- 24/08/2025
¡Mal hecho!

POR GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Buscaba a un abogado. No era una oficina convencional, era una muy linda casa tradicional, importante, en la ciudad. Toqué timbre y esperé un rato antes de insistir, y nada. No salía nadie. Mientras esperaba en el porche, veía unas hermosas plantas en el jardín y otras igual de lindas en unos macetones al lado de la puerta que no abrían. Las miraba con mucho cariño, porque eran lindas y porque soy muy amante de las plantas, casi fanático. No salía nadie por más que insistía. «Que informalidad, nadie cumple los horarios aquí…», pensaba mientras relojeaba para ver si alguna cámara podría estar vigilándome. Al cerciorarme que no, de que aquello estaba solitario y que me incumplían lo prometido. Me acordé de mi abuelita que decía que las plantas hay que robarlas para que prendan. Entonces, le metí mano al macetón que tenía la más linda. y comencé a tirar. No salía la testaruda, volví a mirar para todos lados para asegurarme que nadie me viera. Insistí con mucha fuerza, pero nada. Como a porfiado no me iba a ganar, saqué mi cortaplumas y corté un gajo con mucho trabajo y lo metí en mi maletín de ejecutivo. Salí pronto y con miedo… de mi primer robo.
Al llegar a casa fui al fondo con el tallo sacado sano y salvo para plantarlo. Al prender bien la luz para buscar una maceta, vi que el endemoniado tallo… ¡era de plástico! Artificial, precioso e invulnerable. Hoy aprendí una lección más: aparte de aprender las mañas del oficio, debo ponerme los lentes y despabilarme.
