• 29/03/2026

CHERNÓBIL: A 40 años del mayor accidente nuclear de la historia

CHERNÓBIL: A 40 años del mayor accidente nuclear de la historia

Existe un consenso general en que desde el día anterior se venía realizando una prueba que requería reducir la potencia, durante la cual se produjeron una serie de desequilibrios en el reactor 4 de esta central nuclear. Estos desequilibrios desembocaron en el sobrecalentamiento descontrolado del núcleo del reactor nuclear y en una o dos explosiones sucesivas, seguidas de un incendio generalizado.

Las explosiones volaron la tapa del reactor de 1200 toneladas y expulsaron grandes cantidades de materiales radiactivos a la atmósfera, formando una nube radiactiva que se extendió por Europa y América del Norte.

La cantidad de dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio y grafito expulsados,6​ materiales radiactivos y/o tóxicos, se estimó que fue unas 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945

La primera foto del reactor destruido, tomada desde la ventanilla de un helicóptero por el fotógrafo militar Igor Kostin, 14 horas después de la explosión. Se ve borrosa debido a la radiación que había en el ambiente.

El 25 y el 26 de abril de 1986, se produjo el peor accidente nuclear de la historia en el actual norte de Ucrania cuando un reactor de una central nuclear explotó y ardió.

El incidente, rodeado de secretos, fue un momento decisivo tanto en la Guerra Fría como en la historia de la energía nuclear. Más de 40 años después, los científicos estiman que la zona que rodea la antigua central no será habitable hasta dentro de 20.000 años.

El desastre tuvo lugar cerca de la ciudad de Chernóbil en la antigua URSS, que invirtió mucho en la energía nuclear después de la Segunda Guerra Mundial.

La sala de control del reactor 4

A partir de 1977, los científicos soviéticos instalaron cuatro reactores nucleares RBMK en la central nuclear, que se encuentra al sur de la actual frontera entre Ucrania y Bielorrusia.

Unos meses después de que el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil estallara en llamas tóxicas en 1986, fue encerrado en un «sarcófago» de hormigón y acero para contener el material radiactivo de su interior. Dicha estructura antigua, fue recubierta con un recinto de contención más nuevo en 2016. 

Después del accidente, se inició un proceso masivo de descontaminación, contención y mitigación que desempeñaron aproximadamente 600 000 personas denominadas liquidadores en las zonas circundantes al lugar del accidente. Se aisló un área de 30 km de radio alrededor de la central nuclear conocida como zona de alienación, que aún sigue vigente.

Solo una pequeña parte de los liquidadores se vieron expuestos a altos índices de radiactividad. Dos empleados de la planta murieron como consecuencia directa de la explosión y otros 29 fallecieron en los tres meses siguientes.

La tragedia, producto de la conjunción de errores técnicos, humanos y de construcción, se desencadenó a la 1:24 horas de la madrugada, de ese 26 de abril de 1986. La foto muestrra la abandonada ciudad de Prípiat en donde se ve al fondo el domo de contención construido sobre el reactor en 2004.

Unas 1 000 personas recibieron grandes dosis de radiación durante el primer día después del accidente, 200 000 personas recibieron alrededor de 100 mSv, 20 000 cerca de 250 mSv y algunas 500 mSv. En total, 600 000 personas recibieron dosis de radiación por los trabajos de descontaminación posteriores al accidente. 5 000 000 de personas vivieron en áreas contaminadas y 400 000 en áreas gravemente contaminadas. Hasta hoy no existen trabajos concluyentes sobre la incidencia real, y no teórica, de este accidente en la mortalidad de la población.

Tras prolongadas negociaciones con el Gobierno ucraniano, la comunidad internacional financió los costes del cierre definitivo de la central, completado el 15 de diciembre de 2000. Inmediatamente después del accidente se construyó un «sarcófago», para cubrir el reactor y aislar el interior, que se vio degradado con el paso del tiempo por diversos fenómenos naturales, y por las dificultades de construirlo en un ambiente de alta radiación, por lo que corría riesgo de degradarse seriamente. En 2004, se inició la construcción de un nuevo sarcófago para el reactor. El resto de reactores de la central están inactivos.

Un desastre histórico

El mundo enseguida se dio cuenta de que estaba presenciando un acontecimiento histórico. Hasta el 30 por ciento de las 190 toneladas métricas de uranio de Chernóbil estaban en la atmósfera, y la Unión Soviética evacuó finalmente a 335.000 personas y estableció una «zona de exclusión» de 30 kilómetros de ancho alrededor del reactor.

Para evacuar a los 50.000 habitantes de Prípiat tuvieron que reunir autobuses de varias partes del país. En menos de 3 horas la ciudad quedó vacía.

En un principio, fallecieron 28 personas por el accidente y más de 100 resultaron heridas. El Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas ha informado de que más de 6.000 niños y adolescentes desarrollaron cáncer de tiroides tras haberse expuesto a la radiación del incidente, aunque algunos expertos han rebatido dicha afirmación.

Un bombero es atendido por su exposición
a la radiación, en un hospital de
Moscú, en junio de 1986. Se cree que
ellos, al ser los primeros en llegar a la
central destruida, sufrieron exposiciones
radioactivas de hasta 15.000 roentgen.

Los investigadores internacionales han pronosticado que, en última instancia, unas 4.000 personas expuestas a altos niveles de radiación podrían sucumbir a cánceres vinculados a la radiación, y que unas 5.000 personas expuestas a niveles inferiores de radiación podrían correr la misma suerte. Con todo, las consecuencias totales del accidente, como los impactos en la salud mental y las generaciones posteriores, siguen siendo un tema de debate y estudio.

Los restos del reactor están dentro de una enorme estructura de contención de acero desarrollada a finales de 2016. Los esfuerzos de contención y supervisión continúan y se prevé que las labores de limpieza continúen hasta 2065, como mínimo, aunque algunas partes podrían seguir siendo inhabitables durante miles de años.

Qué es hoy Chernobil

Hoy en día, Chernóbil es una zona de exclusión de 30 km en Ucrania, deshabitada mayormente, custodiada por un nuevo confinamiento seguro sobre el reactor 4. Aunque no genera energía y es un sitio de memoria histórica, se ha convertido en un destino de turismo postapocalíptico y lugar de estudios científicos.

Se mantiene la restricción de acceso, con algunas personas viviendo bajo control.

El sarcófago construido en 1986 fue cubierto por el Nuevo Confinamiento Seguro para garantizar la seguridad durante 100 años.

La zona atrae turistas interesados en la historia y la naturaleza, que ha recuperado el terreno tras la ausencia humana.

Investigación: Científicos estudian el impacto de la radiación a largo plazo, incluyendo la vida silvestre y los perros de la zona.

Em la zona de exclusión reina un silencio inquietante, pero lleno de vida. Aunque muchos árboles han vuelto a crecer, en los últimos años los científicos han hallado pruebas de niveles elevados de cataratas y albinismo y tasas inferiores de bacterias beneficiosas entre algunas especies de animales de la zona. Con todo, debido a la exclusión de la actividad humana alrededor de la central nuclear contenida, las poblaciones de algunas especies, como linces y alces, han aumentado.

En 2015, los científicos estimaban que había siete veces más lobos en la zona de exclusión que en reservas cercanas comparables, gracias a la ausencia de los humanos.

En 2025, un dron ruso dañó el sarcófago que protege el reactor de la central nuclear ucrania de Chernóbil

El desastre de Chernóbil tuvo otra consecuencia: la factura económica y política aceleró el fin de la URSS e impulsó un movimiento antinuclear internacional. Se estima que el desastre ha costado más de 210.000 millones de euros en daños. La actual Bielorrusia perdió casi una quinta parte de su terreno agrícola, ya que el accidente contaminó el 23 por ciento de su territorio.

En el punto álgido de la respuesta ante el desastre, en 1991, Bielorrusia gastó el 22 por ciento de su presupuesto total para hacer frente a Chernóbil.

La verdadera historia del «escuadrón suicida» de Chernóbil, los tres hombres que evitaron un desastre mayor

La fábula cuenta que tres operarios de la central, Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, se ofrecieron voluntarios para entrar en los cimientos inundados de las piscinas, hallar las válvulas de escape, abrir las esclusas, drenar la zona y salvar a la humanidad de un apocalipsis certero. Lo harían conocedores de una muerte casi inmediata, entre aguas de colores brillantes y unos niveles de radiación incompatibles con la vida. Y lo harían por el bien de millones de personas.

El relato contiene elementos de realidad y de fantasía, o más bien, de licencias literarias.

Por un lado, Ananenko, Bezpalov y Baranov no fueron las tres únicas personas que se introdujeron en las cámaras inundadas bajo las piscinas de seguridad.

Tanto los equipos de bomberos como otros técnicos de la central habían trabajado durante los días previos para vaciar parte del agua. Los primeros bombearon las salas logrando reducir la inundación a la altura de la rodilla, cuando no del tobillo. Los segundos habían entrado para medir los niveles de radiación.

De modo que cuando el trío de héroes se introdujo en las cámaras lo hizo con cierta cantidad de información. No fue un acto ciego. Ananenko y Bezpalov habían colaborado en la construcción e instalación del sistema de seguridad. Conocían su infraestructura, la canalización, la posición de las tuberías principales y el punto exacto donde encontrarían las válvulas que abrirían las compuertas y vaciarían el agua. Lo harían eso sí, a oscuras, por lo que necesitarían a Baranov para iluminarles. 

Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov, fotografiados tiempo después en una entrevista de la BBC

La misión de los tres hombres era relativamente sencilla. Caminar por las profundidades de Chernóbil ataviados con equipamiento de submarinista, encontrar las válvulas de las compuertas y abrirlas. En condiciones normales hubiera sido una tarea realizada de forma automática y electrónica por el ordenador de la central, pero la explosión y la inundación posterior habían inutilizado los circuitos.

Durante su camino, repleto de agua hasta las rodillas, los tres se familiarizarían con el tétrico sabor metálico en la boca causado por la elevada radiación del agua contaminada. Pero llegarían a las válvulas, las abrirías sin mayores problemas y regresarían al exterior entre vítores de sus compañeros. A su salida, Ananenko hablaría con Tass, una agencia de información soviética, y sus palabras serían recogidas por Associated Press.

Bomberos en Chernóbil (RIA)

«Me ofrecieron rechazar la tarea. Pero cómo podría haberlo hecho cuando era la única persona en mi turno que sabía dónde estaban ubicadas las válvulas», contaría.

De hecho, el mito se hizo tan grande que la mayoría de historias les dieron por muertos Pero ninguno de los tres pereció.

Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov hicieron su trabajo. Fueron héroes. Salvaron a las gentes de Ucrania y de buena parte de Europa de una catástrofe potencialmente superior a la vivida. Y vivieron para contarlo.

Para limpiar el techo del reactor de materiales radioactivos, se usó un módulo lunar que tuvo poca vida útil, debido a que la radiación destruia las baterias. Para terminar las tareas, se utilizaron los llamados “liquidadores”, que eran soldados de diferentes regimientos encargados de la tarea. Cada uno tenía que estar como máximo dos minutos.
En primer plano, Víctor Bryujanov, director de la planta. Anatoli Diátlov (al medio) fue
el ingeniero en jefe adjunto de la Central Nuclear de Chernóbil, y el supervisor del
fatal experimento que resultó en el accidente. Al final, el ingeniero jefe, Nikolai Fomin.
Los tres fueron enviados a prisión por ser responsables del estallido del reactor.
40 años después del desastre, las botas y ropas de los bomberos que están en el sótano
del hospital de Prípiat, aún poseen altos niveles de radiación.