• 13/07/2025

Baia: la “ciudad del pecado” de la Antigua Roma

Baia: la “ciudad del pecado” de la Antigua Roma

Si maravillarse con los rascacielos de Nueva York o los puentes de Pekin es algo lógico no lo es menos descubrir lo que queda de Baia.

Usted dirá. ¿Y qué es Baia?

La traducción al español sería Bayas y, simplificando, diríamos que fue una ciudad romana cuyas ruinas aún se mantienen porque quedaron muchos siglos sumergida bajo el agua.

Unas fotografías aéreas realizadas en los años 40 del pasado siglo por el piloto Raimondo Baucher en el golfo de Pozzuoli, a unos 20 km al norte de Nápoles, descubrieron un amplio conjunto de estructuras ocultas en el fondo del mar.

Los buzos extraen del mar, en 1969, la estatua de uno de los compañeros del héroe Odiseo, que lleva un odre con vino para emborrachar al cíclope Polifemo. Esta pieza formaba parte de un grupo escultórico.

A partir de 1959 se realizaron las primeras prospecciones. Y comenzaron las investigaciones. Fue así como los historiadores del antiguo imperio dijeron que los ultra ricos de Roma viajaban a Baia los fines de semana para celebrar sus fiestas.

Poderosos estadistas construyeron lujosas villas en su playa, con spas y piscinas con mosaicos donde podían entregarse a sus deseos más salvajes. 

Era tanta la atracción de Baia que uno de sus residentes llegó a encargar un ninfeo, una gruta privada rodeada por estatuas de mármol dedicadas en exclusiva a los «placeres terrenales».

En síntesis, hace más de 2000 años, Baia era el Las Vegas del Imperio Romano, una ciudad vacacional a unos 30 kilómetros de Nápoles, en la calurosa y picante costa occidental de Italia, que satisfacía los caprichos de los poetas, generales y personas de toda condición que allí recalaban.

Cicerón, el gran orador, compuso algunos de sus discursos en su retiro junto a la bahía, mientras que el poeta Virgilio y el naturalista Plinio mantuvieron residencias en las cercanías de sus rejuvenecedores baños públicos y en distintas épocas concurrieron emperadores como Julio César, Nerón y Calígula. 

«Hay muchos relatos de intriga asociados a Baia», afirma John Smout, un investigador que ha colaborado con arqueólogos locales para investigar el sitio.

Mapa que muestra cómo era el golfo de Pozzuoli en el siglo XVI.

Circularon rumores de que Cleopatra escapó en su barco desde Baia después de que Julio César fuera asesinado en el 44 a.C., mientras Julia Agripina planeaba, también en Baia, la muerte de su marido, Claudio, para que su hijo Nerón pudiera convertirse en emperador de Roma.

Su agua mineral y un clima amable fueron lo que primero atrajo a la nobleza de Roma en el último cuarto del siglo II a.C.

El lugar era conocido como los Campos Flégreos, así llamados por las calderas volcánicas que salpican la región.

Una estatua de Antonia la Menor, madre del emperador Claudio, en el ninfeo de punta Epitaffio Se cree que las termas y el ninfeo formaban parte de una residencia imperial.

Las calderas eran veneradas por los griegos y los romanos como entradas al inframundo, al Hades, pero también impulsaron un gran número de avances tecnológicos.

El invento local del cemento resistente al agua, una mezcla de limo y rocas volcánicas, espoleó la construcción de bóvedas abiertas y fachadas de mármol, así como estanques privados con peces y suntuosas casas de baño.

Pero, dada la reputación pecaminosa de Baia, quizá fue correcto que la abundante actividad volcánica en la zona fuese también su perdición.

Bayas era un retiro de villas lujosas e instalaciones termales donde los romanos ricos y poderosos llevaban una vida de placer y pecado, según se decía en aquella época. Cicerón la consideraba un lugar de vicio y perdición.

Durante algunos siglos, el bradisismo, el aumento y descenso gradual de la superficie de la Tierra causados por la actividad sísmica e hidrotermal, hizo que gran parte de la ciudad se hundiera en una gran sepultura acuosa, el lugar en el que todavía hoy se asienta.

A partir de 1940 los geólogos asombrados empezaron a buscar respuestas a los agujeros que habían dejado los moluscos en ruinas descubiertas cerca de la orilla, indicios de que partes de la colina habían estado alguna vez sumergidas.

Estatuas de Octavia Claudia, la hermana del emperador Claudio, y Ulises señalan la entrada a las grutas submarinas, con sus alargados brazos cubiertos de percebes.

Dos décadas después, las autoridades italianas enviaron un submarino a investigar las partes de la ciudad que permanecían bajo el agua.

Lo que encontraron fue fascinante: desde los tiempos de Roma, la presión subterránea había hecho que la tierra que rodea Baia se alzara y hundiera continuamente, empujando las antiguas ruinas hacia lo alto, hacia la superficie marina, antes de que lentamente el agua se la vuelva a tragar de nuevo.

Las ruinas sumergidas han sido dominio exclusivo de unos pocos intrépidos arqueólogos hasta muy fecha muy reciente. El yacimiento arqueológico submarino no fue formalmente designado como zona protegida hasta 2002, cuando abrió al público.

En esta foto, los submarinistas bucean entre las ruinas romanas de la antigua ciudad de Bayas (Baia en italiano), en un parque arqueológico submarino a poca profundidad, abierto a los interesados.

Desde entonces, la tecnología 3D y otros avances en arqueología submarina han permitido los primeros vistazos a este capítulo de la Edad Antigua.

Buceadores, historiadores y fotógrafos han podido captar rotondas y pórticos sumergidos, incluido el del famoso templo de Venus (en realidad es un sauna), todos ellos descubrimientos que han dado pistas sobre el más rabioso desenfreno de la antigua Roma.

Debido a la ondulación de la corteza terrestre, las ruinas yacen en aguas relativamente poco profundas, a una media de seis metros, permitiendo a los visitantes ver algunas de sus misteriosas estructuras subacuáticas desde barcos con el suelo de cristal o, como se las conoce, videobarcas.

Estatuas de Octavia Claudia, la hermana del emperador Claudio, y Ulises señalan la entrada a las grutas submarinas, con sus alargados brazos cubiertos de percebes.

Pero también hay mucho que ver en la superficie. De hecho, muchas de las esculturas sumergidas son en realidad réplicas; los originales pueden encontrarse en lo alto de la colina, en el castillo de Baia, donde la Superintendencia Arqueológica de Campania gestiona un museo con las reliquias recuperadas de las aguas.

Un arqueólogo submarino observa una de las estatuas sumergidas que en su día adornaron la villa de los Pisones, en la localidad costera de Bayas.

Los sismólogos prevén un incremento de la actividad volcánica en la costa de Baia en el futuro próximo, haciendo su destino incierto una vez más. Solo el pasado año, se registraron 20 pequeños temblores y en los últimos años se ha empezado a hablar de cerrar las ruinas sumergidas al público.

Pese a ello, los visitantes pueden por ahora buscar en esta ciudad sumergida una entrada oculta, si no al inframundo, al menos a los espectaculares tesoros que esconde.

Estatua del dios del vino procedente del ninfeo o fuente monumental de Bayas. Museo Arqueológico de los Campos Flégreos.

Mansiones de lujo

A lo largo del siglo I a.C., la zona se desarrolló como lugar de retiro y diversión para los romanos ricos, y luego para los emperadores, debido a la calidad de sus aguas. Autores clásicos como Horacio, Estacio y Marcial elogiaron su belleza, mientras que otros, como Séneca y Varrón, criticaron los vicios y excesos de sus ricos inquilinos estacionales.

Rodeando al Parque Arqueológico está la moderna Baia, una sombra de su antigua magnificencia, pero que aún contiene el espíritu de su malicie y placer.

La villa de los Pisones. El trabajo de los arqueólogos desveló la villa de los Pisones, una lujosa residencia con una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados. El complejo, situado a unos 150 metros de la costa y a unos ocho metros de profundidad, fue construido a finales del siglo I a.C. y constaba de diferentes estancias termales y residenciales distribuidas en torno a un amplio jardín porticado; la zona abierta al mar estaba dispuesta en terrazas. La villa contaba con una serie de piscinas ligadas a la actividad pesquera. Los restos de mosaicos y pinturas de algunas habitaciones manifiestan la riqueza de sus propietarios. En la villa de los Pisones, Tácito sitúa el origen de una conjura contra el emperador Nerón.

Mosaicos de Villa Protiro. Villa Protiro -llamada así porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada- es una de las muchas villae maritimae integradas en la antigua Bayas. Allí se halla este mosaico que muestra la foto. En la actualidad, Villa Protiro forma parte de la Zona “A” del Parque Arqueológico Sumergido, cerca de la localidad italiana de Pozzuoli. Este complejo monumental representa la estructura urbana de la antigua bahía: una calle que domina una serie de tabernas y una villa privada. 

La villa de Protiro. La zona urbanizada de Bayas se comunicaba hacia el suroeste con otras propiedades a través de una calle a la que se abrían numerosas tabernas y que conducía a la entrada monumental de otra villa privada con vistas al Baianus lacus. Los arqueólogos la bautizaron como villa de Protiro porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada (en griego, pro thyra). La villa se dividía en dos secciones, una residencial y otra de termas privadas, separadas por una piscina de agua marina anqueada por numerosas esculturas. Destacan algunas estancias decoradas con mosaicos geométricos de tema mitológico y revestimientos de mármol. En la zona también se han hallado restos de pórticos y otras estructuras.

Detalle de un mosaico en la villa de Protiro

El complejo termal. En 1980, la primera excavación subacuática sistemática puso al descubierto diversas estancias ricamente decoradas con mármoles. Los investigadores concluyeron que las estructuras correspondían a un complejo termal y a un ninfeo –un espacio con función de triclinio o sala de banquetes–, construidos en época del emperador Claudio (41-54). Se especula con que las termas y el ninfeo formasen parte de una residencia imperial.