- 08/06/2025
“¡Está caro tomar un cafecito!”
No hay dudas que el café es una de las bebidas más populares del mundo. En la Argentina el café es toda una institución, En el café se hacen reuniones de trabajo o se discute sobre futbol. Es punto de encuentro para comentar lo que ocurre en la política o como lo dice maravillosamente Catulo Castillo, el lugar para despedir un amor:
Y allí, con tu impiedad
Me vi morir de pie
Medí tu vanidad
Y entonces comprendí mi soledad, sin para qué…
Llovía y te ofrecí, ¡el último café!
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Hay prácticamente una cultura alrededor del café. Y no depende sólo de las diferentes variedades, de su cultivo y proceso de tostado ni de la gran cantidad de máquinas diferentes o diversas formas de prepararlo.
El café del que hablamos es el que se toma…¡en el café!
Y es acá donde aparece una brutal diferencia de precios entre un café y otro, dependiendo de dónde lo tomemos.
Repasemos algunos precios.
>En Estados Unidos, por ejemplo, pueden tomarse todos los tipos de café del mundo pero también que sirven el típico café americano prácticamente en cualquier lado a un precio ridículo. En los hoteles también hay máquinas de café preparadas para servir un café bien aguado. En general un buen café en una buena cafetería ronda los 3 dólares, un precio ,muy parecido al de una ciudad canadiense como Toronto donde la bebida servida en una mesa concurrida puede costar alrededor de los 3 dólares también.
>En Ciudad de México el precio ronda los 2 dólares y en casi todas las ciudades centroamericanas la variación son 10 centavos más o menos de esa cifra.
>En Europa hay de todo. En el viejo continente hay variedad de precios, pero también una cultura cafetera muy rica que ha permitido preparar numerosas variedades a lo largo de los años como el café vienés, el capuchino, cafés con todo tipo de licores y hasta con frutas. Hay cafés muy baratos en Varsovia o Moscú pero también cafés carísimos en ciudades como Copenhague, Oslo o Helsinki donde ronda los 4 dólares.
>En París se llega a pagar 4.50 pero en Madrid se puede pagar 2 dolares y también más. dependiendo del lugar. Lo mismo pasa en Roma. Pero para hacer un promedio digamos que tanto en Italia como en España el precio es de alrededor de 2,50 dólares.
>En América del Sur tenemos más contrastes. Se paga alrededor de 2 dólares en Lima, 3 dólares en Montevideo, poco más de 1 dólar en Bogotá o São Paulo, 2,5 dólares en Ciudad de México o Santiago de Chile.
En Buenos Aires el corresponsal del diario El Pais de Madrid se asombró de los precios. Escribió que un almuerzo ronda los 18 dólares (el doble que en otras capitales) y por un café debía pagar 3,50 dólares, “un precio que no condice con los ingresos de la clase media argentina que es inferior a lo que se gana en países vecinos”. Y agregó: “Los precios se disparan aún más en los casos de la ropa, los automóviles o los electrónicos, sectores que en Argentina están muy protegidos de la competencia externa”
El corresponsal del diario europeo dijo que “para una hora de estacionamiento, el porteño gastará 4,5 dólares por hora, contra los dos dólares del mexicano o el colombiano. El patrón se repite en el litro de leche de primera marca o en una lata de Coca-Cola en el supermercado.O sea, no sólo el café está caro si se lo compara con el dólar actual”
Y en San Juan?
En San Juan los precios varían con el lugar. Están los que cobran alrededor de 2 dólares (2,400 pesos) y también los que se acercan a los 3 dólares porque agregan una tortita que nadie pidió o le suman una propina obligatoria. El sanjuanino hace sus cálculos y comenta: “Si una cápsula de café de primera marca cuesta 50 centavos de dólar y los alquileres son más baratos que en Buenos Aires y mucho menos que en Paris o Londres por qué pagamos lo mismo o más que en una gran capital”.
Lo curioso es que el precio es más o menos similar en los cafes que en los restaurantes donde debería ser menos poir ser un simple complemento a una comida.
Lo cierto es que estos precios –o los bajos ingresos- han hecho que muchos cafés sólo se llenen a media mañana y muestren un aspecto desolado la mayor parte del día.
Como describió muy bien un propietario de café hace algunos días: “Quién venía a desayunar todos los días ahora viene a tomar un simple café; quién venía todos los días a tomar un café ahora viene un par de veces por semana. Y están también los que vienen sólo a compartir una charla con los amigos de siempre pero no piden nada. Qué se le va a hacer. No hay nada peor que un café desierto”.

