• 24/05/2026

La huella imborrable

La huella imborrable

El vacío legal y los riesgos del «sharenting» bajo la lupa del derecho sanjuanino.

Una nota de Emilia Ygonett

Abogada Especialista en Derecho Procesal y Periodista

Compartir la foto del primer día de clases, el bautismo o una tarde de club en redes sociales es hoy una conducta automatizada. Sin embargo, esta práctica conocida como sharenting (fusión de share, compartir, y parenting, paternidad) esconde una alarmante paradoja: en el afán de celebrar la infancia, los adultos están vulnerando, de forma pública, los derechos más elementales de sus propios hijos.

En San Juan, donde los lazos comunitarios son estrechos y las redes sociales locales funcionan como cajas de resonancia, la sobreexposición digital de menores no es solo un debate de crianza. Es, fundamentalmente, un problema jurídico y de seguridad.

Desde la mirada del derecho, el sharenting colisiona de frente con el Interés Superior del Niño, principio rector que el nuevo Código Procesal de Familia de San Juan (Ley 2435-O) consagra en su Artículo 6, obligando a que toda decisión que afecte a menores esté sujeta a normas internacionales y nacionales de protección integral.

Aunque los progenitores ejercen la responsabilidad parental, este rol no les otorga un derecho de propiedad sobre la intimidad de sus hijos. El Código local marca una postura clara en su Artículo 24, inciso 4, al imponer a los jueces el deber de asumir una «actitud dinámica y respetuosa de la intimidad familiar».

Aquí radica la contradicción: si la justicia sanjuanina restringe con rigurosidad la publicidad de datos e imágenes para evitar la estigmatización de los niños —llegando incluso a prohibir la difusión de nombres en sentencias para no afectar su intimidad (Art. 38)— resulta incomprensible que seamos los propios padres quienes publiquemos en la red esa misma intimidad biográfica que la ley local intenta proteger con tanto celo.

El sharenting es la práctica de documentar y compartir la vida de los hijos en las redes sociales y plataformas digitales. Aunque suele hacerse con buenas intenciones, conlleva serios riesgos para la privacidad y seguridad de los menores.

La publicación de fotos en perfiles abiertos o incluso la exposición en estados de WhatsApp —una plataforma de mensajería que a menudo se percibe como privada pero que puede viralizar contenidos en segundos— activa riesgos inmediatos:

Vulneración de la Autonomía Personal: El niño no es un objeto de exposición. Según el Artículo 8 de nuestra ley procesal, los menores tienen derecho a ser oídos y su opinión debe ser valorada según su grado de madurez. Ignorar su negativa a ser fotografiado es silenciar su derecho a la autodeterminación.

Grooming y perfiles de vulnerabilidad: Los datos contextuales típicos de nuestra provincia (el uniforme del colegio, el club de barrio o la plaza cercana) facilitan el perfilamiento por parte de delincuentes. El Artículo 4 de la Ley 2435-O define a los niños como personas en situación de vulnerabilidad, lo que exige una tutela judicial y parental mucho más efectiva y prudente.

La «huella» y el derecho al olvido: Lo que hoy se sube en San Juan puede alimentar bases de datos de Inteligencia Artificial mediante deepfakes en cualquier parte del mundo, creando una identidad digital que el menor no eligió y que podría perseguirlo en su adultez.

Como profesional del derecho, la recomendación es aplicar los principios de buena fe y lealtad que la ley exige en el ámbito judicial (Art. 11), trasladándolos al ámbito digital familiar para no agravar conflictos ni vulnerar derechos:

Pausar la publicación: Preguntarse si el niño se sentiría cómodo viendo esa foto públicamente a los 18 años.

Filtros estrictos de privacidad: No publicar en perfiles comerciales o públicos.

Respetar la intimidad en mensajería: Supervisar la actividad en WhatsApp, evitando que el propio menor suba contenidos que afecten su seguridad.

Escucha activa: Si el menor expresa que no quiere ser capturado por la cámara, debemos respetar su autonomía personal (Art. 24, inc. 4).

El desafío de la sociedad sanjuanina actual es entender que el derecho a la intimidad de los chicos está por encima de cualquier like. Cuidar su presente en las redes no es solo una opción de crianza; es una obligación legal para garantizar su libertad en el futuro.