- 26/09/2026
El desafío de estar en pareja hoy

Las dinámicas de pareja han experimentado una transformación significativa en las últimas décadas, impulsadas por cambios socio-culturales, un mayor acceso a la información y una evolución en las prioridades individuales, ya no tanto en el otro ni en la pareja en sí misma. Hace algún tiempo el modelo tradicional de familia, era la única forma prevista para de dirigir el barco de la vida propia, que no era tan propia, sino que el viaje estaba pensado en familia y si eso no se configuraba, había una vista en desmedro del solterón o la solterona. Hoy el barco navega con un rumbo directo a los objetivos personales, concreciones profesionales, proyectos económicos, viajes infinitos y noches de nunca acabar. La familia pasó a ser uno de los puertos en que se puede permanecer un tiempo o no. Ya no es destino principal.
El modelo tradicional de pareja —centrado casi exclusivamente en la convivencia bajo un único techo, el matrimonio y la monogamia estricta hasta el final de la vida— lucha para seguir existiendo con múltiples alternativas validadas socialmente, aunque este ya no sea el modelo que más se elige.
Condimentado con la tendencia de parejas que eligen no cohabitar – cada uno en su casa- priorizando la preservación del espacio propio, privacidad, economías separadas, estilos de vida distintos, hijos previos e incluso de la misma relación, sin renunciar al compromiso afectivo.
Porque además ya el éxito de una pareja no se mide con la longevidad, sino por la calidad del vínculo, conexione emocional y concreción de proyectos a corto plazo. Matrimonios de más de 30, 50 años, van directo a ser un fenómeno extraño social, ya no de admirar sino de dudar.
Casi cualquier persona de menos de 40 años diría que estar con la misma persona tantos años es imposible, o que no sería honesto, o que sería aburrido, o que se perderían de lo mejor de la vida etc., siendo cada vez más presos de las leyes del deseo y no tanto del compromiso a largo plazo.
Pero la contracara de esto es que el matrimonio fue inventado cuando había una expectativa de vida de no más de 40 años. Hoy tenemos una de casi 100 años, entonces es casi seguro que vamos a cambiar de preferencias, ideales, objetivos, varias veces en el camino.
Quizá la buena noticia va más por el lado del componente afectivo en la actualidad que pone un fuerte énfasis en la introspección y la conexión con el propio deseo y las emociones: Hoy se puede hablar abiertamente de necesidades, temores e inseguridades. La gestión de las emociones pasa de ser una tarea individual a un trabajo articulado en pareja. Siendo la tan nombrada en estos días “Responsabilidad afectiva” como el modo más sano de manejar el vínculo: Implica la conciencia de que las propias acciones y palabras tienen un impacto directo en el bienestar del otro, estableciendo la necesidad de actuar con transparencia, empatía y claridad desde el inicio del vínculo.
La otra buena noticia es la desconstrucción de roles de género: Las tareas del hogar, el sustento económico y la crianza de hijos, se distribuyen mediante esquemas pragmáticos más equilibrados y negociados en lugar de basarse en expectativas sociales predeterminadas. Se puede hablar de una diversidad de acuerdos que antes no se podían ni mencionar, como modelos no monógamos consensuados, poliamor, las parejas abiertas, swinger, permitidos etc. y la total anarquía relacional que conllevan una serie de desafíos emocionales, porque no todo es color de rosas en esta nueva libertad.
Compartir a tu pareja puede traer celos y reactividad no calculada: Aunque la pareja haya acordado la apertura en la teoría, la vivencia práctica de saber o ver a la pareja con otra persona puede detonar celos intensos, sensación de vulnerabilidad o temor al rechazo. Un miedo al abandono o sustitución. Puede surgir la duda sobre si el vínculo externo superará al principal en afinidad, química o atractivo, afectando el autoconcepto de alguno de los miembros. Sensación de exclusión es otro riesgo. En la dinámica swinger o de triejas, como llaman hoy a los vínculos de tres personas, si los ritmos de interacción no son equilibrados, uno de los integrantes puede sentirse apartado o «en segundo plano».
Casi cualquier persona de menos de 40 años diría que estar con la misma persona tantos años es imposible, o que no sería honesto, o que sería aburrido.
Los riesgos en el acuerdo y la comunicación
Asimetría en la aceptación: Ocurre cuando uno de los dos cede para complacer al otro, por miedo a perder la relación o por presión, en lugar de un deseo genuino. Esto suele derivar en resentimiento a medio y largo plazo.
Vulneración de las reglas marcadas: Las parejas abiertas suelen fijar límites explícitos (por ejemplo: no repetir con la misma persona, no involucrar afecto, no usar el espacio compartido). La ruptura no pactada de estos acuerdos genera una pérdida de confianza equivalente a una infidelidad tradicional. La euforia de enamoramiento o la novedad química que produce una pareja nueva puede llevar a desatender la relación primaria, afectando el tiempo de calidad, la intimidad y la atención cotidiana.
En cuanto a la salud sexual, el riesgo quizá más grave de todos asoma que un incremento en el número de compañeros sexuales aumenta la exposición a Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Esto exige negociar de antemano el uso sistemático de barreras de protección y controles médicos periódicos. ¿Y qué pasa si ninguno de estos modelos nos funciona? En ese caso, tendremos que habitar el lugar más común de la humanidad, el que nos reúne a todos en algún momento de la vida en el mismo lugar. El desamor, el duelo, la soledad….haber atado tu canción favorita a esa persona, será la canción más triste, un tiempo, por no haber tenido ese cierre que esperabas. Regresar a los mismos lugares pero esta vez, solo o con alguien nuevo, pensando en el ayer. Pero siempre sabiendo que asumimos que el riesgo de estar en pareja, es básicamente, el riego de estar vivo porque el amor es inevitable, el desamor también. Suerte en el modelo que elijas.


