- 24/05/2026
Diferentes

Doña Juana le llevaba un cogollo de malvón a doña María para que lo plantara y tuviera una plantita nueva. Al recibirlo, le dijo que le envidiaba la buena mano para las plantas.
Entonces, Juana le respondió que cualquiera puede tenerla.
—No, no, porque a mí muchas se me secan y otras se me pudren; y eso que yo las riego por igual. No es que les mezquine a algunas a favor de otras.
—Precisamente por eso le va mal con ellas —le dijo—. Si a todas las riega igual y alguna no lo necesita, se va a pudrir. Lo mismo que si les echa poca agua a todas: otras que sí la necesitan se secarán. Lo mismo va a pasar con el sol; algunas son de sombra y otras no.
—¿Y cómo hago para saber a cuáles sí y a cuáles no?
—Pues es como las personas: no todas son iguales. Cada cual tiene sus gustos y necesidades que casi nunca coinciden.
—Sí, pero las personas hablan y deciden por sí solas.
—Precisamente por eso debe ser uno quien se interese por ellas, aprenda, pregunte y les dedique tiempo y paciencia hasta ir conociéndolas. Como a la gente: a las personas nos acercamos cuando las conocemos y nos conocen; antes no, porque no somos adivinas.
—Claro, ellas tampoco —dijo María—. Por eso hay que hablarles, como dicen por ahí.
—Sí, sí, pero acuérdese de que a ellas no les interesan los chismes del barrio.

