- 29/08/2026
La corriente del Niño y San Juan
A primera vista parecería que la cordillera de los Andes, con cumbres de más de 6.000 metros, debería bloquear completamente la influencia del Pacífico sobre San Juan. Sin embargo, no es así. La clave es que la corriente de El Niño no actúa enviando aire húmedo directamente desde el océano, sino que modifica la circulación de la atmósfera a escala continental.
El océano Pacífico ecuatorial se calienta más de lo normal. Ese calentamiento cambia la ubicación e intensidad de las zonas de lluvia tropical y altera la circulación atmosférica en gran parte del planeta.
Como consecuencia, cambian la trayectoria y la intensidad de las perturbaciones que llegan a los Andes desde el Pacífico.
Cuando esas perturbaciones alcanzan la cordillera, producen más nevadas en alta montaña y, en determinadas condiciones, favorecen el desarrollo de tormentas sobre el oeste argentino, incluyendo San Juan.
La cordillera actúa efectivamente como una barrera para la humedad. San Juan tiene un clima árido porque la mayor parte del vapor de agua precipita sobre la ladera chilena antes de cruzar los Andes. Sin embargo, durante algunos episodios de El Niño, los sistemas meteorológicos son más intensos y logran generar nevadas abundantes en la alta cordillera y, ocasionalmente, más lluvias del lado argentino como está ocurriendo en este 2026.

Por eso, los climatólogos consideran que la nieve acumulada en la cordillera de San Juan y Mendoza es uno de los indicadores más sensibles a los eventos fuertes de El Niño. Esa nieve es fundamental porque alimenta los ríos San Juan y Jáchal durante el deshielo, asegurando el agua para riego, consumo humano y generación hidroeléctrica.
O sea que la influencia de El Niño llega a San Juan «por la atmósfera», y no porque el aire húmedo del Pacífico cruce directamente la cordillera.
No se puede predecir con certeza cómo cambiará El Niño dentro de varias décadas, los modelos climáticos permiten hacer algunas estimaciones. Por ejemplo, se tiene cierta certeza que el fenómeno de El Niño seguirá existiendo. No desaparecerá, porque forma parte del funcionamiento natural del Océano Pacífico y de la atmósfera.
Los episodios muy intensos podrían ser más frecuentes a medida que aumente la temperatura global. Un océano más cálido proporciona más energía al sistema climático. Las lluvias y sequías asociadas a El Niño podrían volverse más extremas. Algunas regiones experimentarían inundaciones más severas y otras, sequías más prolongadas. Hoy se puede pronosticar El Niño con varios meses de anticipación, pero aún no es posible saber con precisión cuándo ocurrirá cada evento con años de antelación.
En Argentina, y particularmente a San Juan, el impacto también podría intensificarse porque El Niño modifica la circulación atmosférica sobre Sudamérica. Esto puede traducirse en: años con mayores precipitaciones que las habituales, tormentas más intensas, cambios en la acumulación de nieve en la cordillera, lo que afecta la disponibilidad de agua para riego y consumo.
En resumen, el consenso científico es que el cambio climático probablemente haga que los eventos extremos de El Niño y de su fase opuesta, La Niña, sean más intensos, aunque todavía existe incertidumbre sobre cuánto cambiarán su frecuencia y duración.



