• 24/08/2025

Cómo influyen en nuestras vidas los miles de millones de bacterias, virus y parásitos que tenemos en los intestinos

Cómo influyen en nuestras vidas los miles de millones de bacterias, virus y parásitos que tenemos en los intestinos

En nuestro cuerpo habitan miles de millones de bacterias, levaduras, hongos, virus, arqueas y parásitos. En particular, la microbiota intestinal, o lo que se conocía antes con el nombre de “flora intestinal”, es el ecosistema más conocido y estudiado por el enorme impacto que puede tener en nuestro bienestar.

Si conviven en forma armónica, nos dan salud, nos protegen de infecciones agudas y de enfermedades crónicas, pero también conectan nuestro intestino con el cerebro, lo que comemos con nuestras emociones y lo que pensamos con lo que sentimos en ese intestino.

Hay alrededor de 40 billones de bacterias en el cuerpo humano, la mayoría de las cuales se encuentran en el intestino. Si bien ese conjunto es increíblemente importante para la salud en general, ciertos tipos de bacterias en los intestinos también pueden contribuir a muchas enfermedades.

Muchos factores, incluidos los alimentos que se ingieren, pueden afectar el tipo de bacteria que se encuentra en el tracto digestivo.

En términos generales, un microbioma diverso se considera saludable. Esto se debe a que cuantas más especies de bacterias se tengan, más beneficios para la salud pueden aportar.

El cuidado del microbioma puede ayudar con muchas afecciones, incluidas las alergias, el asma y las enfermedades autoinmunes.

Dicho esto, pasemos a otro aspecto. ¿De dónde sale esta gran cantidad de microorganismos?

La respuesta es, de varios lugares. La adquisición, o colonización, de nuestro intestino es un proceso complejo y dinámico que empieza en el mismo momento en que nacemos, e importa mucho la forma en que nacemos.

Para esta microbiota, lo ideal es que el parto sea vaginal, para que el bebé pueda tomar los miles de millones de lactobacilos, bacterias benéficas, que mamá tiene en la vagina.

Ahora, si por alguna razón es necesario hacer una cesárea, hay una segunda oportunidad: la leche materna. Hasta el año 2022 se creía que este líquido vital era estéril, pero es una fuente inagotable de nutrientes y defensas, así como también de microorganismos benéficos para el intestino del bebé, ya que aporta gran parte de los microorganismos que va a formar la microbiota intestinal del lactante.

Pero también el bebé irá incorporando lentamente microorganismos naturalmente presentes en el medio ambiente, los que le comparte su familia y hasta las mascotas que viven en casa. Por eso, es muy importante el contacto con la naturaleza y también no alterar el establecimiento de esa microbiota con antibióticos o antiácidos.

El eje cerebro – intestino

La conexión cerebro-intestino, también conocida como el eje intestino-cerebro, es una vía de comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central (cerebro) y el sistema nervioso entérico (intestino). Esta conexión, mediada por vías neuronales, inmunológicas, endocrinas y metabólicas, permite que ambos órganos se influyan mutuamente. La salud o enfermedad de uno puede afectar al otro, y el microbioma intestinal juega un papel crucial en esta comunicación.

¿Cómo se conecta el cerebro con el intestino? A través del nervio vago.

>El nervio vago, una vía principal de comunicación, conecta directamente el cerebro con el intestino. Envía mensajes al intestino y a otros órganos vitales, y también transmite señales del intestino al cerebro.

>El intestino también se comunica con el cerebro a través de hormonas y neurotransmisores.

>Las bacterias, virus y hongos que residen en el intestino, conocidos como microbioma intestinal, también influyen en la comunicación entre el cerebro y el intestino a través de sustancias químicas que producen.

Como impacta en el cuerpo el estado de la microbiótica

>El microbioma intestinal puede influir en el estado emocional y cognitivo al producir neurotransmisores como la serotonina, que es crucial para el estado de ánimo.

>La conexión cerebro-intestino está implicada en diversos trastornos gastrointestinales, como el síndrome del intestino irritable (SII).

>El estrés puede afectar la función digestiva a través del nervio vago y otros mecanismos, causando problemas gastrointestinales.

>La conexión cerebro-intestino es relevante para la salud general, ya que el equilibrio del microbioma intestinal puede influir en la función cerebral y la salud mental.

En resumen, la conexión cerebro-intestino es un sistema complejo y bidireccional que juega un papel importante en la salud física y mental. Entender esta conexión y cómo influye en nuestro bienestar puede ayudarnos a tomar decisiones más saludables para nuestro cuerpo y mente.

Nuestros microbios modulan nuestro comportamiento

La investigación sobre el sistema nervioso digestivo y la flora microbiana ha revelado el profundo impacto en relación a la digestión y nuestras emociones.

Nuestro sistema nervioso entérico está formado por unos 100 millones de neuronas, un tejido inteligente que está íntimamente conectado y en constante diálogo con el cerebro a través del que expresan nuestros intestinos, nuestras bacterias y nuestras emociones más viscerales.

El microbioma está formado por varios trillones de microorganismos. Estos son responsables de muchas funciones imprescindibles para el mantenimiento de la vida como la producción de vitaminas, la digestión de alimentos, el entrenamiento del sistema inmune y la producción de neurotransmisores, entre otras.

En este cerebro intestinal se produce el 90% de la serotonina. La serotonina es un neurotransmisor ligado a la sensación de calma, de relajación y de bienestar. Activa los circuitos de recompensa, estimula el deseo sexual y favorece el metabolismo de la dopamina. También ayuda a regular la temperatura corporal, está involucrada en los movimientos viscerales, combate el estrés, regula el apetito y participa en los procesos de aprendizaje, memoria, sueño y descanso. La serotonina se libera cuando hay una señal de alimento ingerido y se produce un suave estiramiento de sus paredes.

El intestino es un órgano clave en la regulación del estado de ánimo, el sueño y las emociones. Su importancia radica en que produce el 90% de la serotonina corporal, un neurotransmisor fundamental para el equilibrio emocional.

Las emociones de angustia y de preocupación resuenan en el sistema digestivo con diarreas, dolor, espasmos viscerales. Es la manera física de manifestar hechos que no podemos tragar, digerir o evacuar. Irina Matveikova, médico especialista en endocrinología y nutrición, afirma que el segundo cerebro es el encargado de los sentimientos básicos como el miedo, el peligro, el hambre, el sexo, el confort ambiental y la supervivencia, y que está conectado con los centros primitivos del cerebro a través del nervio vago.

El cerebro intestinal y las emociones

Desde esta perspectiva, el segundo cerebro sería un sistema de procesamiento y decisión a nivel emocional. Se discierne lo que es peligroso de lo que no. El sistema nervioso y el sistema inmune intestinal se encargan de reconocer la diferencia y seleccionar la respuesta oportuna que transmiten al cerebro superior. Estas reacciones viscerales nos ayudan a calibrar las situaciones.

Para los animales, la voz del cerebro entérico sigue siendo una señal de información y comunicación importante. Una señal intuitiva de sus tripas. Nosotros solemos estar tan atrapados en el diálogo de la mente que hemos perdido esta conexión intuitiva, aunque podemos entrenarnos en volver a estar en contacto con las señales de nuestro cuerpo. Ya sea a través de las prácticas de atención plena o de mindfulness, técnicas que nos permiten observar nuestra experiencia corporal y nuestro diálogo mental con apertura, curiosidad y calma.

La Dra. Lita Proctor, coordinadora del Human Microbiome Project, un proyecto que se ha dedicado a la secuenciación del genoma de nuestro microbioma, sugiere la hipótesis de que nuestros microbios modulan nuestro comportamiento.

En los estudios con ratones, Stephen Collins y Premysl Bercik de la Universidad Mc Master de Canadá han llegado a la conclusión de que las bacterias intestinales intervienen directamente en la conducta y que las patologías gastrointestinales suelen derivan con frecuencia en depresión y ansiedad. Charles Raison, neurocientífico de la Universidad de Emory ha detallado la estrecha relación entre el microbioma intestinal, los procesos inflamatorios y la depresión.

Una de las hipótesis en las que trabajan es que la depresión podría ser debida a una agresión de las citoquinas proinflamatorias exacerbadas, segregadas por células inmunizadoras no atenuadas por el microbioma intestinal.

Uno de los problemas más relevantes en la conexión intestino-cerebro es la permeabilidad intestinal. Esta condición ocurre cuando la barrera intestinal se debilita, permitiendo el paso de toxinas y bacterias al torrente sanguíneo.