• 15/08/2026

Ausencia

Ausencia

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

Tocarlo y acariciarlo con mi mano tibia, apretarlo y sentirlo junto a mí, extrañarlo tanto que creía verlo por todos lados, siempre presente…

De noche lo extraño y, al tantear con mi mano a oscuras, no lo encuentro, no lo siento. La noche es más solitaria sin él. Aunque yo sigo calentito en mi cama, noto su falta.

De día es cuando noto más su ausencia: hablar con él, oír todo lo que tiene para decirme. A veces hasta me ilumina cuando, por esta vida, me hace falta ver bien los hechos, las cosas que buscamos y que, si no fuera por él, se harían más difíciles de encontrar.

Otras, con su voz tan particular, me hace sentir que no se olvida de mí y me recuerda los tiempos, esos de los que mi memoria se olvida.

Muchas veces es mi contacto con el mundo; con amigos que, de otro modo, sentiría mucho más lejanos. Otras, muy temprano, ya sabe cómo está el día, aunque no me lo dice hasta que no se lo pregunto.

Por ahí hay momentos en los que se le ve que le falta energía. Pero, aun así, él sigue como si nada, sin quejarse; solo se le nota por hablar poco.

No queda bien decirlo, pero la higiene no es su fuerte. Alguna vez me atrevo a limpiarle la cara lo mejor que puedo, pero desvestirlo y limpiarlo a fondo no es frecuente. Y no es por arisco, sino porque es muy celoso de su intimidad. Tanto, que, si uno no sabe sus señas particulares, poca atención nos da.

Es muy entrometido y está siempre presente en cualquier lugar y momento. Por eso, cuando no está, me preocupo mucho por saber dónde se encuentra y todo se me hace más difícil.

La vida me acostumbró a tenerlo conmigo tanto, tanto, que cuando se me pierde el teléfono celular siento, por un instante, que yo soy el que quedó fuera de este mundo.