• 25/07/2026

Charla de café

Charla de café

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

Un par de veteranos que, después de mucho tiempo sin verse, se juntaron a tomar un café y charlar un rato.    Tras saludarse efusivamente, buscaron un lugar tranquilo, con el menor ruido posible, porque no oían como antaño. Lo que buscaban era eso, precisamente: hablar y oírse.

Una vez sentados, como corresponde, se preguntaron por sus respectivas vidas, el trabajo; en fin, de todo un poco. Así fue como se pusieron al día y se contaron cómo estaban, qué pensaban hacer más adelante y qué proyectos tenían.     Se veían bien presentados, canosos ambos, y parecían no tener problemas económicos; además, se los notaba bien ilustrados.

Salieron temas típicos, como la memoria, y uno le decía al otro que él, para no olvidarse de las cosas, las escribía en papelitos y luego los revisaba.   El otro le dijo que hacía lo mismo, pero después no se acordaba de dónde estaban los papelitos.

Alguno dijo que, después de haber pasado una vida trabajando y haciendo cosas, lo importante era hablar, y que para eso hay que tener con quién. Porque, cuando nos desahogamos, nos hace bien y conocemos al otro, lo que tiene adentro.     

—Sí, pero no con cualquiera podés charlar cosas interesantes. Hoy todos hablan y opinan de todo, como si supieran. Pero las cosas nuestras, las que nos interesan, no, porque están fuera de su mundo. Además, no se dan tiempo porque andan apurados.

—¿Te imaginás que esta conversación la tuviéramos que hacer con emojis y cosas así?       

—Es más fácil incomunicarse que aprender todo esto nuevo.     

 —Sí, es lo que hacen muchos, lamentablemente. Es como que hay un mundo que anda a dos velocidades. 

 —Sí, y ellos son los que ganan, y cada vez más.

Al despedirse, después de un par de horas de charla, uno le dijo al otro:

—¿Viste que no hablamos de política, del Mundial ni de mujeres?

—Será porque no entendemos de esos temas —le contestó el otro.