- 19/09/2026
Einstein vivió un mes en la Argentina antes de ser Premio Nobel
CUANDO EL PAÍS ERA EL GRANERO DEL MUNDO Y UN CIENTÍFICO ERA MÁS POPULAR QUE UN DEPORTISTA O UNA VEDETTE
Ya se cumplieron 100 años de la Teoría de la Relatividad.
Pronto se cumplirá un siglo desde que la Academia sueca lo distinguiera con el Premio Nobel de Física. Lo que tal vez no sepan las nuevas generaciones es que Albert Einstein vivió un mes en la Argentina, exactamente entre el 24 de marzo y el 24 de abril de 1925. En esos días Einstein tenía 46 años y viajó acompañado de su esposa Elsa, quien además era su prima.
La visita se debió a una invitación conjunta de la Universidad de Buenos Aires y la Sociedad Hebraica Argentina. En ese entonces, ya era mundialmente reconocido. Aunque uno asocia a Einstein con los Estados Unidos, lo cierto es nació en Ulm, Imperio alemán, 14 de marzo de 1879.

Cuando se radicó en los Estados Unidos ya era un físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense. Se le considera el científico más importante, conocido y popular del siglo XX.
En 1905, cuando era un joven físico desconocido, empleado en la Oficina de Patentes de Berna, publicó su teoría de la relatividad espacial. En ella incorporó, en un marco teórico simple fundamentado en postulados físicos sencillos, conceptos y fenómenos estudiados antes por Henri Poincaré y por Hendrik Lorentz.
Como una consecuencia lógica de esta teoría, dedujo la ecuación de la física más conocida a nivel popular: la equivalencia masa-energía, E=mc². Ese año publicó otros trabajos que sentarían algunas de las bases de la física estadística y de la mecánica cuántica.
En 1915 Einstein presentó la teoría de la relatividad general, en la que reformuló por completo el concepto de la gravedad. Una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y la evolución del Universo por la rama de la física denominada cosmología. En 1919, cuando las observaciones británicas de un eclipse solar confirmaron sus predicciones acerca de la curvatura de la luz, fue idolatrado por la prensa. Einstein se convirtió en un icono popular de la ciencia mundialmente famoso, un privilegio al alcance de muy pocos científicos.

Por sus explicaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus numerosas contribuciones a la física teórica, en 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física y no por la Teoría de la Relatividad, pues el científico a quien se encomendó la tarea de evaluarla no la entendió, y temieron correr el riesgo de que luego se demostrase errónea. En esa época era aún considerada un tanto controvertida.
Ante el ascenso del nazismo, Einstein abandonó Alemania hacia diciembre de 1932 con destino a Estados Unidos, donde se dedicó a la docencia en el Institute for Advanced Study. Se nacionalizó estadounidense en 1940. Durante sus últimos años trabajó por integrar en una misma teoría la fuerza gravitatoria y la electromagnética.
Aunque es considerado por algunos como el «padre de la bomba atómica», abogó por el federalismo mundial, el internacionalismo, el pacifismo, el sionismo y el socialismo democrático, con una fuerte devoción por la libertad individual y la libertad de expresión. Fue proclamado «personaje del siglo XX» y el más preeminente científico por la revista Time.
Cap Polonio fue un buque de bandera alemana propulsado a vapor que efectuaba viajes entre las ciudades de Hamburgo y Buenos Aires, y su nombre derivaba del accidente geográfico Cabo Polonio del Uruguay.
En ese barco llegó a la Argentina el científico Albert Einstein, quien estuvo en el país durante casi un mes, en un período que tuvo partes de descanso y otras de charlas y conferencias ofrecidas por quien, pocos años antes, había ganado el Premio Nobel de Física. Durante su visita a la Argentina dio doce conferencias, la mayoría dedicadas a explicar su novedosa teoría. Según un diario de la época, «Einstein jamás objetó las interrupciones y objeciones. Es más, pidió que ante la menor duda se lo interrumpiera».
«Más que conferencias, se transformaron en charlas de difusión de sus teorías en un ambiente de calidez e informalidad, como si fueran clases con sus propios discípulos».
«El público por cierto era muy variado. Estuvieron políticos, representantes del gobierno, decanos, intelectuales científicos y estudiantes», agrega el periódico.
El presidente de Argentina era Marcelo T. de Alvear, y el país vivía un buen momento. Tanto es así que ese período es conocido por muchos como «La Belle Epoque» argentina.
Einstein llegó al puerto de Buenos Aires a bordo del barco Capitán Polonio, tras una escala en Río de Janeiro, donde dio una conferencia, y otra en Montevideo, donde habló ante una multitud de jóvenes en una plaza de la ciudad.
El futuro premio Nobel tuvo una agenda cargada apenas piso suelo porteño. La recepción principal fue en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Definió como primer alojamiento la lujosa residencia que Bruno Wassermann, un empresario judío alemán del rubro papelero, poseía en la esquina de Zabala y Villanueva, en el barrio de Belgrano.
De la mano de los Wassermann también estuvo en el sur del Conurbano bonaerense, más precisamente en la localidad de Llavallol, en el partido de Lomas de Zamora. Einstein tenía 46 años y su presencia en la Capital revolucionaba cualquier lugar que visitara. En el Gran Buenos Aires, en cambio, encontró calma.

El físico alemán combinó charlas y conferencias científicas con tiempos de descanso. Allí pasó sus horas en la chacra que los Wassermann tenían en la esquina de las calles Moldes y Néstor de la Peña, de la que no queda casi nada y fue convertida en el Colegio La Milagrosa. Era una zona de quintas, adonde reinaba la tranquilidad, justamente lo que el físico alemán buscaba en medio de las 12 conferencias que tenía agendadas en la Universidad de Buenos Aires, La Plata y Córdoba.
Según consta en una investigación realizada por estudiantes de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, el físico y su esposa fueron llevados a la chacra por un vecino llamado Agapito Otero, de los pocos que por esos años contaba con un vehículo propio, y que se las rebuscaba llevando y trayendo pasajeros desde la estación hasta las quintas del sudeste de Lomas. En ese lugar, Einstein combinaba caminatas en las que se dedicaba a pensar y sesiones en las que tocaba el violín.
También pasó por Córdoba. «En el tren especial que el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación puso a disposición del huésped, llegó ayer por la mañana a esta ciudad el sabio el profesor Albert Einstein y quien acompañaba a una destacada delegación de universitarios porteños», fue el texto que publicó el diario cordobés La Voz del Interior cuando el científico alemán se alojó en el mítico Hotel Eden, de La Falda.
En La Falda, tuvo algo de tiempo para hacer turismo. Visite con toda la comitiva las sierras y realizó una caminata por los alrededores del Dique San Roque.

Mientras Einstein permaneció en Argentina, el diario La Prensa publicó algunos de sus artículos periodísticos. El alemán buscaba en ese momento divulgar sus teorías en los medios de cada país que visitaba. Su objetivo era acercarle sus ideas a la mayor cantidad de gente.
En uno de los tres artículos publicados por el diario argentino, el científico escribió: «Quiero que en la Argentina, en cuya capital reconozco un gran centro de cultura, conozca los fundamentos de mi teoría, tal como la entiendo y no bajo el aspecto en que me la presente admiradores entusiastas que, en el calor de la polémica, la desfiguran muchas veces».
Einstein dejó el país el 23 de abril. En La Plata se negó a cobrar por las conferencias que dio pero, ante la insistencia de sus anfitriones, aceptó la mitad. Su despedida se dio luego de un acto donde fue nombrado como socio honorario de la Asociación Hebraica.
El violín y el dinero
Cuentan que en el Colegio Nacional de la ciudad de La Plata, una orquesta tocó al finalizar el acto. Entonces la señorita Curubeto Godoy, violinista, sabiendo que le gustaba muchísimo tocar el violín, le ofreció el instrumento a Einstein, quien tocó un fragmento del Zapateado de Sarasate, una obra de bastantes dificultades técnicas.
Cuando terminó el acto, el presidente de la Universidad de La Plata le ofreció a Einstein un cheque por mil pesos de ese entonces, pero al sabio le pareció una cantidad muy grande. Entonces, luego de una amable discusión, se pusieron de acuerdo con que se llevaba 500 y dejaba 500 para fomentar fines científicos.
Aunque es considerado por algunos como el «padre de la bomba atómica fue proclamado «personaje del siglo XX» y el más preeminente científico por la revista Time, en 1999.
El científico colaboró durante su presencia en el país con el tradicional diario argentino La Prensa, escribiendo algunos artículos.
En uno de ellos, habló de temas políticos y propuso la creación de una «Paneuropa» a partir de la unión de países europeos, ochenta años antes de que se aprobara la constitución de la Unión Europea.
Pero lo que más preocupaba a Einstein era que la gente entendiera sus teorías. «Es una ironía del destino que yo mismo haya sido receptor de una admiración excesiva. (…) La causa de esto puede ser perfectamente el deseo, inalcanzable para muchos, de entender las pocas ideas que con mis débiles poderes he alcanzado después de una lucha incesante», escribió el físico en su ensayo «El mundo como yo lo veo».




