donde esa parte no sea como la que se fantasea. Luego de eso, si el resultado es exitoso, vienen los demás requisititos a evaluar. Nunca fueron pocos a lo largo de la historia estos casilleros a tildar de la lista, pero sí fueron cambiando.
La recurrente mirada de que “todo tiempo pasado fue mejor”, está muy en tela de juicio en este punto. Porque antes era muy difícil acceder a conocer a una persona disponible para emparejar. Era todo un evento, una suerte, una casualidad etc. Hoy es algo más del consumo masivo. Quizá sea la falta de compromiso o de seriedad con que se navega en los vínculos lo que hoy no nos hace encontrar comodidad. Pero aquellos amores pasionales de Cubres Borrascosas, o de novelas de Amor en los Tiempos de Cólera, con esa intensidad, no son tan fáciles de hallar ¿Será eso una suerte?
Pero lo bueno de todo esto, es que todavía hay lugar para “los salidos de serie”, que buscan a esa persona especial, que no responda a los parámetros pre fijado ni a cuestiones tan superficiales programáticas de eficacia vincular. Todavía hay lugar para los románticos empedernidos. Los que reman en dulce de leche, los que escriben una carta, los que cruzan un océano para ver a su amor…Serán los menos, pero hoy todavía, afortunadamente, se puede morir de amor.-



