• 31/08/2025

El poder oculto

El poder oculto

¿Existe el poder detrás del poder? ¿Lo encarna un sistema, un hombre insospechado o quizás, una organización mafiosa?¿Qué fue la Logia P2? ¿Existe una organización de ese tipo en la Argentina?

Una nota de Juan Carlos Bataller

Muchas veces, amigos y conocidos me han preguntado que fue la famosa P2. La explicación se puede encontrar en mis artículos en Clarín de esa época o en mi libro Cómo y porqué sobrevive Italia, editado por Hachete en 1983. A continuación un resumen del texto actualizado.

El «gran descubrimiento» se produjo el 17 de marzo de 1981. Tres magistrados milaneses, Gherardo Colombo, Giuliano Turone y Guido Viola, que investigaban sobre el fingido secuestro del otrora poderosísimo banquero Michele Sindona –en ese momento detenido en los Estados Unidos– resolvieron allanar la villa que Licio Gelli, el misterioso e intocable «Gran Maestro» de la logia masónica Propaganda 2 (más conocida como P-2), poseía en la localidad de Arezzo y las oficinas de éste en la empresa GioLe, de Castel Fibocchi, ambas en la espléndida región toscana.

Aparentemente se trataba de un simple operativo de rutina tendiente a investigar las posibles conexiones que existían entre el banquero y Gelli y su logia. O quizás no era así. Porque en la vida política italiana nada es fortuito. Los escándalos nacen, se desarrollan, amenazan despedazar al país… y mueren.

Para algunos, Gelli era un habilísimo titiritero. Para otros, simplemente una marioneta, que supo tejer pacientemente una tela de araña proyectada por otros que aún permanecían en las sombras.

>>> 

Siempre movidos por intereses y objetivos políticos. Los escándalos constituyen un elemento fundamental, agotador y muchas veces revitalizante en la lucha por el poder. El expediente no sólo lo utilizan los partidos de la oposición contra el gobierno o el gobierno contra la oposición. También recurren a él los partidos que integran una misma coalición para desgastar a sus «socios» y hasta sectores enfrentados de un mismo partido.

Para muchos observadores, el escándalo constituye un deporte nacional de los italianos. Pero es justo reconocer que éste es uno de los pocos países donde los trapos sucios se lavan a la luz del día. Y quien no sabe hacer las cosas o no tiene el suficiente poder o habilidad para encontrar una solución políticamente potable que le permita salir del problema en que se metió –o lo hicieron caer–, paga. Así sea el mismo presidente de la República, como le ocurrió a Giovanni Leone, en el sonado «escándalo Lockheed».

Liccio Gelli en su momento de mayor esplendor. Había comenzado como vendedor de colchones, fue “camisa negra” y ferviente anticomunista.

>>> 

Pero en este caso no se trataba de un escándalo más. Al abrir una valija que contenida documentos, los magistrados advirtieron que habían descubierto algo más grande de lo que esperaban. Apareció una lista de 962 afiliados a la logia masónica «cubierta» P-2, documentos relacionados con los más sonados escándalos de los últimos tiempos, nombres de personajes de países –entre estos Argentina– elementos que probaban exportaciones clandestinas de capital, operaciones financieras ilícitas, chantajes. De pronto otra Italia, subterránea, secreta, amenazante, había salido a la luz.

Los italianos, siempre adeptos a las definiciones rimbombantes, no dudaron en calificarlo «el escándalo de los escándalos». Un caso que dominaría la escena política durante todo 1981 y que nunca llegó a cerrarse.

>>> 

La lista de los presuntos inscriptos causó conmoción no sólo en Italia sino también en la sede de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y en todo el mundo. En ella, entre decenas de militares, aparecían nombres libres de toda sospecha: Giovanni Torrisi, jefe del estado mayor de Defensa (máxima autoridad militar); Walter Pelosi, jefe de CESIS, el órgano de coordinación de los servicios secretos italianos; Giuseppe Santovito, general y jefe del SISMI, el contraespionaje militar; Giulio Grassini, general de los «carabinieri» y responsable del SISDE, el servicio de seguridad interno; Bruno Di Fabio, un oficial de la Marina que trabajaba en la oficina de informaciones de la OTAN donde llegan los informes secretos de los quince países miembros de la Alianza; Angelo Rega, un funcionario del Ministerio de Industria destacado en representación del gobierno italiano ante el comando aliado.

Para los altos mandos de la OTAN no se trataba sólo de un problema político interno de Italia. Si un militar pertenecía a una logia, a quien servía: ¿a su país, a la alianza o la hermandad?

El nombre de Gelli apareció en casi todos los escándalos de los últimos 30 años, desde la quiebra del mayor banco de Italia, pasando por los sobornos de las empresas y la existencia de una estructura paramilitar secreta con el objetivo de impedir que los comunistas italianos llegaran al poder.

>>> 

El parlamento italiano, mientras tanto, era un hervidero. En las hasta el momento desconocidas listas de la P-2 figuraban los ministros de Justicia, el democristiano Adolfo Sarti; de Comercio Exterior, el socialista Enrico Manca, y de Trabajo, el democristiano Franco Foschi. También estaban el secretario general del Partido Socialista Democrático (componente de la mayoría de gobierno), Prieto Longo; dos decenas de diputados y senadores que representaban a casi todos los partidos actuantes en el parlamento (sólo faltaban hombres de las bancadas comunista y radical), ex funcionarios, ex legisladores, conocidos dirigentes provinciales y nacionales.

>>> 

Los nombres circulaban como regueros de pólvora y llegaban hasta el Consejo Superior de la Magistratura (la corte de Justicia), donde algunos de sus integrantes aparecía comprometidos, a las jefaturas de policía de las importantes ciudades, al mundo de las altas finanzas, que se conmovió al leer el nombre de Roberto Calvi, presidente del Banco Ambrosiano, el más poderoso banco privado del país, estrechamente ligado a las finanzas vaticanas.

En el periodismo la conmoción no era menor. Angelo Rizzoli, el propietario de la principal editorial italiana, poseedora de decenas de publicaciones, entre ellas el tradicional «Corriere della Sera», el diario más prestigioso de la península, y entonces copropietaria de la Editorial Crea en la República Argentina, se mencionaba junto a una lista en la que también aparecía una decena de directores y periodistas de medios de difusión escritos y televisivos del grupo.

El general Suarez Mason en una foto de 1981.

>>> 

Las noticias cruzaban el océano. Las agencias informaban que en las listas de Licio Gelli figuraban varios argentinos. Entre los más destacados, el ex presidente provisional Raúl Lastriri, José López Rega, Alberto Vignes, César de la vega, Guillermo De la Plaza, Federico Bartfeld, José María Villone, el general Carlos Suárez Mason y el almirante Emilio Eduardo Massera.

Las listas se completaban con otros importantes personajes de Uruguay, Brasil y, sobre todo, Italia. Un diario peninsular no dudó en titular su artículo: «La multinacional del venerable Licio».

¿Pero las listas probaban que los mencionados pertenecían a la logia secreta? Sólo una minoría admitió su relación con Gelli. Otros pocos se confesaron masones pero señalaron que nada tenían que ver con las logias secretas. La mayoría negó terminantemente cualquier vinculación y no dudó en calificar el elenco como «La invención de un mitómano».

>>> 

Pero los magistrados y el gobierno –apremiados por el parlamento– decidieron que las listas debían tener estado público. El escándalo estaba en marcha. Y los magistrados sabían que tenían que vérsela con un personaje –Licio Gelli– extremadamente poderoso, que se jactaba de su amistad con el rey Juan Carlos, con Perón, con Sadat, Carter y hasta Ronald Reagan. Un hombre que desde el 13 de setiembre de 1974 estaba acreditado como consejero económico de la embajada argentina ante el gobierno de Roma (había adoptado la doble ciudadanía en virtud de la ley 282 de Italia en base a la cual cualquier ciudadano peninsular podía ser también argentino y viceversa) y que en octubre de ese mismo año 1974 había sido condecorado por el gobierno de nuestro país con la «Gran Cruz de la Orden del Libertador General San Martín». Los abogados de Gelli pronto hicieron sentir su voz, denunciando que había sido «avasallada la inmunidad de un diplomático argentino», argumento que fue inmediatamente descalificado por los jueces, que alegaron que solo se había «allanado el domicilio de un ciudadano italiano».

En 1974 Gelli fue condecorado por el presidente Juan Domingo Perón. Según notas periodísticas fue el hombre encargado de persuadir a los Estados Unidos y al Vaticano que el retorno de  Perón al país implicaría una barrera contra la propagación del comunismo en América latina.

>>> 

Los cargos contra Gelli se sucedían sin interrupción. El oscuro pistoiese nacido el 21 de abril de 1919 que ni siquiera logró alcanzar el título de perito mercantil en el «instituto Técnico per Regioneri» de su ciudad natal estaba en boca de todos. Se había transformado en un personaje de leyenda que los diarios alimentaban haciendo resaltar sus características hasta el ridículo. Pero quedaba en pie una duda: para algunos, Gelli era un habilísimo titiritero. Para otros, simplemente una marioneta, que supo tejer pacientemente una tela de araña proyectada por otros que aún permanecían en las sombras.

Lo concreto era que el hombre que de martes a viernes atendía a los más encumbrados personajes de la vida italiana en su suite del señorial Hotel Excelsior, en la famosa Via Veneto, de Roma, movía hilos de los que pendían servicios secretos, ministros, parlamentarios, jueces, financistas, directores de diarios. En una palabra, había construido un «poder invisible», un estado dentro del estado, con ramificaciones insospechadas. Un poder en el que sólo él conocía a todos sus súbditos pero en el que éstos no se conocían entre sí y, en la inmensa mayoría de los casos, sólo creían que integraban una «hermandad» en la que todos daban y recibían ayuda para hacer carrera más rápidamente, para aumentar sus poderes, para incrementar sus patrimonios, para sentirse, en definitiva, defendidos en una sociedad caracterizada por la crueldad y los egoísmos y en la que todo el mundo intentaba sacar provecho.

>>> 

Pero Gelli, evidentemente, sabía cuál era su juego. Sabía perfectamente que si ayudaba a alguien a escalar posiciones en su órbita de acción, luego recogería beneficios y mayor poder.

Naturalmente, en el juego había ganadores y perdedores. Y el principal perdedor era la democracia italiana. ¿Cómo esa democracia, que llena de orgullo a los italianos, pudo permitir la gestación de tan inmensa máquina de poder? Una explicación atendible es la de Carlo Rognoni, director del semanario «Panorama»: «Esa lista de 962 masones no estaba formada solo de granujas (pocos) o de golpistas (aún menos). En su mayoría estaba integrada por débiles, ambiciosos, hasta ingenuos, que difícilmente puedan dar una explicación coherente a sus actitudes». Un ejemplo puede ser el periodista Maurizio Gelli –un hombre en el punto más alto de su carrera, director periodístico de la cadena televisiva de la Rizzoli, quien en una entrevista afirmo llorando: «Yo no necesitaba de la P-2 para hacer carrera. Pero me inscribí. ¿Por qué? Porque soy un cretino».

El caso P2 desencadenó la más grande «purga» en los vértices de las fuerzas armadas y de seguridad, renunciaron directores de diarios, magistrados, parlamentarios, ministros del gabinete nacional, y se escribieron millares de artículos y varios libros.

>>> 

En el caso de la P-2 no se trataba y no se trató nunca de moralismo. Se trataba más bien de un proceso de mutación de la estructura de poder.

Esa mutación tenía la forma de una maquinaria que utilizaba información para conseguir favores que permitían a sus mentores concretar grandes negociados e influir cada vez más en el país. Una maquinaria apta para chantajes, la presión a través de cierta prensa o la utilización de canales financieros.

En Italia las estructuras básicas de la solidaridad social son la familia y el partido político. Así como en la India son la familia y la casta y en los Estados Unidos el grupo étnico y el club.

En Italia y también en otros países, en todas las decisiones económicas, profesionales, en la asignación de puestos y cargos, prevalece siempre el criterio político, de partido o de corriente. Es en ese ámbito que se deciden no sólo quién debe ser primer ministro, el ministro de la Corte de Justicia o una muestra filatélica. Y es por eso que palabras como «clientelismo» o «loteo» del poder son típicas del lenguaje político peninsular.

>>> 

La logia, la «hermandad», ofrecían aparentemente a los incautos adherentes la cuota de protección y apoyo que se necesita en una sociedad donde el poder de una persona en la lucha política se mide en base a una invulnerabilidad ante los escándalos.

A la P-2, en resumen, se podía adherir por los motivos más dispares. Desde hacer buenos negocios a complotar; desde una necesidad de solidaridad y seguridad hasta para escalar más rápidamente posiciones en los partidos, en las empresas, en la función pública.

La estructura como logia masónica, por si sola, no era ni siquiera indispensable para asegurar o consentir el funcionamiento del mecanismo. Pero se prestaba excelentemente para camuflarlo o, en última instancia, cobijarlo dentro del más vasto ámbito de la masonería oficial, a la que, sin lugar a dudas, el caso perjudico enormemente.

>>> 

Tomar a la P-2 como una simple organización para cometer delitos y reprimirla con el código penal en la mano constituía una tarea absurda. Significaba no entender lo que había pasado. La P-2 solo podría haberse gestado en medio de una profunda crisis de la vida política del país. Una crisis que algunos partidos y la mayoría de los diarios intentaban poner al descubierto. Y que otros pretendían continuar ocultando, aislando el episodio, protegiendo y amnistiando a los políticos implicados en la logia, sugiriendo juzgar las actividades individuales y no el fenómeno colectivo.

Enrico Berlinguer, el líder del Partido Comunista, decía en aquellos meses: «Los partidos de hoy son sobre todo máquinas de poder y de clientela. Conocen poco de la vida y los problemas de la sociedad y de la gente. Las ideas, los ideales y los programas son escasos y vagos; los sentimientos y las pasiones civiles, cero. Gestionan los más disparatados intereses, lo más contradictorios, hasta los que no tienen relación con las exigencias y las necesidades humanas emergentes».

El poderoso líder de la P2 fue condenado por apropiarse de secretos de Estado, calumniar a magistrados e intentar desviar las investigaciones por el atentado a la estación de Bologna en 1980. Sin embargo, logró fugarse de una cárcel suiza en agosto de 1983, se refugió en América del Sur,  y se entregó a la Justicia en Suiza en 1987.

>>> 

¿Era lícito llegar a la conclusión de que un personaje activo prejuiciado, conocedor de las debilidades del ser humano pero al fin de cuenta intelectualmente modesto y sin carisma personal, como Licio Gelli, había sido capaz de montar un mecanismo de esas dimensiones y complejidad? ¿Podía haberlo hecho sin que detrás de él y a un nivel mucho más elevado hubiera otro –u otros– personajes?

En Italia siempre se habló de poder oculto y poder oficial. Y es comprensible, aunque no se acepte, que así sea si se tiene en cuenta la complejidad de la sociedad peninsular. Los italianos creen en todo y no creen en nada. Han visto y oído tantas cosas, han observado pasar tanta agua por el Tiber, que pocas cosas pueden apasionarlos o desilusionarlos. O tan siquiera sorprenderlos.

>>> 

¿Acaso la mafia siciliana no jugó un activo papel en favor de los aliados en el final de la Segunda Guerra Mundial y fue reconocida por aquéllos? ¿O no es cierto que la Libia de Kadafi, sospechada y acusada de propiciar y financiar a los terrorismos de extrema derecha y extrema izquierda italianos posee acciones en el Fiat, que es la mayor empresa del país? ¿O quizás alguien duda que la mafia y la camorra y se dedicaban al contrabando y venta de cigarrillos, la trata de blancas, la extorsión al comercio y la industria y el negocio de la droga? ¿Es necesario o no negociar con los grandes «boss» de la mafia para ganar las elecciones en Sicilia? ¿Alguien puede ignorar que en Nápoles la camorra es el principal empleador?

>>> 

No, nadie puede ignorar que la economía y la política italianas son más complejas, llenas de vericuetos y sorpresas. Lo extraño es que todo puede funcionar en armonía y el país gozar de un alto nivel de vida, de libertad, de democracia. Una armonía que solo se rompe cuando estallan los escándalos. Cuando las fuerzas políticas buscan nuevos reacomodamientos, intentan ganar nuevas posiciones. Y quizás sea así porque todos tienen perfectamente en claro que el «juego del escándalo» es lícito siempre y cuando no se llegue a un punto de ruptura. Ese inmenso barco en forma de bota, con más de 55 millones de personas a bordo y mucho ingenio pero pocos recursos para aprovechar, aceptar pasar por las peores tormentas, hasta casi llega a gozar cuando su casco cruje por la violencia de fuerzas contrapuestas, no le agobia ensuciar y lavar su honor cada día. Pero ¡Cuidado!, que nadie quiera llegar al naufragio final, que nadie pretenda tirar de la cuerda hasta que ésta se corte, porque fracasará. Y no será perdonado.

Emilio Masera fue recibido por Paulo VI

>>> 

El líder socialista Battino Craxi hablaba de un hipotético «gran viejo» que manejaba los hilos del terrorismo y los más imaginativos piensan en un venerable anciano de cabellos blancos y porte distinguido que desde su sillón de la presidencia de una gran empresa o su poltrona en un ministerio, ordena matar, secuestrar, comprar armas o asaltar bancos. ¿Cuánto hay de imaginación y cuánto de verdad en las suposiciones sobre todos los «grandes viejos» que cobija la vida italiana? Hasta ahora nadie supo probar nada. Quizás porque son tantos los «grandes viejos» que no existe un «gran viejo».

Una imagen de Calvi colgando en uno de los puentes del Támesis, en Londres
Tapa del diario romano La República, luego del “suicidio” de Calvi.

>>> 

En ese escenario se desarrolla el caso de la P-2, el mayor de los escándalos en la historia italiana. Un escándalo en el que muchos pagaron los platos rotos. Y a la luz pública, ante los ojos de todos. Así fue como a los pocos días de iniciadas las revelaciones cayó el gobierno del democristiano Arnaldo Forlani y por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la democracia cristiana perdió el sillón de primer ministro, que paso a hospedar la robusta humanidad del republicano Giovanni Spadolini, representante de un partido que solo concentraba el tres por ciento del electorado. Fue tan grande el cimbronazo que debió llegarse a una solución de este tipo.

>>> 

Así fue como se desencadenó la más grande «purga» en los vértices de las fuerzas armadas y de seguridad que se recuerde en la historia de los países democráticos.

Así fue como renunciaron directores de diarios presuntamente comprometidos en la logia.

Así fue como renunciaron magistrados, parlamentarios, funcionarios, ministros del gabinete nacional, como se conmocionaron la mayoría de los partidos políticos, como se escribieron millares de artículos periodísticos y varios libros.

Así fue como se produjeron misteriosos suicidios, entre ellos el de algún exponente de las fuerzas de seguridad y como el hasta entonces intocable presidente del Banco Ambrosiano, Roberto Calvi, apareció colgado de un puente sobre el londinense río Támesis.

>>> 

También es así como el Vaticano se ha visto envuelto en una historia que lo perjudica y el nombre de sus encargados de las finanzas aparece mezclado junto a los de Calvi o Sindona.

Y así es, finalmente, como se continúa hablando del caso y aparecen derivaciones y ramificaciones insospechadas, en negocios internaciones que va desde la venta de armas hasta oscuras financiaciones y de las que pocos miembros de la logia estaban informados.

El caso continuó extendiéndose como una bola de nieve en Italia y en otras partes del mundo.

Lo paradójico es que el capítulo argentino, que pareciera ser uno de los más importantes de esa historia, está cerrado. Al menos, no se lo investigó, con el fin de determinar por encima de instrumentalizaciones políticas que significó y cuál fue su influencia en al menos diez años de la historia argentina.