- 13/07/2025
olvido

POR GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Una señora mayor iba a retirar del cajero automático del barrio, su jubilación. Acompañada por su nieta adolescente, pasaron primero por la farmacia social para comprar unos remedios. La nieta la acompañaba tomándola del brazo y así le ayudaba a caminar más segura.
Dejaron los remedios arriba del cajero mientras gestionaban con las teclas y la pantalla. Tras un buen rato, consiguieron lo que buscaban y se fueron como vinieron ; despacito. Recién cuando llegaron a casa, se dieron cuenta que por contar los pesitos, se olvidaron el paquetito arriba del cajero. Se molestaron mucho por ser distraídas, porque » primero está la salud y después el dinero», decía la abuela.. Y la menor se reprochaba el apuro por regresar por miedo a que las asaltaran.
La nieta salió de vuelta a buscar los remedios olvidados. Pensaba que ya había pasado bastante tiempo como para que cualquiera se los hubiese llevado. Que hoy primero se agarra lo que sea y luego, al ver que nos sirve, lo tiran en cualquier lado. Tampoco el ticket tiene dirección, como para devolverlo, si alguien quisiera hacerlo. Todo eso y mucho más pensaba mientras apuraba el paso y maldecía el olvido.
Cuando llegó, el lugar estaba lleno de gente y más se incomodó. Recién cuando se dirigió al cajero y vio que el paquetito de la farmacia estaba donde lo dejaron, le volvió el alma al cuerpo. Lo tomó y se lo apretó contra el pecho como agradecimiento. Antes de regresar, lo abrió para ver si estaban aquellas dos cajitas con los remedios para la presión y el colesterol; y había otra con unas pastillas para la memoria . Además, había un papelito que decía : » tomando esto con regularidad, no se olvidará las otras en cualquier lugar, ¡¡ Cuídese !! «.
Como decía mi abuelita, no hay mal que por bien no venga.
