• 11/07/2026

Elegidos

Elegidos

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

En una propaganda de productos para bebés aparece la foto de uno precioso y dice: «Él empieza hablando como vos y vos empezás a hablar como él. Eso es lo que pasa cuando dos personas se eligen para siempre».

Cuánto dice esa frase y cuán cierta es. Es lo más deseable, es lo máximo que se puede pedir a dos seres: comunicarse bien y afectuosamente y, además, elegirse para siempre. Casi un exceso; es algo muy infrecuente que se dé de manera completa esa hermosa relación. Salvo que sean padres e hijos, es poco común que otro tipo de vínculo, que no sea de sangre, consiga esa comunión perfecta.

Es frecuente que dos enamorados lleguen a hablar al unísono y amorosamente, sobre todo luego de conocerse bien y haber armonizado en muchas cosas. Eso no es garantía de que sea para siempre. A veces sí, pero no es lo común, y menos hoy, cuando todo parece tan efímero.

Otras veces se unen en una relación que perdura mucho, casi para siempre, pero eso tampoco es garantía de que se entiendan bien, de que hablen el mismo idioma. Hoy y siempre han habido infinitos motivos para que dos personas sigan juntas: desde la conveniencia material hasta la necesidad de compañía. Un techo en común no asegura armonía ni bonhomía.

Todo lo dicho es verdad, es de la vida real, concreto; no pertenece al mundo de una publicidad. Tampoco es una visión pesimista: es una alerta para que valoremos lo que conseguimos, aunque no sea perfecto. Es para comprender que ese ideal es posible, pero que no se da automáticamente como en el caso del bebé y su madre, porque dos personas distintas no han nacido de la misma madre.

Entonces, a disfrutar de los hijos y a aproximarnos más y mejor a quienes no lo son, pero nos eligieron.