• 25/07/2026

El payaso asesino

El payaso asesino

John Wayne Gacy, conocido como «El payaso asesino», fue uno de los criminales más perturbadores de Estados Unidos debido a la doble vida que llevaba.

Gacy era un empresario de la construcción exitoso y un miembro activo del Partido Demócrata en Chicago. Creó el personaje del payaso Pogo para actuar voluntariamente en desfiles, eventos benéficos y hospitales infantiles. Organizaba famosas fiestas en el jardín de su casa a las que asistían cientos de personas, incluidos políticos locales.

Wayne Gacy a los 18 años.

John Wayne Gacy creció con un padre extremadamente abusivo que lo humillaba y lo llamaba «maricón» o «débil». Gacy reprimió su propia atracción hacia los hombres y comenzó a odiar a los jóvenes que tenían la libertad que él nunca tuvo.

Elegía a jóvenes vulnerables, vagabundos, trabajadores sexuales masculinos o chicos que buscaban empleo en su constructora. Gacy los consideraba «basura humana» y sentía que les hacía un favor a la sociedad al eliminarlos.

Para Gacy, el acto sexual común no era suficiente; necesitaba el control total sobre la vida y la muerte de otra persona para sentirse poderoso.

Atraía a los chicos a su casa ofreciéndoles trabajos bien pagos en su empresa de construcción o dinero a cambio de favores sexuales. Una vez adentro, les ofrecía alcohol o marihuana para adormecer sus sentidos.

John Wayne Gacy, conocido como «El payaso asesino», en una foto de 1976

El truco de las esposas

El momento clave llegaba cuando les proponía un juego. Gacy les mostraba unas esposas policiales y les enseñaba un «truco de magia» para quitárselas. Desafiaba a la víctima a ponérselas; una vez que el joven aceptaba y quedaba inmovilizado, la actitud de Gacy cambiaba por completo y revelaba sus verdaderas intenciones.

Con la víctima atada a una silla o a la cama, Gacy la sometía a violaciones, agresiones físicas y tortura psicológica durante horas, a veces durante días enteros.

Utilizaba un método de tortura en el que vertía agua u otros líquidos en la boca y nariz de las víctimas mientras estaban atadas, provocándoles una sensación de ahogamiento inminente.

Para asesinarlos, utilizaba una cuerda o una varilla de madera con la que improvisaba un torniquete alrededor del cuello de la víctima. Gacy confesó que apretaba la cuerda hasta que perdían el conocimiento, esperaba a que se despertaran y volvía a apretar. Repetía este proceso varias veces antes de quitarles la vida por completo para prolongar su agonía.

En varios casos, el abuso continuaba incluso después de que las víctimas hubieran fallecido (necrofilia).

Finalmente, tras completar el crimen, Gacy arrojaba cal viva sobre los cuerpos en el sótano de tierra de su casa para acelerar la descomposición y mitigar el olor, antes de cubrirlos con una capa de tierra.

Robert Jerome Piest

La investigación policial

Un acoso psicológico y el «olor a muerte»

La caída de Gacy comenzó formalmente el 11 de diciembre de 1978, cuando el joven de 15 años Robert Piest desapareció tras salir de la farmacia donde trabajaba. Piest le había dicho a su madre que se iba a reunir con un contratista llamado John Wayne Gacy para hablar sobre un empleo. Cuando el chico no regresó, la denuncia llevó a la policía de Des Plaines directo a la puerta de Gacy.

Gacy alegó que no conocía a Piest, pero los investigadores descubrieron contradicciones en sus horarios. Al no tener pruebas suficientes para arrestarlo, la policía montó una vigilancia extrema sobre él. Dos patrullas lo seguían a donde fuera, de día y de noche.

Con una arrogancia total, Gacy interactuaba con los policías que lo vigilaban. Los invitaba a tomar café, cenaba en los mismos restaurantes e incluso se burlaba de ellos diciendo: «Saben, un civil común no tiene guardaespaldas gratis todo el día».

El error fatal

Durante una de esas conversaciones casuales, Gacy invitó a los oficiales a entrar a su casa a usar el baño. Al ingresar, el aire caliente de la calefacción central arrastró un hedor insoportable desde las rejillas del suelo. Uno de los oficiales, que tenía experiencia previa en la Marina manejando cuerpos, identificó de inmediato el olor a tejido humano en descomposición.

Con esa sospecha consiguieron una orden judicial. Al revisar el sótano (un espacio bajo el suelo de tierra), los oficiales encontraron un hueso humano expuesto. Gacy colapsó psicológicamente y terminó confesando que había decenas de cuerpos enterrados allí.

Fotos del prontuario policial de John Wayne Gacy, del Departamento de Policía de Des Plaines, Illinois, diciembre de 1978.

El perfil psicológico

El nacimiento de «Jack»

En prisión y durante su juicio en 1980, Gacy fue analizado por numerosos psiquiatras. Su perfil arrojó datos estremecedores sobre cómo opera la mente de un psicópata con un alto puntaje en la escala de Hare (alrededor de 36/40):

  • Trastorno de Personalidad Antisocial (TPA): Gacy carecía por completo de empatía, culpa o remordimiento. Sus emociones eran superficiales; hablaba de los asesinatos como si estuviera describiendo transacciones comerciales cotidianas.
  • Encanto superficial y manipulación: Tenía una habilidad extrema para ganarse la confianza de la gente. Usaba su estatus político y su rol como el payaso «Pogo» para camuflar sus sádicos impulsos sexuales.
  • El «Alter Ego» (Jack): Para justificar sus crímenes y no dañar su propia imagen de ciudadano ejemplar, Gacy creó una personalidad alternativa llamada «Jack». Durante los interrogatorios, afirmaba: «John Gacy es un buen hombre, un contratista que ayuda a la comunidad. Jack es el que cometió los asesinatos».
  • Narcisismo extremo: Incluso estando tras las rejas, creía que era más inteligente que cualquiera. Pasó sus años en el corredor de la muerte pintando cuadros (muchos de ellos de payasos o de los Siete Enanitos) que luego vendía a coleccionistas por miles de dólares. Nunca pidió perdón a las familias de las víctimas.
John Wayne Gacy, ingresa detenido al Departamento de Policía de Des Plaines, Illinois, diciembre de 1978.

Juicio y ejecución

Fue hallado culpable del asesinato de 33 jóvenes y sentenciado a la pena de muerte.

Antes de recibir la inyección letal en 1994, no mostró arrepentimiento y sus últimas palabras fueron una grosería hacia los ejecutores: «Kiss my ass» (Besen mi trasero).

El uso del ADN décadas después

Cuando la policía desenterró la casa de Gacy, la escena era un rompecabezas forense caótico. Se recuperaron 33 conjuntos de restos humanos (26 en el sótano, 3 en el jardín y 4 recuperados en ríos cercanos).

Oficiales y médicos forenses sacan uno de los cuerpos de la casa de Wayne Gacy, en 1979

La tecnología de ADN no existía para la identificación criminal. Los antropólogos forenses tuvieron que depender exclusivamente de registros dentales, fracturas óseas previas y radiografías. Gracias a esos métodos antiguos, se identificó a la mayoría de los jóvenes, pero 8 cuerpos quedaron completamente anónimos y fueron enterrados en tumbas sin nombre bajo la etiqueta de «John Doe».

La reapertura del caso (2011)

El sheriff del condado de Cook, Tom Dart, tomó la decisión histórica de exhumar los 8 cuerpos restantes para aplicar tecnologías modernas de ADN y genealogía forense. Se pidió a personas de todo el país que hubieran perdido a familiares masculinos en la Chicago de los 70 que donaran muestras de saliva.

El sheriff del condado de Cook, Tom Dart

Gracias a este enorme esfuerzo, se lograron identificar a tres víctimas que llevaban décadas sin nombre: Un joven de 19 años que desapareció en 1976, otro de 16 y un tercero de 22.

El equipo de investigación forense mantiene la búsqueda activa mediante los programas de la Oficina del Sheriff del Condado de Cook, intentando devolverles la identidad a los 5 cuerpos restantes que todavía permanecen como desconocidos.

Algunas de las jóvenes víctimas identificadas y asesinadas por John Wayne Gacy. De izquierda a derecha y de abajo hacia arriba: Sam Dodd (Stapleton), Robert Winch, James Mazzara, Richard Johnston, Jon Butkovich, Matthew Bowman, Robert Gilroy, John Szyc, Robert Piest y Frank Landingin.

Los sobrevivientes que lograron escapar

Aunque Gacy era extremadamente metódico, tres jóvenes lograron salir con vida de su casa de los horrores. Sus testimonios fueron fundamentales para que el jurado entendiera el nivel de sadismo del asesino y rechazara su estrategia de hacerse pasar por loco.

El que soportó todo y fue liberado

De acuerdo con el relato de Jack Merril en una entrevista con People, fue Gacy quien se detuvo a su lado en un auto aquella noche, ofreciéndole llevarlo. En un momento, Gacy detuvo el auto, preguntó si alguna vez había utilizado “poppers” (nitrato de amilo), una droga que produce euforia y relajación muscular y, sin mayor aviso, empapó un trapo y lo apretó contra el rostro de Merrill, quien perdió el conocimiento de forma casi inmediata. Cuando despertó, según declara para Daily Mail, se encontraba esposado, en el asiento trasero del mismo automóvil.El horror de esa noche, según reconstrucción de los hechos que Merrill ofrece, incluyó el traslado al domicilio de Gacy.

Allí, el ambiente oscilaba. Merrill recuerda que en un momento el payaso lo liberó momentáneamente, le ofreció marihuana y cerveza, hasta que luego, sin previo aviso, lo volvió a esposar, lo arrastró por un pasillo, y le colocó un artefacto casero en el cuello.

Tenía cuerdas y poleas, y me rodeaba la espalda y las manos esposadas de tal manera que, si forcejeaba, me ahogaba. Empecé a perder el aire. Me metió una pistola en la boca”. Explica que fue violado mientras permanecía en ese estado de indefensión, solicitando en su fuero interno solo sobrevivir.

Al concluir la noche, según Daily Mail, contra todo pronóstico y tras horas de abuso, el payaso cambió repentinamente de actitud, algo que hasta el día de hoy el propio Merrill no entiende el motivo. Lo llevó de regreso a la zona urbana y lo dejó cerca de su departamento. La odisea había terminado. Antes de separarse, le entregó un papel con su número de teléfono y le dijo: “Quizás nos volvamos a ver algún día”.

En paralelo, Jack Merrill emprendió un proceso de evolución personal y artística. Tras el trauma se mudó a Nueva York el día que cumplió 21 años para inscribirse en la Universidad de Nueva York. Allí estudió teatro y participó como fundador en la compañía Naked Angels. Hoy vive con su esposo.

Jeffrey Rignall falleció en 2000. Fotografía de Jeffrey pocos días antes de su secuestro.

Desfigurado y sangrando fue a la policía y no le creyeron

En marzo de 1978, Jeffrey Rignall aceptó que Gacy lo llevara en su auto. Adentro, Gacy lo cloroformó. Rignall se despertó atado a una mesa de madera modificada en el sótano de Gacy. Durante horas, fue violado, golpeado y torturado con descargas eléctricas. Al día siguiente, Gacy lo cloroformó de nuevo y lo tiró inconsciente en un parque.

Rignall sobrevivió, fue a la policía con el rostro desfigurado y el ano sangrando, pero las autoridades de la época no le creyeron porque Gacy era un ciudadano influyente. Rignall, por su cuenta, vigiló las calles hasta que encontró el auto de Gacy, anotó la patente y contrató a un abogado para obligar a la policía a investigar.

El empleado atrapado, violado y torturado

David Cram, un joven de 18 años trabajaba para la constructora de Gacy. Fue invitado a la casa a tomar unos tragos y cayó en la trampa del truco de las esposas. Al verse atrapado, Cram entró en pánico. Gacy lo violó y lo torturó psicológicamente jugando a la ruleta rusa con un arma en su cabeza. Sorprendentemente, tras horas de terror, Gacy se cansó, se calmó y lo dejó ir al día siguiente bajo la amenaza de matarlo a él y a su familia si hablaba. Cram calló por miedo hasta que Gacy fue arrestado meses después.

Fuertemente afectado por el trauma de la experiencia y el estigma del caso, David Cram falleció por suicidio el 28 de abril de 2001 en Chicago, a la edad de 43 años.

Carole Hoff y el asesino en serie John Wayne Gacy fueron novios desde la secundaria y estuvieron casados ​​durante cuatro años mientras Gacy asesinaba a hombres jóvenes; ella no se enteró de la verdad hasta después de su divorcio en 1976.

Una esposa atemorizada

Una de las preguntas más frecuentes es cómo es posible que nadie notara nada dentro del hogar. Gacy estuvo casado dos veces. Su segunda esposa, Carol Hoff, vivió con él en la famosa casa de Summerdale Avenue entre 1972 y 1976, el período en el que Gacy comenzó su racha asesina.

Carol declaró en el juicio que el olor fétido en la propiedad era constante y nauseabundo. Cuando ella le reclamaba, Gacy se ponía violento o inventaba excusas técnicas: decía que el sótano acumulaba humedad, que había ratas muertas atrapadas en las paredes o que el sistema de cloacas del barrio estaba roto. Para tapar el olor, obligaba a Carol a usar desinfectantes industriales y velas aromáticas todo el día.

Debido a la putrefacción debajo del piso, la casa se inundó de moscas negras y gusanos que subían por las rejillas de ventilación. Gacy compraba insecticidas en cantidades masivas y los rociaba él mismo en el sótano, prohibiéndole a su esposa bajar allí.

Carol encontró en varias ocasiones billeteras, relojes y ropa de adolescentes escondidos en los armarios y en el garaje. Cuando le preguntaba a Gacy, él respondía con frialdad que eran objetos que sus empleados de la construcción se olvidaban en las camionetas de la empresa.

Carol empezó a notar un cambio drástico en la personalidad de Gacy, quien se volvió frío, distante y propenso a brotes de ira infundados. Además, descubrió revistas pornográficas homosexuales escondidas. Sintiéndose en peligro y completamente alienada, Carol le pidió el divorcio en 1976. Se mudó de la casa dos años antes de que la policía descubriera el cementerio que tenía bajo sus pies.