- 16/11/2025
Heliogábalo. El primer transexual de la historia

Su gobierno apenas duró cuatro años y sus actitudes sexuales, aborrecidas en el Imperio romano, le costaron la vida. «¿Quién podía soportar a un emperador que absorbía placer por todas las cavidades de su cuerpo, cuando nadie toleraría un comportamiento similar ni siquiera en una bestia?», relataba uno de los seis autores de la obra Historia Augusta.
La convergencia entre los historiadores expertos en la Antigua Roma es unánime. “Fue uno de los peores de su clase”, aseguran los que han hecho publicaciones acerca de él. Algunos de los autores más reconocidos como Elio Lampridio o Barthold Georg, llegaron a pedir disculpas por describir detalladamente algunas acciones de Heliogábalo.
Por mucho que la historia trate de olvidar el pasado, es imposible borrar todo rastro de un hombre que gobernó Roma desde el 218 al 222. Pese a su brevedad y la ordenanza del Senado al damnatio memoriae —olvido por decreto—, la memoria del emperador Heliogábalo sigue vigente a día de hoy.
La colección Historia Augusta, que conforma las biografías de los emperadores romanos desde el año 117 hasta el 284, le cataloga como el peor emperador romano. Era “una bestia (…) de lujurias antinaturales”, escribió el biógrafo Elio Lampridio.
Como emperador, Heliogábalo fue una bomba de relojería. Habiendo ascendido al poder a los catorce años, su mandato como emperador fue una especie de constante festival del erotismo. Se dice que ejerció la prostitución, contrató a un regimiento de prostitutas y, lo más importante, quiso cambiarse de sexo quirúrgicamente. Sin embargo, el nivel de desarrollo tecnológico de la época no se lo permitió, por mucho que les insistiera a los médicos.
Por supuesto, el hecho de que desde muy joven Heliogábalo quisiera tener cuerpo de mujer, así como su atracción por los hombres, le ha valido el rechazo de buena parte de los historiadores a lo largo de los siglos. Sin embargo, hoy en día, en un contexto en el que la homofobia retrocede rápidamente en muchos países occidentales, siguen existiendo muchos motivos para considerar a Heliogábalo un caos y un peligro público.
Desde muy joven, Heliogábalo llegó a ser el pontífice del dios El Gabal de su ciudad Emesa (Homs en la actualidad, Siria), una antigua deidad de la época, dios del Sol. La curiosidad de este dios es que estaba tallado en una piedra en forma de pene. Fue toda una declaración de intenciones cuando, poco después de desembarcar en Roma, legisló la adoración obligatoria a la estatua fálica en una zona en la que la ausencia de fieles de esa religión era total.
Lo más grave no era el objeto a adorar en sí, más bien en los rituales como ofrenda. Senadores y pretorianos debían asistir a estas afrentas, sin objeción. Escenas que eran de todo menos convencionales, sobre todo para la época: el emperador se vestía con atuendos femeninos y con el pectoral al aire, maquillado y con actitud femenina.
Pero esto era lo de menos.
Porque por otro lado, Heliogábalo mató a varias personas como consecuencia de su necesidad de divertirse constantemente. Cuando organizaba fiestas y orgías, acostumbraba a hacer caer tal lluvia de pétalos sobre sus invitados que algunos quedaban sepultados y se asfixiaban.
La conducta del joven emperador fue tan antisocial como errática y marcada por las maneras más extrañas de salir del aburrimiento a costa del bienestar de otros. Constituyó todo un grupo paramilitar para buscar, rastrear y reclutar a los varones con el pene más grande de los dominios romanos. Quería a los hombres mejor dotados para su disfrute personal.
Se pavoneaba en las sesiones con los senadores de los moretones y heridas que le dejaba Hierocles, cuando practicaban sexo sadomasoquista.
Conoció a Hierocles, un esclavo de Esmirna, y a Zotico, un fornido atleta griego más famoso por sus dotes sexuales que por sus logros deportivos. Se casó con ambos y, lejos de esconderse, llegó a reconocer públicamente su felicidad junto a estos hombres para que todo el mundo lo supiera, actitudes que empezaron a mosquear a sus senadores y a su propia guardia pretoriana. Se jactaba en las sesiones plenarias de las secuelas físicas que le dejaba su amante cuando practicaban sexo sadomasoquista (imaginarse las caras de los asistentes resulta francamente divertido).
Sus propios soldados se arrepintieron de haber conspirado contra Macrino para nombrar emperador a Heliogábalo tras sus vacaciones invernales en Nicomedia. «¿Quién podía soportar a un emperador que absorbía placer por todas las cavidades de su cuerpo, cuando nadie toleraría un comportamiento similar ni siquiera en una bestia?«, relataba uno de los seis autores de la obra Historia Augusta.
Utilizaba su poder para procurar que sus emisarios le buscaran «individuos con buenos cojones» para disfrutar de sus «cualidades» y le gustaba travestirse para realizar actos sexuales de lo más extravagantes. Como si de la diosa Venus se tratara, dejaba caer sus vestidos hasta los pies y se ponía de rodillas, desnudo, con una mano en su pecho y otra «en sus vergüenzas», echando hacia atrás sus nalgas y presentándoselas a su amante. Según el político y militar Dion Casio le gustaba ponerse pelucas y prostituirse —incluso algunos historiadores lo consideran el primer transexual de la historia—. Además, llegó a practicar los ritos de Salambo, un acto sirio que constaba de realizar orgías que incluían «el acto de castración».

La actitud de este joven, cuyo imperio dependía de él, no se quedó en meras actitudes sexuales a nivel privado. En la misma capital Romana frecuentó los tugurios más oscuros de toda la ciudad, ejerciendo profesionalmente la prostitución, construyó baños públicos para exponer las virtudes viriles de los ciudadanos e instauró los espectáculos de circo en el propio palacio imperial.
Toda esta excepcionalidad y desbarajuste socio-político, acabaron por que los propios que le ayudaron a erigirse en el poder de forma corrupta mediante el complot, hicieron lo propio con Heliogábalo, asesinándolo.
Constituyó todo un grupo paramilitar para buscar, rastrear y reclutar a los varones con el órgano más grande de los dominios romanos.
El odio de los senadores y del pueblo hacia su emperador no se limitaba únicamente a sus vicios sexuales. Vendió todo tipo de títulos, comandancias militares y demás cargos al mejor postor e intentó abolir todos los cultos que se celebraban en Roma destruyendo los santuarios religiosos. Heliogábalo quería ser adorado como un dios.
El emperador más odiado de Roma, no obstante, y de manera inusual para el siglo III, defendió en cierta medida a las mujeres. El primer día que el Senado celebró su rutinaria asamblea ordenó que su madre asistiera, un hecho totalmente insólito. Cuando llegó ocupó un lugar junto al escaño de los cónsules y estuvo presente en la redacción del decreto del Senado. Así, Heliogábalo se convirtió en el único emperador bajo cuyo gobierno fue admitida en el senado una mujer, ocupando el rango propio de un hombre.

De esta manera, el emperador también institucionalizó un Senado para mujeres, emplazándolo en la colina del Quirinal —lugar en el que se celebraban las reuniones de matronas—. Finalmente, en mitad de una ferviente oposición, Heliogábalo, con tan solo 18 años de edad, fue asesinado y reemplazado por su primo, Alejandro Severo el 11 de marzo de 222, en un complot tramado por su abuela. Tal y como escribe Néstor F. Marqués, el joven emperador «fue decapitado y arrastrado por las calles de Roma. Después su cuerpo fue arrojado al Tíber por los pretorianos. Junto a él estaba su madre, Julia Soemias, que corrió su misma suerte».
¿Era un enfermo mental?
¿Tenía Heliogábalo algún desequilibrio mental? No hay que confundir bajo ningún concepto la identidad de género u orientación sexual de este esperpéntico emperador con su tendencia a atentar contra el bienestar de los demás. Es muy relevante identificar el contexto en el que Heliogábalo fue nombrado líder del Imperio Romano, a una edad de 14 años, cuando todavía se está pensando en jugar a la pelota con los amigos.
La edad adolescente, aquella etapa de la vida en donde uno empieza a perfilar su personalidad, gustos y orientación sexual, se vio perturbada por los delirios de grandeza de su abuela, por el exceso de poder que supone ser Emperador de Roma y por la naturaleza perversa de la política de por aquél entonces, provocaron un desequilibrio emocional en Heliogábalo. Todo indica que Heliogábalo sí presentaba trastornos mentales, si bien esto no está relacionado con el hecho de ser transexual ni por sentir atracción por los varones.

El hombre con dos maridos
De Heliogábalo se ha dicho que era un hombre «extremadamente guapo y de ojos brillantes». Pero su interés por cuidarse quedaba muy lejos de lo que se esperaba de un varón, y más del emperador. Prefería pasar el día cantando, tejiendo y bailando junto con el resto de mujeres de la corte usando pelucas y pintándose con esmero , antes que otras actividades más «masculinas».«Los soldados se revelaron al verlo con el rostro profusamente maquilado, estridentemente afeminado y vestido de ropas delicadas, ligeras y colgantes de oro que titilaban cuando bailaba»
Los maridos
Hierocles era un caballero rubio que conquistó a Heliogábalo con su gran «encanto». Tanto es así que, lejos de quedarse como auriga mayor, Heliogábalo quiso nombrarlo César y se hacía llamar «la reina de Hierocles». Además, lo trataba -públicamente- como su marido. Asimismo, se pavoneaba en las sesiones con los senadores de los moratones y heridas que le dejaba Hierocles, cuando practicaban sexo BDSM – sado, para entendernos -. Además de pasearse del brazo de éste con el ojo morado. Por otro lado, Zotico pasó de ser un humilde cocinero a cubiculario – el sirviente más cercano al emperador. Y cumplió con la demanda de Heliogábalo de referirse a él como «señora».
Se casó con ambos y, lejos de esconderse, llegó a reconocer públicamente su felicidad junto a esos hombres para que todo el mundo lo supiera.
Sin embargo, aunque ambas ceremonias se realizaron de forma pública en Roma, los senadores y la guardia pretoriana nunca las aceptaron. Pues cada vez veían más excéntrica -y peligrosa- la actitud de Heliogábalo.
Fuentes: Wikipedia, Khronos Historia, www.elespañol.com, Psicología y mente.com




