- 20/01/2026
Nostalgia

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Haciendo orden y limpieza, encontré una bolsita con llaves. Esas que uno encuentra y no sabe de qué son y las guarda para cuando hagan falta. Como no quiero guardar nada innecesario, abrí la bolsita y las desparramé sobre la mesa. Me puse a examinar cada una para ver qué eran. Fue como darle cuerda de más a un juguete. Mi cabeza miraba, olía, recordaba y relacionaba tiempos y lugares y, de yapa, oía una linda música de fondo.
A la primera pregunta que me hice cuando ordenaba de para qué servían unas llaves viejas, me respondí que para eso. Para recordar lugares olvidados, personas que ya no están, verjas cambiadas o puertas ignotas que nos obligan a imaginar tiempos y circunstancias. Para eso sirven, para saborear un poco de nostalgia con esos olores y mugres olvidadas. Hoy todo tiende a ser más seguro y no tan rudimentario y elemental como viejas cerraduras o candados hechos en Europa con llaves que imaginábamos de algún castillo, aunque las hubiéramos comprado en la esquina.
Hoy todo es más seguro. Es más impersonal y uniforme; difícilmente un código nos haga sentir más que otro, salvo aquella tarjeta magnética que nos trajimos del hotel de Venecia. Esa es la vía intermedia hacia la nostalgia. El asunto es que tengo cincuenta y cuatro llaves con historia y una sola tarjeta que hace lo imposible para atrapar mi atención.
