• 19/04/2026

La educación en tiempos de la colonia

La educación en tiempos de la colonia

A través de los distintos capítulos de su libro «Acción Docente», Alicia Basualdo ha realizado un trabajo de investigación y recopilación de las principales informaciones que permiten reconstruir la historia de la educación y de las luchas gremiales en San Juan. De este trabajo reproducimos parte del capítulo correspondiente a «La educación en San Juan en tiempos de la colonia”.

Por Alicia Basualdo

La educación, durante 91 años, fue impartida en San Juan por la familia o por la iglesia.
En Mendoza, alrededor de 1616 fue abierto un colegio jesuita donde recibieron instrucción los jóvenes de esa ciudad y los de San Juan y San Luis.

En 1655 San Juan era una ciudad adelantada. Se funda la primera escuela de letras, independiente de Mendoza. Fue su primer rector el P. Cristóbal Diosdado, acompañado por el P. José María Adamo, que le sucedió cuando aquel murió en 1656.
Se ubicó la escuela en una estancia y una viña, donada por el capitán Gabriel de Malla. Por carencia de recursos económicos fue suprimida en 1666 reabriéndose en 1712. Se ubicó en la manzana donde hoy se levanta la catedral de San Juan.

Conozcamos su inventario:
«un tablón, dos bancos clavados y dos palos largos que sirven de asiento, una mesita, una imagen de Nuestra Señora del Rosario, pequeña».
«A pesar de su pobreza —escribe Margarita Mugnos de Escudero— esta escuela cumplió la función de dar las primeras letras a los niños de la ciudad, evitando que se trasladaran a otros centros para recibir instrucción». Pasó la escuela a los franciscanos, pero con poco éxito.

«…un tablón, dos bancos clavados y dos palos largos que sirven de asiento, una mesita, una imagen de Nuestra Señora del Rosario, pequeña».

El 20 de agosto de 1772, la Junta de Temporalidades estableció la enseñanza de escuelas de primeras letras a cargo del clérigo Dr. Dionisio Jofré, la de Gramática Latina con José Ignacio Maradona, los dos con un sueldo de 200 pesos anuales y Filosofía con Ignacio Teodoro Sánchez, con 300 pesos anuales; este último cargo se levantó por decisión de la Junta Provincial de Buenos Aires. Se defraudó así la aspiración del vecindario. 

El 16 de enero de 1775 se abrió la escuela de primeras letras, llamada la Escuela del Rey. En la nota solicitud, refiriéndose al personal expresa: se da ya principio a la enseñanza pública, por lo pronto, mientras que las cosas tomen el temperamento que corresponda para «elegir maestros por concurso mediante juicio comparativo de aptitud y conformación».

Tenían ya el concepto de selección para elegir los que habrían de impartir enseñanza.
Llegó a tener la escuela hasta doscientos alumnos. Había oportunidades en que faltaban las rentas, entonces era clausurada, pero ante los reclamos de los vecinos, el Cabildo volvía a hacerla funcionar.
 

El historiador Nicanor Larraín en «El País de Cuyo» afirma que la noticia más antigua es del 22 de marzo de 1797 en la que se ordena la creación de colegios para enseñar a los hijos de caciques, la lengua latina y castellana a fin de que puedan ser ordenados sacerdotes.
Los domínicos también abrieron un colegio noviciado en la primera mitad del siglo XVIII. En él se educó Fray Justo de Santa María de Oro, distinguiéndose entre los mejores alumnos.

La expulsión de los jesuitas, decretada por Carlos III, el 27 de febrero de 1767, fue lamentada por la población, pues cumplían con una gran misión civilizadora en la sociedad. Instruyeron a la juventud, evangelizaron y educaron a los indígenas y donde estuvieron se levantaron prósperas poblaciones.

A fin del siglo los preceptores eran seglares y cambiados con frecuencia por falta idoneidad o de conducta. Las condiciones exigidas para ser maestro primario: «que supiera los principios del Catolicismo, leer, escribir y contar con la mayor perfección y que sus costumbres sean cuales se requieren a ejemplarizar a la juventud para que salgan buenos ciudadanos».

Carlos III de España

En 1776 comienzan las dificultades financieras. El maestro Dionisio Jofré no puede cobrar sus haberes. Desde entonces aparece como una constante en la historia del magisterio.
No nos imaginamos cómo Jofré pudo subsistir debiéndosele doce meses de haberes; suponemos que su familia o su orden religiosa le proveía lo necesario. Lo positivo de este hecho es que la Junta contestó con bastante celeridad. 

Como en 1790-93 no alcanzaban los recursos para atender la educación pública, la Junta Central se permite sugerir a la local que persuada buenamente a los maestros para que dejen el cargo ya que no había con qué pagarles. Así se hizo: el Estado sale de la contingencia diciendo que los maestros eran responsables por haber renunciado. Por un tiempo se logró soslayar los reclamos del pueblo.
En 1796 el vecindario se expresó con gran vehemencia; intervino el Procurador General y el Cabildo se presentó a la Superioridad de Buenos Aires.

El vecindario culto promovió un movimiento, induciendo la Junta Municipal a crear una escuela de primeras letras con el personal de la Escuela del Rey. Este establecimiento debió funcionar a partir de junio de 1799, según se puede deducir de los trámites que realizó don Pedro Villarreal. Éste solicitó el cargo de maestro de primeras letras, estando dispuesto a dar los exámenes en el día que se lo citaren. Estuvo en ejercicio hasta el 16 de agosto de 1800 en que renuncia para trasladarse a Buenos Aires.
Entramos en el siglo XIX; ya se manifiesta claramente el interés, por lo menos de mantener lo realizado en materia de instrucción pública, por parte de los gobernantes y del grupo cultural de la época.

Eufrasio de Quiroga Sarmiento Funes fue por quince años obispo de San Juan. También gobernador interino de esa provincia. Era también tío de Domingo Faustino Sarmiento, a quien a los cuatro años le enseñó a leer. (1777-1852) Benjamín Franklin Rawson, 1852, San Juan. Museo Histórico Sarmiento

El 3 de junio de 1801, siendo virrey del Río de la Plata, don Joaquín del Pino se repone el aula de primeras letras y la de Latinidad, solicitando los cargos Pedro Villarreal y el presbítero Eufrasio de Quiroga Sarmiento, pero deben presentarse a concurso. También solicita la preceptoría don Pedro Iñíguez. Ya era corriente la presentación a concurso, demostrando con ello la preocupación de las autoridades de proveer personal no sólo idóneo sino de reputación inobjetable.

Entre los educadores de la etapa colonial, a más de los nombrados figuran según G. Moyano los siguientes: José Vásquez del Carril, Diego Lemos, presbítero Julián Espinosa, Pedro Sánchez, Manuel Torres, Dr. Manuel Astorga, Dr. Tadeo Garramuño, Juan Delgado, José Gómez, José de Azcarate, Pedro de los Ríos, Leandro Castro, Fray Manuel Garay, Pedro Castro, Manuel Maurín, Antonio Alvarez, Fernando Gutiérrez, José Santelices, Fray José Antonio Maurín fue el primer suplente, por enfermedad del presbítero don Ignacio del Carril.

José Ignacio Fernández Maradona, primer diputado nacional

Qué pasó en la educación en el periodo libertario

Cuando la Revolución de 1810, trajo a estas tierras «auras de libertad», en San Juan habían además de los colegios de los conventos, la escuela del Rey, primaria y un colegio privado dirigido por el Pbro. Manuel Torres.
La noticia de los sucesos de Buenos Aires, llegó el 17 de junio, acatando el mandato el 9 de julio de 1810. El mismo día el Cabildo de San Juan elige su primer diputado a la Junta de Gobierno de Buenos Aires: D. José Ignacio Fernández Maradona.

El pueblo sanjuanino confió, que las nuevas autoridades dieran satisfacción a las ansias de instrucción que poseían y que se aumentaran los recursos limitados de las Temporalidades. Se dirigieron en octubre, por intermedio del Cabildo a la Real Hacienda de Buenos Aires, manifestando que una escuela no basta para cubrir las necesidades de la población. Al no tener respuesta inmediata, envió otra el 12 de abril de 1811, ya a la junta provisional de Gobierno. Esta estaba ocupada y preocupada por afianzar y defender los principios revolucionarios en todo el virreinato.

El 15 de junio de 1811 el cabildo de San Juan reitera a la Primera Junta de Gobierno lo solicitado y el 2 de setiembre del mismo año, interviene para que se abone la deuda que se tiene con Manuel Torres.
A pesar de esos inconvenientes la escuela de primeras letras continuó funcionando con su maestro José de Santilices, cobrando sus haberes al día hasta abril de 1813.

Al vislumbrar nuevas penurias económicas, el síndico procurador Dionisio Navarro, envía nota en nombre del vecindario, pidiendo que reclamara al gobierno «a fin de evitar el despojo del único asilo de la juventud, cuya privación amenaza confundirnos en las tinieblas de la ignorancia».

La educación colonial en Argentina (siglos XVII-XVIII) fue eminentemente religiosa, elitista y clasista, dirigida por órdenes como los jesuitas y franciscanos. Se caracterizó por la evangelización, el aprendizaje memorístico, castigos corporales y la exclusión de mujeres y negros esclavos.

Los primeros reclamos gremiales

En San Juan, en 1804, el maestro Antonio Álvarez de Peralta que habría ejercido desde setiembre de 1803 como interino de la Escuela Real presenta una nota que dice: …»que habiendo servido al citado ministerio once meses y trece días… he devengado la cantidad de ciento noventa pesos fuertes del sueldo corriente de doscientos anuales. Y no pudiendo continuar más en dicho ministerio por mis notorias enfermedades que me impiden su cumplimiento y desempeño sea de servir Ud. mandar hacer la liquidación respectiva». Termina expresando: «Clamo, pido y supo se sirva proveer y mandar como debido».
La providencia ordenando el pago dice en su parte dispositiva: «Satisfágansele de la Tesorería del Ramo de Temporalidades y otorgue el correspondiente a continuación ante el escribano de la Renta» 1 de setiembre de 1804. Según el documento del Museo Histórico y Administrativo de San Juan, Álvarez de Peralta cobró los once meses que le adeudaban.