- 17/05/2026
Las curiosas historias de los cantantes líricos, sus fortunas y sus excentricidades
Los cantantes líricos más influyentes de la historia incluyen leyendas como Luciano Pavarotti, María Callas, Enrico Caruso y Plácido Domingo, reconocidos por su técnica magistral e impacto mundial. Atrás de ellos hay además un mundo de egos y de situaciones curiosas que no siempre trascienden al gran público. En esta nota repasamos muchas de ellas.

en una grabación de 1904, cuando tenía unos 46 años.
La cruel historia de los castrati
Los castrati fueron el caso más fascinante (y cruel) de la historia de la música. Durante mucho tiempo, la Iglesia prohibió que las mujeres cantaran en templos y escenarios. Los castrati cubrieron ese vacío en los coros eclesiásticos.
En el Barroco (siglos XVII y XVIII), se convirtieron en las primeras grandes estrellas mundiales. Eran admirados por su virtuosismo técnico, su agilidad sobrehumana y la capacidad de sostener notas durante minutos.
Eran cantantes masculinos a los que se les practicaba una emasculación antes de la pubertad para evitar que su voz cambiara.

Esto producía un resultado acústico único: un tórax de hombre adulto (con gran potencia y capacidad pulmonar) unido a unas cuerdas vocales que se mantenían pequeñas, permitiéndoles cantar en el registro de una soprano o contralto.
Farinelli (Carlo Broschi): Fue el más famoso de todos.
Senesino: Un contralto con una voz penetrante y clara, famoso por sus interpretaciones en las óperas de Haendel.
Alessandro Moreschi: Conocido como «el último castrato». Murió en 1922 y es el único del que existe una grabación sonora (realizada en 1902 y 1904). Aunque ya estaba fuera de su mejor momento, esas grabaciones permiten intuir el timbre «angelical» y extraño que poseían.
La práctica fue decayendo a finales del siglo XVIII por el cambio en los gustos musicales (hacia algo más natural) y por la condena ética de la Iglesia y los gobiernos. Fue oficialmente prohibida en Italia en 1870.
¿Por qué no hubo negros famosos en la lírica?
Si bien es cierto que durante siglos las figuras negras enfrentaron barreras de segregación y racismo sistémico que limitaron su visibilidad, algunos lograron romper esos muros y convertirse en leyendas de la ópera.

Marian Anderson (1897-1993): Es quizás la figura más icónica. En 1939, tras ser rechazada en el Constitution Hall por su raza, dio un concierto histórico frente al Lincoln Memorial ante 75,000 personas. En 1955, se convirtió en la primera persona negra en cantar un papel principal en el Metropolitan Opera de Nueva York.
Leontyne Price (1927): Considerada una de las mejores sopranos de todos los tiempos. Fue la primera afroamericana en alcanzar el estatus de superestrella internacional en la ópera, con 19 temporadas en el Met y un éxito rotundo en teatros como La Scala de Milán.
Jessye Norman (1945-2019): Dueña de una voz poderosa y majestuosa, fue aclamada por su versatilidad y presencia escénica, convirtiéndose en una de las cantantes más premiadas y respetadas del siglo XX.
María Callas y su amor por Onassis
Una de las historias más cinematográficas y desgarradoras de la ópera es la de la soprano María Callas y su turbulento romance con el magnate griego Aristóteles Onassis.
A mediados de los años 50, Callas era la mujer más famosa del mundo lírico. Había transformado su cuerpo (perdiendo más de 30 kilos) y su voz para convertirse en una diva absoluta. Sin embargo, su vida cambió cuando conoció a Onassis. Ella estaba casada con Giovanni Meneghini, pero lo dejó todo por el magnate.
A medida que su obsesión por Onassis crecía, Callas empezó a descuidar su carrera. Él, que no entendía nada de ópera y solía aburrirse en sus funciones, la trataba a menudo con crueldad frente a sus amigos, diciéndole que «solo era una garganta con silbato».
Callas esperaba que Onassis se casara con ella. Sin embargo, en 1968, se enteró por la prensa (al igual que el resto del mundo) de que Onassis se había casado en secreto con Jackie Kennedy, la viuda del presidente de EE. UU.
Se dice que Callas nunca se recuperó. Pasó sus últimos años recluida en su apartamento de París, escuchando sus propias grabaciones y recordando sus años de gloria. Murió a los 53 años, apenas dos años después que Onassis.
Caruso, un terremoto y una huida en pijama
La historia de Enrico Caruso en el terremoto de San Francisco de 1906 es uno de los relatos más surrealistas de la ópera. El tenor acababa de dar una función de Carmen la noche anterior y se alojaba en el Hotel Palace cuando el sismo de 7.9 grados sacudió la ciudad a las 5:12 de la mañana.

Al despertar entre escombros y polvo, lo primero que le aterrorizó no fue morir, sino haber perdido su voz por el impacto. Según testigos, Caruso salió al balcón o se asomó a la ventana y se puso a cantar a pleno pulmón para comprobar que sus cuerdas vocales seguían intactas.
Salió del hotel a medio vestir y cargando con lo que consideró más valioso: un abrigo de piel, sus pertenencias y una foto autografiada del presidente Theodore Roosevelt. Creía que esa imagen le daría un pase seguro o protección ante el caos y la ley marcial.
Pasó la noche a la intemperie antes de lograr salir de la ciudad en ferry. Estaba tan traumatizado por la experiencia que, al irse, juró que jamás volvería a poner un pie en San Francisco, una promesa que cumplió estrictamente hasta su muerte.
Años más tarde en Cuba sobrevivió a la explosión de una bomba en pleno teatro y tuvo que huir disfrazado de Radamés (su personaje de la ópera Aída).

Las «Mil y una Noches» del rey Felipe V y el castrado Farinelli
Felipe V, rey de España, sufría de una depresión psicótica severa (no se lavaba, gritaba por las noches y creía que sus piernas eran de cristal).
Fue así como contrató al famoso castrado Farinelli pues con su voz era el único capaz de sacarlo de ese estado. El rey lo veía no como un empleado, sino como un ser celestial enviado para darle paz.

Aunque Farinelli nunca quiso ser político, el rey confiaba tanto en él que terminó siendo un mediador. Si un embajador o un ministro quería convencer a Felipe V de algo, a menudo acudían primero a Farinelli para que «preparara» el ánimo del rey a través de su canto.
Farinelli rechazó ofertas de toda Europa para volver a los escenarios comerciales. A pesar de estar en la cima de su carrera, prefirió quedarse en España «encerrado» en la corte, demostrando un afecto real hacia el rey y su familia. Durante diez años canto para el rey.
El gran escándalo: Richard Wagner y Cosima Liszt
Cosima era hija del famosísimo pianista Franz Liszt y estaba casada con Hans von Bülow, quien no solo era el mejor amigo de Wagner, sino también el director de orquesta que estrenaba sus obras.
La traición: Mientras Von Bülow ensayaba las complejas óperas de Wagner para hacerle famoso, Wagner y Cosima mantenían un romance secreto.
Hijos «clandestinos»: Cosima tuvo dos hijas con Wagner mientras seguía legalmente casada con Von Bülow. Lo más increíble es que Von Bülow, por devoción ciega al «genio» de Wagner, aceptó la situación, bautizó a las niñas como suyas y siguió dirigiendo la música de su rival para no perjudicar el arte.
El desenlace: Finalmente, Cosima abandonó a su marido por Wagner. Juntos crearon el Festival de Bayreuth, y ella se convirtió en la «dictadora» del legado wagneriano tras la muerte del compositor.
El «Don Juan» de la vida real: Franco Corelli
Si hablamos de tensión sexual y magnetismo, el tenor italiano Franco Corelli (el «Príncipe de los Tenores») era el epicentro. Era tan guapo que las mujeres se desmayaban en sus funciones.
Su historia más famosa de «tensión» fue con la soprano Birgit Nilsson. Durante una función de Turandot, Nilsson sostuvo una nota aguda más tiempo que él para demostrar su potencia. Corelli, herido en su orgullo de «macho alfa», se enfureció tanto que, según la leyenda, mordió a la soprano en el cuello durante una escena de beso en el siguiente acto.
Duelo de espadas real: Durante una representación de Il Trovatore en Nápoles, un espectador lo abucheó desde un palco. Corelli, en lugar de ignorarlo, desenvainó su espada de utilería y saltó del escenario hacia el palco para pelear con el hombre. Tuvieron que intervenir los carabinieri.
Técnicamente, Corelli era famoso por sus «diminuendos»: era capaz de dar una nota altísima y muy potente y luego ir bajando el volumen poco a poco hasta convertirla en un hilo de voz casi imperceptible, algo que volvía loco al público.
La pasión prohibida: Montserrat Caballé y Bernabé Martí
No todas las historias terminaron en tragedia. La de la española Montserrat Caballé parece sacada de una novela romántica:
En una representación de Madama Butterfly, el tenor Bernabé Martí debía darle un beso a la Caballé. Ella, que era muy tímida, le pareció «fría» al tenor. Martí, para provocarla, le dio un beso tan real, apasionado y prolongado en pleno escenario que ella quedó impactada.
Ese beso fue el inicio de un romance fulminante; se casaron apenas unos meses después y estuvieron juntos toda la vida.
El «Big Luciano Pavarotti»
Pavarotti era el alma de la fiesta, un hombre que amaba la comida, los caballos y la vida social, pero su vida privada dio un vuelco que escandalizó a Italia:
Tras 35 años de matrimonio con Adua Veroni (quien además manejaba sus finanzas), Pavarotti se enamoró de su secretaria, Nicoletta Mantovani, que era 34 años menor que él. El escándalo fue enorme en la Italia católica de los 90. El divorcio fue uno de los más caros y comentados de la época.

Con Nicoletta tuvo a su cuarta hija, Alice, a los 67 años. Trágicamente, Alice tenía un hermano gemelo que falleció durante el parto, un golpe que marcó los últimos años del tenor.
Pavarotti era famoso por sus excentricidades. No viajaba a ningún hotel del mundo sin sus propios ingredientes de cocina (pasta, queso parmesano, aceite) y exigía tener una cocina instalada en su suite. También tenía una superstición famosa: siempre llevaba un clavo doblado en el bolsillo durante sus actuaciones para evitar la mala suerte.
Plácido Domingo y los favores sexuales
Plácido siempre fue visto como el diplomático, el trabajador incansable y el hombre de familia estable (casado con la soprano Marta Ornelas desde 1962, quien ha sido su guía y directora de escena). Sin embargo, su imagen pública cambió drásticamente al final.:
Tras décadas de una reputación intachable, más de 20 mujeres lo acusaron de acoso sexual y comportamiento inapropiado en el entorno laboral, alegando que utilizaba su poder para conseguir favores sexuales a cambio de empleos. Esto provocó su salida de la Ópera de Los Ángeles y la cancelación de casi todas sus actuaciones en Estados Unidos y gran parte de Europa.
A pesar de las acusaciones, su familia se ha mantenido unida a él. Su hijo, Plácido Domingo Jr., también es cantante, y Marta sigue siendo su apoyo fundamental en la sombra.

Cómo se llevaban los 3 tenores
Aunque el mundo los veía como mejores amigos gracias a Los Tres Tenores en realidad había una rivalidad competitiva muy fuerte antes de unirse. Fue José Carreras quien logró unirlos a Luciano Pavarotti y Plácido Domingo para recaudar fondos para su fundación contra la leucemia, creando el fenómeno que cambió la industria de la música para siempre.
Al principio, no se sabía quién debía cobrar más o quién debía cerrar los conciertos. Para evitar peleas, se decidió que los tres cobrarían exactamente lo mismo (un millón de dólares por concierto en su época dorada). Sin embargo, en el escenario, cada uno intentaba destacar:
- Pavarotti era el «rey de los agudos»: sabía que su voz era la más reconocible y jugaba con su carisma.
- Plácido era el «músico»: a veces miraba a los otros dos con superioridad técnica porque él sabía leer partituras de orquesta complejas y ellos no tanto.
- Carreras era el «corazón»: tras sobrevivir a la leucemia, él era el nexo emocional que mantenía al grupo unido.
Había un momento en los ensayos donde la tensión subía: cuando tenían que cantar al unísono. A menudo, uno de ellos (generalmente Pavarotti o Domingo) intentaba sostener la nota final un segundo más que el otro para demostrar que tenía más aire. Se miraban de reojo con una sonrisa, pero por dentro era un duelo de titanes.
Para que el show funcionara, tenían prohibido criticarse en público. En privado, se hacían bromas pesadas sobre sus estilos:
- Pavarotti se burlaba de que Plácido quería cantarlo todo (tenor, barítono, director).
- Plácido bromeaba sobre la pereza de Luciano para aprenderse roles nuevos.
- Incluso tenían «apuestas» sobre quién recibiría el aplauso más largo tras su aria principal.
Aunque se querían y se respetaban, su relación era más parecida a la de compañeros de equipo de élite que a la de amigos íntimos que salen a cenar.
Pavarotti prefería su entorno italiano y su comida, mientras que Plácido siempre estaba trabajando o dirigiendo.
Las fortunas de los tenores
Dentro del fenómeno de Los Tres Tenores, Luciano Pavarotti fue históricamente considerado el más rico debido a su masivo éxito comercial, aunque las estimaciones actuales sitúan a Plácido Domingo con un patrimonio neto ligeramente superior debido a su longevidad y diversificación profesional.
Plácido Domingo: Su patrimonio neto actual se estima en unos $300 millones de dólares.
Luciano Pavarotti: Al momento de su fallecimiento en 2007, su fortuna se estimaba entre $275 millones y $475 millones de dólares.
Fue el primer cantante de música clásica en alcanzar ventas comparables a estrellas del pop (más de 100 millones de discos).
Poseía propiedades en Nueva York, Montecarlo e Italia, además de una valiosa colección de arte que incluía un Matisse.
A pesar de su riqueza, tras su muerte surgieron reportes de deudas que superaban los $12 millones de libras en hipotecas y descubiertos bancarios.
José Carreras: Su patrimonio neto se estima en unos $250 millones de dólares.













