• 15/06/2025

El arte de gobernar mediante el terror

El arte de gobernar mediante el terror

VLAD EL EMPALADOR, AUTÉNTICO INSPIRADOR DEL DRÁCULA LITERARIO

En la época y lugar en que vivió́ Vlad, su crueldad no fue en modo alguno excepcional, aunque no cabe duda de que pocos llevaron tan lejos sus métodos terroristas.

Las guerras de frontera se convirtieron en una constante, guerras de extraordinaria violencia, en las que las ejecuciones y represalias masivas estaban a la orden del día. Vlad de Valaquia fue un producto de este ambiente, y su vida fue una lucha constante por la supervivencia y por el poder.

Para comprender esta fama hay que situarse en el contexto de los Balcanes en las décadas centrales del siglo XV. En aquel entonces el Imperio otomano se hallaba en plena fase de expansión por el suroeste de Europa: Grecia quedó sometida desde la década de 1360, Serbia desde 1389 y Bulgaria en 1396. Frente a los otomanos se encontraban el reino de Hungría y los principados en los que entonces se dividía la actual Rumanía: Valaquia y Moldavia, junto a Transilvania, territorio autónomo perteneciente a Hungría.

Vlad nació en el siglo XV en Valaquia, una región de la actual Rumanía. Pasó su infancia como rehén en el Imperio otomano, junto a su hermano mayor, para garantizar la lealtad de su padre al sultán. Sin embargo, la traición y la muerte marcaron su vida desde temprano: tanto su padre como su hermano fueron asesinados, dejando a Vlad en la encrucijada de luchar por el trono de Valaquia en un escenario plagado de enemigos y alianzas traicioneras.

Este retrato del señor de Valaquia es copia de uno pintado durante su vida. El voivoda luce un bonete principesco adornado con perlas y piedras preciosas. Se conserva en el castillo de Ambras, en Innsbruck.

Un gobernante brutal

Cuando finalmente se consolidó como gobernante de Valaquia, Vlad llevó a cabo una purga para eliminar a rivales y opositores. Fue entonces cuando adoptó el empalamiento como su método de ejecución predilecto, una práctica que le ganó su infame apodo.

Una de las historias más estremecedoras sobre su crueldad es la del «Bosque de los Empalados». Según la leyenda, Vlad ordenó empalar a 20.000 prisioneros, creando un macabro escenario de terror destinado a disuadir a sus enemigos. Aunque esta cifra es probablemente exagerada, la imagen de Vlad como un gobernante despiadado se propagó rápidamente por Europa.

Hay un relato que narra cómo, tras quemar todo un suburbio de Transilvania y empalar a los cautivos, se sentó a cenar mientras veía a sus hombres cortar las extremidades de las víctimas. Señala que «mojaba su pan en la sangre de las víctimas» ya que «ver correr sangre humana le daba valor».

La campana de 1462 nos da un ejemplo de sus métodos. En respuesta a una ofensiva turca, Vlad atravesó́ el Danubio para saquear el país búlgaro, entonces parte del Imperio otomano. Al término de la campaña envió al rey húngaro Matías Corvino dos sacos llenos de orejas, narices y cabezas, acompañados de una carta en la que le decía: “He matado a hombres y mujeres, a viejos y jóvenes, desde Oblucitza y Novoselo hasta Samvit y Ghigen. Hemos matado a 23.884 turcos y búlgaros, sin contar aquellos a los que quemamos en sus casas, o cuyas cabezas no fueron cortadas por nuestros soldados… Terminemos juntos lo que juntos hemos iniciado, y aprovechemos esta situación, puesto que, si Dios Todopoderoso escucha las oraciones y los ruegos de la Cristiandad, si favorece los ruegos de sus piadosos servidores, nos concederá la victoria sobre los infieles, enemigos de la Cruz”. Vlad, pues, se veía a sí mismo como un cruzado.

«El bosque de los empalados»

Al mismo tiempo, el voivoda aplicó las mismas tácticas violentas contra sus súbditos, a fin de asegurar su autoridad.

No le faltaban motivos para temer por su posición. La nobleza boyarda se mostró desafecta, absteniéndose de participar en la guerra contra los turcos. Los colonos alemanes, por su parte, protagonizaron diversas revueltas. De ahí que, como brazo ejecutivo de la justicia, el voivoda la impusiera con crudeza, castigando duramente a los delincuentes y sofocando rebeliones. Las sádicas ejecuciones de sus víctimas resultaban ejemplares, y contribuían a imponer el orden. De algún modo podría decirse que su máxima era que el temor traía consigo la obediencia.

Esta pintura de Theodor Aman muestra a Tepes recibiendo a los enviados turcos. En 1448 ascendió al trono de Valaquia por primera vez gracias al apoyo de los turcos, de quienes había sido prisionero y a los que luego combatirá.

Algunos historiadores señalan que sacrificaba animales para privar al enemigo de transporte y alimentos, y usaba la guerra biológica alentando a afectados por lepra, sífilis, tuberculosis y la peste «a vestirse al estilo turco y se entremezclarse con los soldados enemigos».

Otros episodios en la esfera privada tienen elementos de malicia puramente patológica.

En un caso, enfurecido por lo que interpretó como una falta de respeto de los embajadores italianos que mantuvieron sus solideos puestos en su presencia, les clavó los gorros en sus cabezas.

El castillo de Bran en el pasado marcaba la frontera entre Valaquia y Transilvania. Sin embargo, a pesar de vincularse habitualmente con Vlad III Drăculea, parece ser que él jamás vivió en este castillo y que su verdadera fortaleza fue el Castillo de Poenari.

En otra ocasión, invitó a masas de ancianos, enfermos, pobres, cojos y ciegos a un gran festín en un comedor de Târgoviște, sólo para encerrarlos y quemarlos vivos.

Más tarde se regocijó en esta «eliminación de los socialmente inferiores».

Su severidad dio lugar a historias como la de la jarra de oro que dejó frente a su residencia en Târgoviște, para que los viajeros pudiesen beber agua en ella; tal era el temor que inspiraba el gobernante que nadie osó nunca robarla.

Pero el método de castigo con el que se asocia la figura de Vlad es, claro está, el del empalamiento. No fue una invención de Vlad, sino que su historia se remontaba al menos a la antigua Asiria y se utilizaría durante largo tiempo.

Retrato de tamaño natural de Vlad Țepeș en la Galería de los Ancestros de la Casa de Esterházy, siglo XVII, Castillo de Forchtenstein, Austria.

¿Cómo murió?

Probablemente fue a fines de diciembre de 1476, cuando acababa de comenzar su tercera etapa como gobernante, en una escaramuza tanto con las fuerzas turcas como con las de su rival rumano, Basarab III Laiotá.

Un turco fue contratado para hacerse pasar por uno de sus sirvientes y parece haberlo atacado por la espalda. Aunque fue defendido ferozmente por guardaespaldas, finalmente fue asesinado y decapitado.

Los turcos llevaron su cabeza a Constantinopla y la clavaron en alto como un acto final de venganza.

 

De la historia a la literatura

A finales del siglo XV, los relatos sobre las atrocidades de Vlad se convirtieron en textos populares que circulaban por el continente. Su figura se convirtió en una suerte de antihéroe literario de su tiempo, sembrando el terreno para que, siglos más tarde, inspirara a Bram Stoker.

Bram Stoker, el padre de Drácula

Aunque el personaje de Drácula es mucho menos sangriento que Vlad, su vínculo con el empalador es innegable. De héroe nacional en Rumanía a villano literario, Vlad III trascendió la historia para convertirse en leyenda.

Así, detrás de la oscura fascinación que despierta Drácula, se esconde la figura de un príncipe que, a golpe de empalamiento, se aseguró un lugar eterno en la historia.

Fotograma del film «Vlad Tepes», (Rumania 1979). Se la puede ver en la plataforma MUBI.

FUENTES: National Geographic, BBS, Wikipedia