- 04/07/2026
Diario vivir

Como soy humano, no soy automático. Hay veces en que, para escribir esta columna, me da trabajo. Pienso, paseo, divago, pregunto, pero no alcanzo a encontrar un motivo que merezca ser escrito.
No busco la idea genial; trato de encontrar un tema de la vida cotidiana, algo que cada día me cuesta más porque la de hoy pasa muy veloz y más de una vez se nos pasa por delante y recién después nos percatamos. Además, porque a mis neuronas también les pasa el tiempo y se ponen mañosas.
Precisamente a raíz de ello, más de una vez pienso en recurrir a la IA para inspirarme, pero no: reculo rápidamente. Si yo escribo es para poner en movimiento esas neuronas y, si puedo, las de los lectores. No tengo que hacerlo para cumplir; quiero hacerlo por gusto. Entonces la descarto y me declaro pedestre.
Quiero vivir y sentir la vida a pulso, a pata, sin guantes, sudando, aunque pueda ir en auto de lujo. No reniego de la tecnología ni del auto, pero para ciertas cosas en las que son extraordinarios, no para todo. Pretendo seguir respirando sin instrucciones.
Así las cosas, el otro día, a raíz de un comentario de la hija de un amigo, me cayó la ficha y me hizo pensar y analizar el tema sobre el que hablábamos. Me atrapó, me entusiasmó y me puse a escribir esta página.
Quiere decir que, con solo sentir que tenía un tema interesante, me sirvió para inspirarme y contar cosas comunes: cosas mías, cosas tuyas y cosas del diario vivir.
Debe estar pasándome rápido el tiempo porque hoy no sé quién pesa más en mi vida: si la IA o la sillita de totora en la que me gustaría ver pasar ese diario vivir.

