- 19/09/2026
Íntimo y discreto
Hay algo simple que sirve para abrir y cerrar. No requiere llaves, códigos ni contraseñas. Existe desde antes del mundo digital y, aunque tiene cierto parentesco con lo digital, seguirá siendo irremediablemente analógico. Hay que operarlo a mano y, a veces, da bastante trabajo.
Es discreto porque suele mantener la boca cerrada y, por más que lo violen, no dice nada, no chilla y se queda quietito.
Desde hace tiempo intentan reemplazarlo por diferentes cosas y, hay que admitirlo, algunos adminículos lo hacen bastante bien y, además, son menos mañosos. Pero, en general, siguen siendo útiles e irreemplazables en lo más íntimo de nuestro ser.
Son compañeros que siempre van con uno y que, aunque puedan resultar entrometidos, también son muy discretos. No les interesa lucirse. Se saben útiles y nada más. Salvo alguna excepción, ni se dejan ver.
La mayoría son prolijos y presentables, aunque su trabajo tampoco les exige demasiado. Suelen ser aguantadores y modestos, por más que la vida los trate a los tirones. Ellos resisten en silencio, con la boca cerrada.
Y han sabido adaptarse a los tiempos. Prueba de ello es que hasta los viejos son muy abiertos.
En definitiva, el ojal es un invento que, desde que nacemos, nos acompaña y nos hace un poco más recatados. Allí están, íntimamente ubicados, como silenciosos guardianes del pudor.

