- 23/11/2025
La fascinante historia de Coco Chanel

Se crio en un convento, cantó en un cabaret, tuvo decenas de amantes y llegó a ser una de las personas más influyentes del mundo, transformando la moda en un fenómeno cultural.
La fascinante historia de la vida de Coco Chanel, sus amores y su carrera en la moda, ha sido un atractivo para la creación de películas, libros e investigaciones. Filmes como “Coco Before Chanel” (2008) dan un vistazo a la vida de la diseñadora antes de que construyera su imperio de moda, mientras que como “Coco Chanel & Igor Stravinsky” (2009) cuentan la historia de la relación entre Chanel y el compositor ruso.

Coco Chanel, cuyo nombre real era Gabrielle Chanel, fue una de las figuras más influyentes del siglo XX. Nacida en 1883, tuvo una infancia difícil en un orfanato, lo que la impulsó a forjar una carrera en la costura y a revolucionar la moda femenina, liberándola de los corsés restrictivos y popularizando un estilo más cómodo y sencillo. Creó piezas icónicas como el traje de tweed y el perfume Chanel N°5, y tuvo una vida personal turbulenta marcada por relaciones amorosas y el escándalo de sus vínculos con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Chanel vivió como quiso y marcó su independencia en una época donde las mujeres ni siquiera votaban.
La madre de Cocó fue Eugénie Jeanne Devolle, una lavandera en un hospital de caridad de la zona, y su padre fue Albert Chanel un vendedor ambulante. Coco fue la segunda de ocho hijos de la pareja, luego de la muerte de su madre cuando Chanel tenía once años, sus hermanos fueron enviados a trabajar al campo y ella con sus otras dos hermanas a un convento en Aubazine que servía como orfanato.
Detrás de su imagen fuerte, emprendedora, avasallante y encantadora, más allá de un concepto se escondían ocultas decepciones amorosas y dolores profundos.
A los 11, la muerte de su madre Jeanne Devolle provocó que su padre, el vendedor ambulante Albert Chanel, un irresponsable, maltratador y mujeriego, la abandonara en un convento junto a sus hermanas Julia y Antoinette para nunca más aparecer. En el dolor de ese abandono la niña empezó a abrir los ojos y aprender el arte de la costura, los bordados y la pasión por el trabajo.

Cuando cumplió 18, y ya fuera del internado, alternaba dos trabajos. Era empleada en una tienda de ropa interior y de noche cantaba en La Rotonde, un cabaret en la comuna francesa de Moulins. Allí la conoció Étienne Balsan, que la bautizó con cuatro letras nada elegantes y poco discretas creando a Coco, el apodo más famoso de la industria de la moda. ¿Por qué Coco? Porque ¿Quién ha visto a Coco en el Trocadéro? era una de las dos canciones que cantaba. La rescató de aquel tugurio nocturno y la llevó a vivir a su castillo de Royallieu para educarla con protocolos y estilo y convertirla en su amante. De él tomó prestados sus pantalones, sus jodhpurs de equitación, sus sacos de tweed y sus camisas blancas. Y también sus amigos millonarios. De allí se fue con el inglés Arthur Boy Capel, su único amor hasta que una noche de lluvia y una curva peligrosa truncaron su vida y el futuro amoroso de la diseñadora, que se abrazó con fuerzas a ese collar de perlas que había recibido como regalo de amor.

Coco Chanel encantó a la aristocracia y a las masas. Por un lado, su seguridad, su trabajo con la moda y su propio look que, en perfecta concordancia con la propuesta estilística, sedujeron a esa elite de la cual dispuso para cimentar las bases de su casa de moda. Las masas vieron a la verdadera, a Gabrielle, a la niña abandonada que supo reconvertir su vida y consagrarse en una sociedad que muchas veces la miraba de costado. ¿Acaso fue el sueño americano de Francia?

Chanel introdujo en los años 20 siluetas más deportivas y casuales, redefiniendo el significado de la elegancia y la feminidad que se tenía en la época.
Nunca tuvo nada que perder, al contrario, tuvo el mundo entero para llevárselo por delante. Y así lo hizo. Su estrella fue ser segura de sí misma desde que entendió que afuera del cabaret donde cada noche mal cantaba había una vida y muchas manos amigas esperándola, aun con el viento en contra de las guerras mundiales que lograron opacarla mas no destruirla. Fue una pausa en su vida, como La Pause, su casa de la Riviera francesa que mira al Mediterráneo y construyó junto a su amante, el Duque de Westminster.

Fue contemporánea a sí misma antes que a la época y esa manera de ver y sentir la vida fue el motor para concebir un vestuario que aún hoy es moderno.
En el medio (algunas) preferían tomar champagne y pasearse del brazo de un hombre.
Coco decidió ir con los hombres, confundirse con ellos, caminar a la par, seducirlos y lograr sus objetivos a corto y largo plazo. Ellos siempre fueron su motor ya sea por el abandono, el amor, la muerte o el dinero que le proveyeron. Cuando pobre no dudó en amarlos, o hacerles creer que los amaba, y cuando rica los siguió amando y acompañando.

No tenía tiempo para perder y fue esa glotonería la que la llevó a vestirse con lo que tuvo a mano. Cuando le robó los pantalones y el saco a su primer amante y cabalgó a campo traviesa fue para llamar la atención de esa platea desconocida que intuía estaría de su lado. Y cuando al siguiente le robaba sus sacos de tweed era para sentirse abrazada por el amor de un hombre.
Siempre se supo fea, de hecho, sus rasgos fuertes, como de pájaro, pudieron jugarle en contra, pero fue su seguridad y su allure genuinos los que la embellecieron.

Chanel imprimió en sus diseños una parte de su propia historia. Sus amores los tradujo en bolsos, perfumes y trajes; mientras que sus vacaciones en la rivera francesa se convirtieron en el motivo de sus piezas con siluetas navales y su motivación para la creación de las colecciones crucero.
No era fácil ser mujer a principios del 1900. Salvo para Chanel, que vio más allá de lo evidente, de su alrededor y, sin nada que perder, salvo el patrocinio de sus amantes, decidió mostrarse libre desde su interior. Allí forjó el estilo Chanel con prendas que usaban los hombres, sus amantes, sus amigos, sus amores. En su interior quería ser ellos, pero sin dejar de ser esa mujer con un buen sentido de la ambición. Supo construir un vestuario más económico con el cual las capas de las mujeres de la sociedad se podían confundir.

Amó y fue amada, y también fue abandonada por decisión propia o porque la muerte le ganó la pulseada. El amor masculino marcó su vida desde pequeña. Y el de sus hermanas, a la deriva emocional: una se suicidó habiendo sido rechazada por el hombre que amaba y la otra bebió hasta morir después de un matrimonio fallido.

Coco Chanel presentaba sus colecciones el quinto día del quinto mes del año, convirtiendo a mayo en todo un emblema. Así es que Chanel N5, su primera obra maestra olfativa, la que la salvó con sus ventas desmesuradas, redunda en casualidades.
Tiene su nombre porque fue la quinta muestra olfativa que el perfumista ruso Ernest Beaux le presentó de entre 10 opciones. En 1920 nació una poción que según su inventiva ideológica traía buena suerte, olía a mujer y no solamente a rosas o almizcle. Además, fue la primera diseñadora francesa que osó ponerle su propio nombre y posó para su publicidad adelantándose a Yves Saint Laurent cuando en 1971 se retrató por Jean Loup Sieff para ilustrar Pour Homme.

“La moda no es solamente una cuestión de ropa. La moda está en el aire, nace del viento. Uno lo intuye. Está en el cielo y en el camino”, decía Cocó.
Coco Chanel siempre quiso ser amada. Sus coqueteos amorosos le pasaron factura cuando en 1944 fue arrestada por el Comité de Depuración por presunción de Mata Hari durante la guerra y la mano salvadora fue la de su amigo Winston Churchill.

Con un exilio en Suiza, tardó 10 años en volver al ruedo y tenía 71. Y París tenía a Christian Dior como nuevo emblema de moda. Con el cigarrillo entre los labios mientras clavaba alfileres una Coco Chanel mayor y madura repuntó su estilo en la que fue siempre su casa en el 31 de la Rue Cambon. Chanel murió en su día que descanso, un domingo, el 10 de enero de 1971.

Coco Chanel falleció a los 87 años el domingo 10 de enero de 1971, en el hotel Ritz de París, donde la diseñadora había residido por más de 30 años. El ataúd de Gabrielle fue cubierto con camelias, gardenias, orquídeas, azaleas blancas, y algunas rosas rojas. Su tumba está en el cementerio de Bois-de-Vaux en Lausanne, Suiza.
Su producto estrella, el traje sastre con falda y chaqueta a
juego de manga larga sin cuello y ribeteado.



