- 14/12/2025
Con elegancia


Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS
Aquel veterano de familia oriental que tenía un vivero, cuando las clientas le preguntaban cómo saber si a las plantas les hacía falta agua, él les decía que metieran el dedo en la tierra, que ella misma les iba a decir.
En el pueblo estaba aquel maestro panadero que charlaba y charlaba y, mientras tanto, enseñaba su oficio a quien le preguntara. Cuando, al verlo amasar, alguna niña le consultaba cómo sabía si la masa estaba leudada y a punto, él le respondía: “Pues, si le metes el dedo, ella te lo dirá”.
Cuando iba al taller de cerámica para aprender ese arte, había un tema que siempre nos intrigaba: saber cuándo el barro estaba a punto para empezar a trabajarlo. La profesora siempre nos decía lo mismo: “Métanle el dedo y él se los dirá”.
Mientras pensaba en todos esos temas, mi abuelita me preguntó cómo me iba con mi noviazgo con Manola. Le dije que creía que bien, pero que a veces me desconcertaba porque no sabía si ella estaba conforme con lo nuestro o no. Mi abuelita, con su delicadeza y elegancia andaluza, me contestó:
“Pues, métale el dedo a ver qué dice”.
