- 20/01/2026
Los sami contra el Estado sueco
¿A quién le pertenece la tierra de los renos: al pueblo indígena de los sami o a todos los suecos? Una sentencia del Tribunal Supremo del país concedió al pueblo sami los derechos exclusivos de caza y pesca en su territorio.
Para los sami es un momento de importancia histórica; para los cazadores suecos, motivo de enfado. Hay un conflicto latente desde hace tiempo que podría agudizarse. El argumento de la comunidad sami de Girjas, que finalmente convenció a la Corte Suprema, es que en estas tierras cazaron y pescaron y en ellas pastaron sus renos desde hace miles de años. Hasta que llegó el Estado sueco y, desde su punto de vista, les arrebató cada vez más territorios y, con ellos, su sustento.
Entre 20.000 y 40.000 personas pertenecen al grupo de los sami en Suecia. Unas 4.700 de ellas poseen renos, como la familia de Ylva Sarri, quien aplaude el veredicto porque, según explica, los cazadores suecos y sus perros asustan a los renos y obstaculizan el trabajo de los sami.
Los ganaderos capturan con regularidad a sus animales para sacrificarlos y vender su carne y su piel. Joachim Almgren es uno de los más de 300.000 cazadores suecos que ahora temen que limitaciones.
La caza y la pesca son actividades de ocio populares entre los suecos, que no quieren renunciar a ellas. ¿Qué ocurrirá si otras comunidades de samis siguen el ejemplo de la de Girjas y acuden a los tribunales para asegurarse la exclusividad de los derechos de caza? ¿Qué está por encima: el bienestar de los renos o los derechos de caza de los suecos?

El increíble pueblo sami
Las publicaciones de turismo dicen que son los renos que cada año tiran del trineo de Santa Claus para repartir juguetes por todo el mundo.
Los sami, pastores de renos en las tundras de Laponia, un territorio que se extiende más allá del Círculo Polar por Noruega, Finlandia, Suecia y la península rusa de Kola, tienen más de 60 palabras para referirse a la nieve. Tal riqueza de vocabulario cobra sentido por encima de los 66º de latitud norte (el paralelo que marca los límites del Ártico), donde los sami tiene su granja de renos, y Santa Claus, su aldea.
Es realmente sorprendente comprobar que en el territorio más al norte de Europa reside una comunidad que por su estilo tradicional de vida y su vestimenta, en cierto modo recuerdan a los indios de Norteamérica.
La cultura
En la pequeña localidad de Kautokeino, de menos de 3.000 habitantes, se desarrolla la mayor actividad cultural de los sami.
Kautokeino se encuentra en la mitad de dos rutas tradicionales de migración de los samis, cuya primera comunidad se estableció en esa zona en el siglo XVI.
En dicho lugar hubo en 1852 una sangrienta revuelta de samis contra colonos noruegos, lo que llevó a que el gobierno noruego intensificara la integración del pueblo sami en la sociedad noruega.
En la actualidad el 90 por ciento de la población de Kautokeino tiene como lengua madre el sami, y en esta ciudad se encuentran las sedes de varias instituciones culturales de los sami, desde el Teatro Nacional Sami hasta organismos relacionados con la crianza de renos.
El pueblo sami (también conocido como pueblo lapón o saami) habita en Laponia, una región que se extiende por el norte de Noruega, Suecia, Finlandia y la península de Kola, al noroeste de Rusia. Son aproximadamente unas 82.000 personas. No existen estadísticas oficiales de su población, pero se estima que viven unos 50.000 en Noruega, 20.000 en Suecia, 10.000 en Finlandia y 2.000 en Rusia.
Los arqueólogos han descubierto restos de un pueblo que vivía de la pesca y la caza de renos salvajes. Estos restos sugieren un poblamiento estable de las costas árticas escandinavas en un período situado entre 7000 y 2000 años a. C. También han encontrado cerámicas de los antepasados de los lapones que datan de hacia 500 a. C. Sin embargo, es difícil atribuir una filiación filolingüística o étnica a dichos grupos. Actualmente se considera que los lapones son la primera población autóctona conocida de Laponia y reivindican sus derechos como pueblo indígena.
La lengua de la población sami está emparentada con las lenguas fino-ugrias de Europa oriental y septentrional. Existen diferentes variedades lingüísticas del sami. Usualmente se divide en tres grupos principales: el sami oriental, el sami central (incluido el sami del norte, el sami pite y el sami lule) y el sami meridional. Los primeros rastros escritos de la lengua sami se remontan al siglo XVII, con la traducción de la literatura misionera. Pese a la «norueguización» impuesta a finales del siglo XIX y principios del XX, la lengua sami recobró su importancia después de la Segunda Guerra Mundial.
La cultura tradicional ha estado fuertemente influida por las actividades de la caza y la pesca. En épocas pasadas, una de sus principales actividades era la cría de los renos, pero hoy en día apenas una escasa proporción de los samis (tal vez el 10 %) son aún nómadas que vivan del pastoreo de este animal. No obstante, esta dimensión tradicional sigue siendo preponderante en la cultura de este pueblo. La pesca en los fiordos también ocupa un lugar importante en la cultura lapona.
Los lapones resistieron durante más de un siglo a los intentos de asimilación de la sociedad no lapona. En 1903, un periódico político, el Sagai Muittalaegje, denunció vigorosamente estas tentativas de asimilación. Esta toma de posición alentó otras actividades políticas que pretendían apoyar a los lapones en la preservación de su identidad cultural y su modo de vida. En 1917 se celebró la primera concentración de lapones. Después de la Segunda Guerra Mundial, se fundó la Asociación de Ganaderos de Renos Lapones. En 1956, se creó el Consejo Nórdico de los lapones en tanto que órgano de enlace entre los lapones noruegos, finlandeses y suecos.
Tras el desmoronamiento de la Unión Soviética, los lapones de la península de Kola se asociaron al Consejo, que fue rebautizado Consejo Saami en 1991. La creación de un Parlamento lapón (Sameting) en 1989 reforzó el conocimiento lingüístico, cultural y legal de los lapones.
El 6 de febrero es el Día Nacional Sami en conmemoración de la fecha de la primera Conferencia Saami. La bandera lapona fue adoptada en 1986: el círculo en la mitad roja significa el sol y en la azul la luna y su diseñadora es Astrid Båhl. Las franjas son las mismas de los colores de la ropa y también las cuatro secciones del territorio.
Se han constituido Samediggi, parlamentos lapones oficialmente reconocidos, más como órganos consultivos que legislativos, en Noruega (1989), Suecia (1993) y Finlandia (1996). Los tres parlamentos se reunieron en una asamblea en Trondheim el 6 de febrero de 1997.
La estructura básica de la bandera son los cuatro colores que se han conocido desde entonces como «los colores Sami». También se agregó un motivo que deriva de un símbolo del sol y la luna que aparecen en los tambores de los chamanes.
La religión
En general el chamanismo era mayoritario entre la población sami hasta el siglo XIII. La conversión del pueblo al cristianismo se dio por los esfuerzos misioneros a inicios del siglo XIII y se intensificó con la Reforma protestante. En Noruega, particularmente, sobresalió la figura de Thomas von Westen, un misionero que predicó al pueblo Sami alrededor del año 1720. Westen, apodado el «Apóstol de los Saami», defendía el uso del lenguaje sami en la educación y la iglesia.

Hoy en día la mayoría de la población Saami pertenece a iglesias cristianas de denominación luterana, en Noruega, Suecia y Finlandia. Algunos Sami en Rusia pertenecen a la Iglesia ortodoxa rusa, y de forma similar, algunos Sami Skolt reasentados en Finlandia son también parte de una congregación ortodoxa del este, con una pequeña población adicional en Noruega.

50 grados bajo cero
“El récord de frío en Inari fue en 1992, cuando se alcanzaron los -52 grados. Mi siguiente vecino tiene una granja que está a varios kilómetros. Le llamé y me confirmó que no le funcionaba ni el agua porque las cañerías se habían congelado. Entonces supe que el problema era grave en todo Inari. A la mayoría de la gente, aquí somos como 600 personas, la sacaron los equipos de emergencia porque al no haber tampoco luz las casas estaban congelándose. Yo pude quedarme porque soy de los pocos que tienen la calefacción con madera y la casa aguantó. Estuve varios días solo”, explica Ro, el propietario de entre otras cosas una granja con perros y trineos. Afuera, mientras habla, hacen -32 grados: “Verano”, bromea él.
No es fácil, por tanto, hacerse hoy un hueco identitario en la aldea global cuando durante siglos has asimilado una religión, un idioma, unas normas y un tipo de comercio que te han pasado por encima. “Nosotros como pueblo teníamos una religión que se basaba en la naturaleza, pero la llegada del cristianismo acabó con todo. Los samis de Noruega, Suecia y Finlandia hemos sufrido castigos y sanciones en el pasado por nuestras creencias ‘chamánicas’ y animistas. Los samis creían que las rocas, ríos y árboles tenían una fuerza espiritual interior y esa es nuestra religión”, explica Ado, buscador de auroras boreales.

También aquí hubo capítulos de opresión por parte de las autoridades sobre la ‘salvaje’ minoría indígena: “Durante el siglo XIX, cuando el cristianismo llegó a los samis y sus creencias tradicionales fueron dejadas de lado, muchos samis fueron víctimas de discriminación y opresión por parte del Gobierno noruego. Al igual que la población nativa de América del Norte, los samis experimentaron una supresión de su idioma y cultura. Los niños fueron separados de sus familias por la fuerza y enviados a escuelas misioneras estatales donde solo se les permitía hablar noruego y podían ser castigados si usaban los distintos idiomas de sus antepasados sami”.

La gota que colmó el vaso de la paciencia sami fue la construcción en Noruega en la década de los setenta de la presa de Alta-Kautokeino. La planta daría energía a la zona y unos cuantos cientos de puestos de trabajo, pero suponía anegar la comunidad sami de Maze. El pueblo sami se opuso con fiereza a la construcción y hasta protagonizó una huelga de hambre frente al Parlamento de Oslo y un encadenamiento masivo a la obra. Finalmente, la presa se llevó a cabo con una contundente intervención de las fuerzas policiales y entre una enorme controversia política, pero aquella lucha fue el germen del primer Parlamento sami en Noruega, abierto en 1989.

Hoy, el pueblo sami ha conseguido al menos tener una voz e instituciones propias. Por delante, la pelea es tener escuelas sami en las que no haga falta como ahora cada día hacer dos horas de autobús, recuperar una lengua en la que sujetar sus tradiciones y conseguir que los jóvenes no huyan de un desierto de hielo en el que seis meses al año hay cinco horas de luz natural. La dicotomía es que la misma globalización que puso contra las cuerdas su mundo es ahora también la llave para ayudar a recuperarlo. “Los jóvenes también quieren un teléfono, un coche y una casa buena”, resume Ro. Eso pueden tenerlo enseñando también su cultura a miles de turistas.




