• 17/05/2026

Comparar

Comparar

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

Cuando uno tiene algún problema y le da vueltas, y no puede con él, y tiene ganas de suicidarse, viene bien ver la situación de otros, de carne y hueso, que tienen problemas importantes y que, por comparación, los nuestros van tomando el tamaño que realmente tienen y no más. A veces, hasta pareciera que aceptamos mejor cargar con los nuestros, que casi siempre son manejables.

No hace falta el psicoanalista para sentirnos impresionados ante las falencias o dramas que tienen otras personas: los sin techo, sin agua, sin abrigo ni remedios. Allí valoramos nuestro cobijo, la comida y el agua caliente.

Ser pobre ya es una condena, pero si, además, se es enfermo o se padecen problemas importantes de salud, ahí sí que hay que encomendarse a Dios.

No hacen falta estos extremos, pero el solo hecho de compararse siempre sirve para ubicarnos mejor en el universo en que nos toca vivir. 

Algún dicho habla de que las comparaciones son malas. No siempre es así porque, gracias a ellas, a veces podemos darnos cuenta del privilegio que es poder estar contándolo, abrigados y alimentados, aunque las coyunturas nos duelan y el sueldo no alcance.