- 17/08/2025
MATA HARI

Quién fue realmente la mujer fatal que terminó fusilada en Francia por ser espía alemana durante la primera guerra mundial.
Fue famosa por sus desnudos y sus innumerables amantes. Su vida incluye una familia rota y una hija que nunca pudo recuperar. Pero pasó a la historia como la agente H-21. Sus restos robados y su leyenda se agigantó con películas, series y novelas.


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El poder siempre la había tentado. Cuando sólo era Margaretha Geertruida Zelle, nacida en 1876, la hija del fabricante de sombreros de Leeuwarden, en los Países Bajos, no pudo soportar el divorcio de sus padres, tampoco el segundo matrimonio del padre, ni convertirse en la madre postiza de sus tres hermanos. Dejó su casa y se fue a vivir con su padrino y luego también debió dejarlo, cuando se supo que había tenido un amorío con el director de la escuela donde estudiaba. Margaretha tenía 16 años.
Supuesta fotografía de Mata Hari con 8 años. Otros medios aseguran que la niña es su hija Louise Jeanne
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Cuando tenía 18 años, encontró su futuro leyendo el diario: el capitán Rudolf MacLeod, un militar que la aventajaba en 20 años, publicó una solicitada para conseguir esposa y mudarse a Java, la isla de Indonesia a donde lo habían destinado. Se casaron en Amsterdam, en 1895; dos años más tarde nacía su primer hijo, Norman-John, y el año siguiente, la nena Louise Jeanne.
Fotografía de la disparatada boda en 1895 de Margaretha Geertruida Zelle (1876-1917), la mítica espía Mata Hari, con el capitán Rudolf MacLeod (1856-1928).


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Los chicos mantenían unido un matrimonio mal avenido, pero cuando la empleada doméstica envenenó a toda la familia por maltrato a los nativos, el hijo mayor murió. El padre se entregó a la bebida y Margaretha comenzaba a perfilarse como Mata Hari: estudió las danzas balinesas y practicó las artes amatorias orientales aprendidas en el Kama Sutra, el Ananga Ranga y varios textos taoístas.

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Sola y sin dinero, Margaretha, con el nombre de Lady McLeod, modeló desnuda para algunos artistas. Entonces se inventó otra vida. Sus rasgos extranjeros, su pelo negro, su cuerpo largo, delgado y orgulloso, su interés en las danzas orientales, la convirtieron en Mata Hari.

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Dijo ser hija de una princesa indonesia y se presentaba ante el público con una gran mentira que contenía parte de su propia tragedia de vida. Decía: “Mi madre, gloriosa bayadera del templo de Kanda Swany, murió a los catorce años, el día de mi nacimiento. Los sacerdotes me adoptaron y me pusieron Mata Hari, que quiere decir ‘Ojo de la aurora’”. Se decidió a bailar desnuda, o casi, en ámbitos diferentes.
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París se disputaba las entradas en las primeras filas del Museo Guimet, y a Mata Hari le llovieron los amantes y los regalos, algunos muy caros. Se calcula que la bailarina exótica había cobrado a menudo siete mil dólares de hoy por una noche de placer, intenso eso sí, para quien pagaba esa suma.


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Para 1910, Mata Hari tenía ya treinta y cuatro años. Sus encantos perduraban, pero su cuerpo debía competir ahora desde el escenario con el de otras muchas imitadoras, más jóvenes y acaso más audaces. De a poco, la falsa princesa de Java se retiró de la vida artística y se concentró en el poder. Candidatos no le habían faltado antes y no le faltaban ahora.
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En su agitada agenda de citas figuraron ministros y altos funcionarios. La solemnidad del poder no le aplacó los instintos, también fue amante de jóvenes oficiales, franceses, alemanes e ingleses, porque la princesa de Java sentía fascinación por los uniformes y por la juventud..


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Entonces, llegó la guerra. Mata Hari estaba en Alemania cuando estalló. Actuaba en Berlín y era amante del jefe de policía de la ciudad, que la contactó con Eugen Kraemer, uno de los jefes de inteligencia del imperio. Parece que después de un breve curso intensivo en la escuela de espionaje de Lorrach, le adjudicaron un nombre clave, H21, una nomenclatura usada en los agentes que actuaban en el período anterior a la guerra. Con eso, Alemania se aseguró que podría decir en el futuro, si era necesario, que Mata Hari era espía alemana desde tiempo atrás.
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Y fue necesario. Como ciudadana de un país neutral, Holanda, podía cruzar las fronteras europeas con mayor libertad que los ciudadanos de los países en conflicto. Para evitar los campos de batalla, Mata Hari viajó entre Francia y Gran Bretaña a través de España.

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Por esos años Margaretha Zelle recordó que también tenía corazón y se enamoró de un aviador ruso 17 años menor que ella, Vadim Maslov, que perdió un ojo en un enfrentamiento aéreo con alemanes. Acudió a sus contactos de charreteras y les pidió viajar para verlo. Fue entonces cuando al Capitán Georges Ladoux, del Servicio de Información de Francia, el Deuxième Bureau, se le ocurrió contratarla como espía. ¿A quién tendría que espiar para poder ver a su rusito? A un viejo conocido, el Príncipe Heredero Guillermo II. Mata Hari aceptó, a cambio de 1 millón de francos.

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También le ordenaron, seducir y espiar al embajador alemán en Madrid para disponer de más información. De alguna manera, Mata Hari obtuvo también cierta información secreta de Francia que pasó a los alemanes. O al menos esa fue parte de la acusación que le hizo Francia: haber pasado a los alemanes información sobre el desarrollo de un “buque tanque” británico, y haber confiado al enemigo los datos esenciales sobre la ofensiva aliada en el Chemin des Dames, que le permitió a Alemania derrotar a los franceses y provocar más de cincuenta mil bajas a su ejército.
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Meses antes de la llegada de Clemenceau al poder, el 13 de febrero de 1917, Mata Hari fue arrestada en París, en su habitación del Hotel Elysée Palace, en los Campos Elíseos. Ensayó una estrategia desesperada para evitar que la apresaran: pidió asearse y cambiar sus ropas antes de acompañar a los agentes, salió del baño desnuda y ofreció a los oficiales unos bombones depositados con delicadeza en el interior de un casco alemán. Pero el juego había terminado y ella lo entendió enseguida.
Su foto en el expediente policial no muestra el rostro de una princesa de Java, ni el de una bailarina exótica, ni el de la inventora del striptease, ni el de una espía valerosa, ni siquiera el de una cortesana experta y segura; por el contrario, es la cara de un pajarito asustado que sabe que su suerte se esfumó y que la muerte está al doblar la esquina.

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La condenaron a muerte. La encerraron en la celda número 12 de la prisión de St. Lazare, que ya no existe. A las cuatro de la madrugada del 15 de octubre de 1917, la despertaron para decirle que iba a ser fusilada poco después porque su último recurso, un pedido de clemencia presidencial, había sido rechazado. A partir de este instante, empieza la leyenda.
Mata Hari fotografiada el 13 de febrero de 1917, el día en que fue arrestada por las autoridades francesas, acusada de ser una agente doble.
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Dicen que recibió la noticia con total serenidad. Se levantó de su cama y pidió que le permitieran escribir dos cartas: una era para su hija, a quien le pedía perdón. Después, ella, que había hecho su fama y su gloria desnuda, se tomó todo el tiempo del mundo para vestirse. La versión de The New Yorker la ve con un elegante traje a medida, especial para la ocasión, y un par de guantes blancos. Un periódico francés la vio con tapado, blusa blanca escotada y tocada con un sombrero tricornio elegido por sus acusadores para ser usado en el juicio.

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El pelotón estaba integrado por doce soldados que, según la tradición, no sabían cuáles fusiles estaban cargados con balas verdaderas. Mata Hari se negó a ser vendada. La ataron al poste, manos a la espalda. Frente al pelotón, de nuevo la leyenda, frunció los labios y lanzó un beso lánguido y desalentado dirigido a los soldados que estaban a punto de apuntarle. Eso fue todo. Después, relató Wales: “No se le movió un músculo”.

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Los fusileros echaron sus rifles al hombro, el brazo del oficial que comandaba el pelotón se alzó son el sable en la mano. Cuando lo bajó, sonaron los disparos: cuatro dieron en el blanco. Luego cayó hacia atrás, doblándose por la cintura, con las piernas dobladas. Yacía boca abajo, inmóvil, con la cara vuelta hacia el cielo. Un suboficial que acompañaba a un teniente sacó su revólver de la gran funda negra que llevaba a la cintura. Inclinándose, colocó la boca del revólver casi, pero no del todo, contra la sien izquierda de la espía. Apretó el gatillo y la bala se clavó en el cerebro de la mujer.”
El último espectáculo de Mata Hari había terminado.
Conclusión: ¿fue agente doble o triple?
La leyenda sostiene que fue contratada por los alemanes para trabajar como espía, que fue empleada por los franceses como agente doble y que la tentaron los rusos. Pero nunca se han podido encontrar pruebas sólidas de la implicación de Mata Hari en labores de espionaje.
El tribunal francés la condenó a muerte sin pruebas concluyentes. Fue ejecutada por un pelotón de fusilamiento el 15 de octubre de 1917. Pidió que no le vendaran los ojos y envió un beso a los soldados. Tenía 41 años.






