• 15/08/2026

El enemigo que los bancos crearon

El enemigo que los bancos crearon

John Dillinger: el brazo armado de una venganza violenta y poética

John Herbert Dillinger no fue solo el criminal más buscado de los Estados Unidos; fue el espejo cínico en el que una nación en ruinas eligió mirarse. En el epicentro de la Gran Depresión, con millones de familias desahuciadas por ejecuciones hipotecarias y un sistema financiero en el fango de la deshonra, este joven de Indiana transformó el asalto a mano armada en una disciplina coreográfica y magnética.

Para la naciente Oficina de Investigación (BOI) de J. Edgar Hoover, era una alimaña que subvertía el orden constitucional.

John Dillinger y su padre en la granja de Mooresville, Indiana, en 1915

Para el ciudadano de a pie, que estiraba un café de un centavo en los comedores comunitarios del Medio Oeste, Dillinger era el brazo armado de una venganza poética: el hombre que le robaba a los ladrones autorizados por la ley.

Esta crónica periodística reconstruye la paradoja del enemigo público número uno: un hombre capaz de ejecutar fugas sangrientas con la misma naturalidad con la que exigía a sus hombres proteger a los rehenes civiles, oscilando siempre entre la pólvora del gánster y los códigos de un caballero del asfalto.

El verano de 1933 transformó el mapa criminal de los Estados Unidos. Mientras el presidente Franklin D. Roosevelt intentaba insuflar vida a una economía moribunda con el New Deal, las llanuras de Indiana, Ohio y Illinois se convirtieron en el tablero de ajedrez de una nueva estirpe de bandoleros. John Dillinger no nació con una ametralladora Thompson bajo el brazo; su verdadera incubadora fue la Prisión Estatal de Indiana en Michigan City.

Foto del prontuario de John Dillinger, del reformatorio del Estado de Indiana el 16 de septiembre de 1924, cuando tenía 21 años, tras haber sido condenado por el asalto a un tendero local en Mooresville. Esta fue la primera sentencia larga del famoso gángster antes de su ola criminal de la década de 1930.

Allí entró en 1924 como un delincuente amateur de veintiún años tras un torpe intento de asalto a un tendero local. Salió en mayo de 1933 convertido en un cirujano del crimen organizado.

En las celdas húmedas de Indiana, Dillinger cursó su verdadera carrera universitaria bajo la tutela de asaltantes veteranos.

Aprendió el arte de la logística, el estudio de los tiempos de respuesta policial y el valor de los autos rápidos.

Cuando cruzó las puertas de la prisión en libertad condicional, el país era otro. Los bancos habían cerrado por miles, confiscando los ahorros de toda una vida de la clase obrera. El resentimiento social flotaba en el aire.

Dillinger comprendió de inmediato la ecuación fundamental de su era: en un país que odiaba a los banqueros, el hombre que los saqueaba corría con ventaja psicológica.

Los reportes policiales de la época, archivados en las comisarías de llanura, revelan un modus operandi que desconcertaba a los criminólogos de la vieja escuela. La banda de Dillinger operaba con una violencia quirúrgica, pero su líder insistía en un protocolo de cortesía que rayaba en el absurdo teatral.

The Commercial Bank, de Daleville, Indiana. Fue el primer gran golpe de Dillinger. Se llevó 3500 dólares.

Durante el asalto al Commercial Bank de Daleville, Indiana, Dillinger saltó sobre el mostrador con la agilidad de un atleta de feria. Mientras encañonaba al cajero, un granjero que se encontraba en la fila temblaba visiblemente con unos pocos dólares arrugados en la mano, correspondientes al pago de su cosecha semanal.

—Guarde eso, amigo —le dijo Dillinger según los testimonios recogidos por la prensa local—. Nosotros solo venimos por el dinero del banco. El suyo no nos sirve.

Este tipo de gestos no eran accidentales. Dillinger entendía el poder de la propaganda. En una época sin televisión, las portadas de los periódicos se ganaban con narrativa. Si el público lo percibía como un Robin Hood moderno, los granjeros no cooperarían con la policía, los mecánicos de pueblo arreglarían sus autos heridos de bala sin hacer preguntas y los médicos de campaña los remendarían en la clandestinidad a cambio de un fajo de billetes ensangrentados.

Sin embargo, detrás del sombrero de ala ancha y la sonrisa ladeada, la pólvora era real. El romanticismo de Dillinger convivía con la brutalidad explícita de sus lugartenientes.

Foto de prontruario de Baby Face Nelson (Lester Gillis)

Hombres como Baby Face Nelson (Lester Gillis), integrados a la banda en las etapas más desesperadas, no compartían el código de etiqueta del líder. Nelson disfrutaba del tiroteo por el tiroteo mismo; Dillinger, en cambio, veía las armas como herramientas de disuasión. Para John, un disparo era un error de cálculo; para Nelson, era el desenlace natural de cualquier tarde de martes.

John Dillinger luego del escape de Crown Point, mostrando su pistola de madera

Las leyes del gánster

La psicología de Dillinger presentaba una contradicción fascinante: un desprecio absoluto por el marco legal del Estado, contrapesado por una estricta devoción a sus propias normas internas y a la seguridad de la comunidad cuando esta no interfería con sus planes.

En múltiples escapes, la banda utilizaba «escudos humanos» colocados en los estribos de sus veloces autos Ford V8. Lo sorprendente era el trato posterior. Los rehenes eran liberados a los pocos kilómetros, recibiendo a menudo dinero para el pasaje de regreso en autobús o abrigos si la noche del Medio Oeste apretaba con frío.

Cuando Dillinger fue capturado en Lima, Ohio, en el otoño de 1933, sus compañeros de prisión no lo olvidaron. Harry Pierpont y su grupo ejecutaron una incursión armada para liberarlo, asesinando al sheriff Jess Sarber en el proceso.

Dillinger lamentó la muerte del oficial, pero asumió que el rescate consolidaba una deuda de sangre. Su lealtad a la banda era inquebrantable, una forma de civismo tribal dentro de la marginalidad.

Sin embargo, detrás del sombrero de ala ancha y la sonrisa ladeada, la pólvora era real. El romanticismo de Dillinger convivía con la brutalidad explícita de sus lugartenientes.

A diferencia de las bandas de forajidos del siglo XIX que arrasaban con los pueblos pequeños, Dillinger elegía sus objetivos con precisión quirúrgica en áreas urbanas o semiurbanas, evitando dañar comercios familiares. Su objetivo exclusivo eran las instituciones financieras que representaban la opresión del sistema.

Esta dualidad desconcertaba a la opinión pública. ¿Era un psicópata que usaba la caballerosidad como estrategia de marketing o un rebelde social con principios éticos distorsionados por los años de encierro? Los analistas de la época preferían la segunda opción: en el imaginario popular, Dillinger respetaba las leyes de la decencia humana básica, aquellas que la población sentía que Wall Street había violado impunemente en 1929.

La sheriff del condado de Lake, Lillian Holley (izquierda), y el fiscal Robert Estill posan con el forajido John Dillinger.

El escape de Crown Point: El día que la justicia fue de madera

Si un evento define la mezcla de audacia cinematográfica y humillación institucional que caracterizó a Dillinger, fue su escape de la prisión de máxima seguridad de Crown Point, Indiana, el 3 de marzo de 1934. La cárcel era considerada «a prueba de fugas». Estaba custodiada por decenas de guardias armados y policías estatales debido a la peligrosidad del reo.

La prensa de la época cubrió el cautiverio con un despliegue sin precedentes. Incluso la sheriff local, Lillian Holley, posó en fotografías junto a Dillinger en un ambiente de extraña familiaridad que enfureció al Departamento de Justicia en Washington. La sonrisa de Dillinger en aquellas fotos, apoyando el brazo sobre el hombro de los fiscales, anticipaba la burla.

Utilizando una simple pieza de madera y una navaja de afeitar, Dillinger esculpió la silueta de una pistola semiautomática. La ennegreció utilizando betún para zapatos. Con ese trozo de madera pintada, encañonó a un guardia en un pasillo oscuro, obtuvo acceso al arsenal real de la prisión, encerró a los custodios en su propia celda y escapó por la puerta principal.

Para consumar la humillación, Dillinger no robó cualquier auto del garaje municipal; eligió el Ford personal de la sheriff Lillian Holley. Atravesar la frontera estatal hacia Illinois con ese vehículo no solo fue un error estratégico que activó la jurisdicción federal bajo la Ley Dyer (robo de vehículos interestatales), sino el acto de insolencia más grande de la historia criminal estadounidense. En ese preciso instante, Dillinger firmó su sentencia de muerte: J. Edgar Hoover convirtió la captura del gánster en una cruzada personal para salvar la reputación de su agencia.

Un oficial de policía muestra la ventanilla trasera rota del sedán Ford V-8 robado a Lillian Holley y luego abandonado en la estación de policía de North Robey Street.

Hoover empuñando un subfusil Thompson (comúnmente conocido como Tommy Gun) calibre .45, un arma icónica que el FBI adoptó durante esa época para combatir la ola de crimen organizado y gánsteres de la época.

El precio de la fama

El escape de Crown Point transformó la persecución en una guerra de desgaste. El FBI, que en ese momento aún operaba bajo limitaciones legales severas, utilizó el caso Dillinger como palanca política para obtener del Congreso mayores presupuestos, la autorización para portar armas de fuego de grueso calibre y la capacidad de realizar arrestos a nivel nacional.

El hombre designado para liderar la cacería en el terreno fue Melvin Purvis, un agente joven, educado y pulcro que representaba la antítesis del gánster de Indiana. Purvis montó su centro de operaciones en Chicago, tejiendo una red de informantes, intervenciones telefónicas ilegales y patrullajes continuos.

La presión sobre la banda se volvió asfixiante. Dillinger ya no podía entrar a un restaurante sin ser reconocido; su rostro ilustraba miles de carteles de recompensa colgados en las oficinas de correo de todo el país. Para sobrevivir, el gánster tuvo que recurrir a medidas extremas que desdibujaron su faceta romántica:

El FBI, conducido por el temible Hoover, utilizó el caso Dillinger como palanca política para obtener del Congreso mayores presupuestos, la autorización para portar armas de fuego de grueso calibre y la capacidad de realizar arrestos a nivel nacional.

En mayo de 1934, se sometió a una rudimentaria operación estética en un apartamento de Chicago para alterar sus facciones y borrarse las huellas dactilares con ácido. El resultado fue doloroso e ineficiente, dejándole cicatrices visibles que solo acentuaron su aspecto de fugitivo.

En mayo de 1934, se sometió a una rudimentaria operación estética en un apartamento de Chicago para alterar sus facciones y borrarse las huellas dactilares con ácido.

En abril, acorralados en un refugio de vacaciones en Wisconsin, la banda logró escapar de una emboscada mal planificada por el FBI. En la confusión, los agentes federales dispararon contra civiles inocentes, asesinando a un empleado forestal. El desastre de Little Bohemia provocó llamadas masivas pidiendo la renuncia de Hoover y Purvis, elevando temporalmente a Dillinger al estatus de fantasma imbatible.

La traición de la mujer de rojo

Hacia julio de 1934, Dillinger vivía bajo el alias de Jimmy Lawrence, fingiendo ser un empleado del sector de transportes. Compartía sus días con Polly Hamilton, una joven camarera que desconocía su verdadera identidad. El peligro real, sin embargo, habitaba en el mismo edificio: Ana Cumpănaș, una inmigrante rumana dueña de un burdel clandestino, conocida en las crónicas policiales como Anna Sage u, oficialmente, «La Mujer de Rojo».

Ana Cumpănaș o Anna Sage, una inmigrante rumana dueña de un burdel clandestino, conocida como «La Mujer de Rojo». Con ella y Polly Hamilton, Dillinger estaba en el cine Biograph cuando fue emboscado y asesinado.
Polly Hamilton Keele, una joven camarera que desconocía la verdadera identidad de Dillinger.

Cumpănaș enfrentaba una orden de deportación por cargos de baja moralidad. Al reconocer al criminal más buscado del mundo en la sala de su casa, vio una oportunidad de negociación directa con el gobierno federal. Se puso en contacto con la policía de Chicago, que de inmediato derivó el caso al agente

El pacto se selló en las sombras: Sage entregaría a Dillinger a cambio de una parte de la recompensa de 25.000 dólares y la cancelación de su proceso de expulsión del país.

El plan se ejecutaría la noche del domingo 22 de julio de 1934.

Ana sabía que Dillinger pretendía ir al cine, una de sus grandes pasiones. Las opciones eran dos teatros de la zona norte de Chicago: el Marbro o el Biograph.

Para que los agentes federales pudieran identificarla entre la multitud dominical, Cumpănaș prometió usar un vestido que bajo las luces de neón se viera de un rojo encendido (aunque los reportes posteriores determinaron que era de un tono naranja brillante). La suerte estaba echada para el enemigo público; el hombre que había burlado las prisiones de máxima seguridad estaba a punto de ser cazado a la salida de una función cinematográfica.

John Dillinger fue abatido a tiros por agentes del FBI el 22 de julio de 1934 en el cine Biograph de la avenida Lincoln en Chicago, luego de que los agentes recibieron un aviso de Anna Sage.

La noche del 22 de julio de 1934, John Dillinger, Polly Hamilton y Ana Cumpănaș caminaron por la avenida Lincoln hasta el Biograph Theater. Irónicamente, la cartelera proyectaba Manhattan Melodrama (conocida en español como El enemigo público número uno), una película de gánsteres protagonizada por Clark Gable y William Powell.

Dillinger se sentó en la sala refrigerada a disfrutar de una historia que reflejaba su propia vida: lealtad, crimen y un destino trágico frente a la ley. Mientras tanto, afuera, Melvin Purvis y un contingente de más de veinte agentes federales y policías de Indiana tomaban posiciones estratégicas en los callejones linderos y las puertas del teatro. No podían arriesgarse a un tiroteo dentro de la sala repleta de familias. Debían esperar a que saliera.

A las 10:30 p.m., las luces del Biograph se encendieron. El público comenzó a salir a la acera húmeda. Purvis, apostado cerca de la taquilla, vio aparecer la silueta de Dillinger con sus anteojos oscuros y su sombrero de paja. El gánster caminaba flanqueado por las dos mujeres.

Fotografía tomada la noche del 22 de julio de 1934, aproximadamente entre las 10:40 p.m. y las 11:00 p.m. en el interior de un furgón de patrulla policial (paddy wagon) de la policía de Chicago. El vehículo se encontraba estacionado a pocos metros del callejón contiguo al Biograph Theater. Muestra el cadáver de John Dillinger recostado sobre una camilla en el piso del furgón. Minutos antes, tras recibir una señal del agente del FBI Melvin Purvis, tres agentes federales dispararon contra el gánster al notar que intentaba sacar un arma mientras corría. Tres proyectiles lo impactaron, causándole la muerte casi instantánea en el pavimento. Detalle Histórico: El hombre elegantemente vestido cuyos zapatos se aprecian sobre el banco de madera superior (a la derecha de la toma) es el detective de la policía de Chicago, James H. Frawley. La historia registra que se subió al banco para evitar manchar con sangre sus zapatos nuevos de cuero.

Purvis dio un paso al frente, sacó un fósforo y encendió un cigarrillo. Era la señal acordada.

Dillinger, cuyo instinto de supervivencia se había refinado tras años de persecución, notó el movimiento inusual en la acera. Giró la cabeza, cruzó la mirada con un agente federal y comprendió la trampa. Corrió instintivamente hacia un callejón adyacente mientras metía la mano en el bolsillo de su pantalón para extraer su pistola Colt de bolsillo calibre .38.

No tuvo tiempo. Tres agentes federales —Charles Winstead, Herman Hollis y Guy Banister— abrieron fuego por la espalda sin mediar orden de arresto. Cuatro proyectiles impactaron en su cuerpo. Tres fueron heridas superficiales, pero el cuarto disparo entró por la parte posterior del cuello, cortó la médula espinal, atravesó el cerebro y salió justo debajo de su ojo derecho.

John Dillinger cayó boca abajo sobre el pavimento del callejón, en un charco de sangre que se expandía rápidamente bajo el calor de la noche de Chicago. Tenía 31 años.

El cadáver de Dillinger yace sobre una mesa de mármol en la morgue del condado en Chicago, rodeado por policías y asistentes del forense. El cuerpo sería exhibido al público poco después.

Los trágicos destinos de la traición y la ley

La noche del 22 de julio de 1934 no solo terminó con la vida de Dillinger; también disparó una maldición silenciosa sobre quienes planearon su caída. El precio de la recompensa y el éxito mediático se cobraron facturas muy caras.

Anna Sage se encuentra en el despacho de su abogado el 27 de septiembre de 1935. Sage contó a sus abogados y a la prensa su huida de la venganza de la banda tras delatar a John Dillinger a los agentes federales que lo asesinaron a tiros el 22 de julio de 1934 en el Teatro Biograph de Chicago. Sage le dijo al FBI que se vestiría de rojo en el teatro como señal distintiva para que pudiera encontrar a Dillinger. Se decía que ‘Baby Face’ Nelson buscaba a Sage para vengar la muerte de Dillinger. Sage afirmó haber llegado a un acuerdo con el famoso agente del FBI Melvin Purvis. A cambio de información sobre el desfile de Dillinger, no sería deportada a su país natal, Rumania. Sage, propietaria de un burdel, luchaba contra la deportación por parte de las autoridades de Chicago. Sus abogados eran Thomas J. Johnson Sr. y Jr., con oficinas en el número 160 de la calle N. LaSalle. 

El pacto con el gobierno federal se desmoronó casi de inmediato. Aunque recibió una parte menor de la recompensa prometida, el FBI no pudo detener la maquinaria burocrática del Departamento de Trabajo. El estigma de ser «la delatora» la convirtió en un blanco móvil en el submundo criminal de Chicago. En 1936, apenas dos años después de la emboscada, fue deportada de regreso a Timișoara, Rumania, donde vivió bajo el asedio del rechazo social hasta su muerte en 1947. La fama que buscó para salvarse terminó siendo su prisión en el exilio.

Se convirtió instantáneamente en una celebridad nacional, acaparando las portadas de los diarios como el hombre que cazó al Enemigo Público Número Uno. Esta fama despertó los celos patológicos de J. Edgar Hoover, quien no toleraba que ningún agente brillara más que él o que las siglas del FBI. Hoover comenzó una campaña de hostigamiento interno, relegando a Purvis a puestos menores y asfixiando su carrera. Purvis renunció a la agencia en 1935. Pasó el resto de sus años intentando limpiar su nombre y lidiando con la depresión. El 25 de febrero de 1960, se disparó en la cabeza con la misma pistola Colt oficial que usaba durante sus años de cacería en el asfalto.

Melvin Purvis a los 56 años

GALERIA DE FOTOS HISTÓRICAS

John Dillinger, en el centro, esposado al ayudante del sheriff RM Pierce, a la izquierda, durante su comparecencia ante el tribunal en Crown Point, Indiana, a principios de febrero de 1934. Dillinger fue acusado del asesinato del agente William O’Malley, de 43 años, durante un robo a un banco en East Chicago, Indiana, el 15 de enero de 1934. Su juicio estaba programado para el 12 de marzo de 1934. Dillinger se fugó de la cárcel de Crown Point el 3 de marzo de 1934. 
La policía estatal de Indiana rodea la casa donde se escondían dos convictos fugados, alrededor de octubre de 1933. El 26 de septiembre de 1933, diez convictos, liderados por John «Red» Hamilton, escaparon de la prisión estatal de Indiana en Michigan City, utilizando armas que John Dillinger les había introducido de contrabando. 
John Dillinger regresa a la cárcel del condado de Crown Point, Indiana, el 30 de enero de 1934, tras haber sido capturado en Arizona cinco días antes. Las autoridades temían que la banda de Dillinger intentara rescatar a su líder, por lo que guardias fuertemente armados rodearon el juzgado y la cárcel.
John Dillinger, esposado y custodio, fuma durante un proceso judicial mientras el ayudante del sheriff RM Pierce (izquierda) observa la audiencia de Dillinger en Crown Point, Indiana, en febrero de 1934. Dillinger fue acusado del asesinato del agente William O’Malley, de 43 años, durante un robo a un banco en East Chicago, Indiana, el 15 de enero de 1934. Su juicio estaba programado para el 12 de marzo de 1934. Dillinger se fugó de la cárcel de Crown Point el 3 de marzo de 1934. 
John Dillinger llega a la cárcel del condado de Crown Point, Indiana, el 30 de enero de 1934, tras ser capturado en Arizona cinco días antes. Las autoridades temían que la banda de Dillinger intentara rescatar a su líder, por lo que guardias fuertemente armados rodearon el juzgado y la cárcel.
John Dillinger, en el centro, es conducido por el edificio del tribunal de Crown Point, Indiana, el 31 de enero de 1934, para ser visto por los testigos del robo al First National Bank ocurrido el 15 de enero de 1934 en East Chicago, Indiana.
La cárcel de Crown Point, Indiana (a la derecha), y el juzgado del condado (a la izquierda), tras la fuga de John Dillinger con tan solo una pistola de juguete el 3 de marzo de 1934. Dillinger amenazó a los ayudantes del sheriff con una pistola de madera y luego encerró a más de una docena de guardias antes de huir en el coche del propio sheriff.
El 3 de marzo de 1934, John Dillinger escapó de la cárcel del condado de Crown Point, Indiana, con tan solo una pistola de juguete hecha a mano. Dillinger amenazó a los ayudantes del sheriff con una pistola de madera y luego encerró a más de una docena de guardias antes de huir en el coche del propio sheriff. Dillinger se encontraba en prisión preventiva a la espera de juicio por el asesinato del agente William O’Malley. 
El agente de policía nocturno Judd Pittenger estaba haciendo su ronda cuando John Dillinger y su cómplice Homer Van Meter lo abordaron el 13 de abril de 1934 en Varsovia, Indiana. Dillinger y Van Meter obligaron a Pittenger a regresar a la comisaría a punta de pistola, donde los dos asaltantes le robaron chalecos antibalas y un revólver, para luego huir. Pittenger muestra el estuche donde guardaba los chalecos. 
Agentes del gobierno en el Little Bohemia Resort en Manitowish Waters, Wisconsin, donde tuvo lugar un tiroteo con John Dillinger y su banda el 22 de abril de 1934. Al frente del grupo se encontraban los agentes federales Melvin Purvis y Hugh Clegg. 
Max Organist observa las armas que John Dillinger y su banda dejaron atrás el 22 de abril de 1934 en el Little Bohemia Resort de Manitowish Waters, Wisconsin. Agentes del FBI habían rodeado el albergue donde se alojaban Dillinger y su banda, pero los forajidos lograron escapar bordeando la orilla del lago cercano.
Agentes del gobierno se encuentran junto al Ford abandonado por John Dillinger durante un tiroteo entre las autoridades y su banda en el Little Bohemia Resort el 22 de abril de 1934, en Manitowish Waters, Wisconsin. Agentes del FBI habían rodeado el hotel, pero Dillinger y su banda lograron escapar por la orilla del lago cercano.
El agente Carl C. Christensen junto a Mary Levendoski en el Hospital Twin City de Ironwood, Michigan, tras ser herido de bala por «Baby Face» Nelson, miembro de la banda de John Dillinger, durante un tiroteo en el Little Bohemia Resort de Manitowish Waters, Wisconsin, el 22 de abril de 1934. Christensen, agente de policía de Spider Lake, Wisconsin, resultó gravemente herido, pero sobrevivió. 
Unos hombres transportan el cuerpo del agente federal de Chicago W. Carter Baum, asesinado por «Baby Face» Nelson, miembro de la banda de John Dillinger, durante un tiroteo en el complejo turístico Little Bohemia en Manitowish Waters, Wisconsin, el 22 de abril de 1934. Dos personas murieron durante la redada: un agente del FBI y un hombre local que fue confundido con un miembro de la banda de Dillinger. 
El sargento Edward A. Grim de la comisaría de North Robey Street con un periódico de Dubuque, Iowa, encontrado en el automóvil robado y abandonado de John Dillinger el 2 de mayo de 1934. El coche de la huida, manchado de sangre y hallado en el número 3338 de la calle N. Leavitt en Chicago, contenía un botiquín de primeros auxilios, cerillas del Little Bohemia Resort y el periódico del 23 de abril de 1934, con el título «Dillinger desatado». 
Evelyn «Billie» Frechette salió de prisión el 30 de enero de 1936. Frechette fue arrestada en Chicago el 9 de abril de 1934, mientras su novio, John Dillinger, observaba impotente. Frechette, quien había conocido a Dillinger en 1933, fue acusada de dar refugio a un fugitivo en su apartamento de St. Paul, Minnesota. Pasó dos años en la cárcel, saliendo en 1936. Tras su liberación, Frechette participó en una gira teatral titulada «El crimen no paga» junto a miembros de la familia de Dillinger. 
John Dillinger y su banda llegaron a Chicago el 30 de enero de 1934, tras ser arrestados en Arizona cinco días antes. Dillinger había sido capturado en Arizona y trasladado en avión a Indiana para ser juzgado por el asesinato del policía William O’Malley, de 43 años. O’Malley fue abatido a tiros durante el robo al First National Bank en East Chicago, Indiana. La fecha del juicio de Dillinger se fijó para el 12 de marzo de 1934. Dillinger se fugó de la cárcel de Crown Point, Indiana, el 3 de marzo de 1934.
El sargento Jas. McGinnis, el agente Chet Sherman, el sargento Harry Schuler y el agente Frank Eyman, de la policía de Tucson, Arizona, examinan las armas utilizadas por John Dillinger y su banda tras su arresto en Arizona el 25 de enero de 1934. John Dillinger, Harry Pierpont, Charles Makley y Russell Clark fueron trasladados en avión a Indiana y Ohio para ser juzgados por asesinatos cometidos durante robos a bancos.
Varias personas rodean la mancha de sangre de John Dillinger en el callejón detrás del Teatro Biograph en Chicago. Dillinger fue abatido a tiros por agentes del FBI el 22 de julio de 1934.
El cuerpo de John Dillinger yace en la morgue del condado de Cook tras ser abatido a tiros por agentes del FBI el 22 de julio de 1934 en el Teatro Biograph de Chicago. Según el Chicago Tribune, Dillinger estaba «parcialmente cubierto con una sábana, debajo de la cual se veían sus pies bien cuidados, con una etiqueta que decía ‘Dillinger’ en cada dedo gordo del pie».
El forense Frank J. Walsh permanece junto al cuerpo de John Dillinger mientras una larga fila de personas pasa al otro lado del panel de cristal para ver al famoso criminal el 23 de julio de 1934, en la morgue del condado de Cook. 
El cuerpo de John Dillinger sale de la morgue del condado de Cook, en la intersección de las calles Polk y Wood, para ser trasladado a la funeraria McCready, ubicada en el número 4506 de Sheridan Road, el 24 de julio de 1934. El padre de Dillinger, John Dillinger Sr., viajó desde Mooresville, Indiana, para reclamar el cuerpo de su hijo. 
El profesor DE Ashworth retira una máscara mortuoria de yeso del rostro de John Dillinger mientras sus alumnos observan, el 23 de julio de 1934, en la morgue del condado de Cook en Chicago. Ashworth, del Worsham College of Mortuary Science, había dicho a los empleados de la morgue que tenía permiso para crear la máscara, pero no era cierto. Ashworth y sus alumnos fueron expulsados ​​de la morgue, y la policía confiscó la máscara parcialmente terminada. Sin que el FBI lo supiera, la Reliance Dental Corporation envió a la agencia una copia de cortesía de otra máscara mortuoria, que tampoco tenía permiso. Hasta el día de hoy, existe controversia sobre cuántas máscaras mortuorias se hicieron del rostro de Dillinger y sobre la autenticidad de las mismas. 
Betty Nelson y Rosella Nelson observan el cuerpo de John Dillinger en traje de baño en la morgue del condado de Cook en Chicago. En los días posteriores a la muerte de Dillinger, el 22 de julio de 1934, multitudes se congregaron frente a la morgue para ver al infame enemigo público. 
El cuerpo de John Dillinger sale de la morgue del condado de Cook, en la intersección de las calles Polk y Wood, para ser trasladado a la funeraria McCready, ubicada en el número 4506 de Sheridan Road, el 24 de julio de 1934. El padre de Dillinger, John Dillinger Sr., de 70 años, viajó desde Mooresville, Indiana, para reclamar el cuerpo de su hijo. Dillinger fue embalsamado y posteriormente llevado de regreso a Indiana para su sepultura.
Mary Kinder, amiga íntima de John Dillinger y novia de Harry Pierpont, miembro de la banda de Dillinger, observa un cartel sobre la muerte de su amigo. 
John Dillinger Sr., padre de John Dillinger, sentado a la izquierda, firma un contrato para participar en una caminata benéfica en Calumet City, mientras Frank Gladdin, gerente general de la Agencia Metropolitana de Vaudeville, observa en el edificio del Teatro Woods el 28 de agosto de 1934. Junto a Dillinger Sr. se encuentran, de izquierda a derecha, Frances Dillinger, de 12 años, Doris Dillinger, de 16 (ambas) hermanastras de Dillinger Jr.), Audrey Hancock (hermana de Dillinger Jr.) y su esposo, Emmett Hancock. La familia Dillinger, junto con la novia de John Jr., Evelyn «Billie» Frechette, realizó una gira con una producción teatral llamada «El crimen no paga» tras la muerte de Dillinger.
Evelyn «Billie» Frechette, alrededor de 1936. Frechette pasó dos años en prisión por ayudar a su novio, John Dillinger. Tras su liberación en 1936, Frechette participó en una gira teatral titulada «El crimen no paga» junto a miembros de la familia de Dillinger. 
Tumba de John Dillinger, alrededor de 1960.