• 27/06/2026

Así dibujaba Divito a las mujeres argentinas hace 70 años

Así dibujaba Divito a las mujeres argentinas hace 70 años

UN AUTÉNTICO PLAY BOY QUE SE TRANSFORMÓ EN REFERENTE DE LA CULTURA POPULAR DE SU ÉPOCA

Se llamaba José Antonio Guillermo pero todos los argentinos lo conocían por el apellido y ese apellido se convirtió en una marca.

Pero… ¿Quién fue Divito?

Fue dibujante y editor de profesión. Pero fue, principalmente, un personaje de Buenos Aires. Y alguien que dejó su marca en el vestir, el lenguaje y las costumbres de su tiempo. Nació en 1914. Desde muy chico se dedicó al dibujo y al humor gráfico. En la revista Patoruzú encontró un lugar y reconocimiento público. Sus creaciones eran un éxito. Pero de pronto la dejó.

Divito salió decidido a fundar su propia revista. 

En acción. El dibujante marcó una época y sus obras tuvieron un estilo definido.

Rico Tipo apareció en 1944 y fue un éxito inmediato. Llegó a vender más de 300 mil ejemplares semanales.  Un millón doscientos mil revistas por mes. Los motivos de semejante éxito son múltiples. Las chicas que aparecían en cada tapa y en una página interior a color fueron la marca registrada de la publicación. Las chicas Divito. Así se las conocía.

Mujeres altas, llamativas, siempre arregladas y sensuales, con grandes pechos, cintura mínima y caderas marcadas. Nadie puede confundirse: una chica Divito se distingue de cualquier otra cosa. Estos dibujos venían acompañados de un chiste expresado en un texto en la base del dibujo. Un chiste que funcionara o no -todos tendrían la misma eficacia sin la ilustración, no necesitaban de ella- era una mera excusa para dibujar esas mujeres con el pelo salvaje, las pantorrillas firmes y las curvas marcadas. 

En ellas hay elegancia, sensualidad, sofisticación, maledicencia y una provocación algo ingenua. Para la época fueron una especie de revolución.

En ellas hay elegancia, sensualidad, sofisticación, maledicencia y una provocación algo ingenua. Pero para la época fueron una especie de revolución. Así las describió hace unos años el escritor Juan Sasturain: «Descomunales, inaccesibles –para el hombre como conquista, para las mujeres como ideal–, huecas, frívolas y eternamente dominantes, conscientes o no de su poder absoluto, las mujeres/chicas de Divito no hacen nada, sólo se muestran para ser miradas y admiradas, como las modelos de hoy».

Además de Rico Tipo, Divito tuvo muchas iniciativas, como la de dictar cursos de dibujo por correspondencia y poner una academia

Las chicas y toda la revista se metieron en la gente. En una sociedad pacata, la sensualidad de estas chicas, la picaresca de sus remates y hasta esa capacidad de maldad de las protagonistas eran una osadía que los lectores buscaban y agradecían. La diferencia con Patoruzú estaba en ese nuevo tono, menos infantil, más suelto.

“Las mujeres/chicas de Divito no hacen nada, sólo se muestran para ser miradas y admiradas, como las modelos de hoy”

Willy (así lo llamaban los más cercanos) Divito era todo un personaje. Nuestro Hugh Heffner.

Soltero vitalicio, siempre acompañado por mujeres llamativas, por las más deseadas por los demás, seductor profesional, viajero empedernido, con trajes siempre a medida, autos de dos puertas con motores de competición, pipa y el vaso de whisky. Un bon vivant que hechizaba al público a través de sus dibujos que imponían modas.

Las mujeres empezaron a vestirse como sus chicas. Con esas polleras cortas y ajustadas, tratando de minimizar la cintura todo lo posible. ¡Estamos hablando de 70 años atrás!

Los hombres, por su parte, también seguían los postulados de la revista y de los dibujos de su creador. Trajes cruzados, de enormes solapas, con cuatro botones ubicados en cuadrado (¡sólo se abrochaba el de arriba!) con pantalones de tiro alto que se angostaban pronunciadamente en la pantorrilla -antecesores del actual chupín. En algún momento de la década del cincuenta los jóvenes porteños, por sus gustos (o posturas) y maneras de vestir se dividían en tres grupos: tangueros, petiteros (los que salían de la confitería Petit Colón) y los divitos, que emulaban a los personajes que imaginaba el dibujante. 

Pero no todo se trataba de las ¡Chicas!. Los otros personajes de Divito tuvieron también una enorme recepción popular. Muchos se metieron de lleno en el inconsciente colectivo y el nombre de la tira pasó a denominar a personas que se asemejaban a las creaciones de Divito. Pochita Morfoni y Fúlmine son el mejor ejemplo. El estilo de humor de estas como de los otros personajes (Bólido , el que entendía todo literalmente; Bómbolo; o Falluteli -otro personaje avanzado para su tiempo: a pesar de ser malo, ventajero, odioso, aprovechador y hasta alcahuete, siempre salía bien parado; no había moralina ni moraleja) era bastante sencillo y reiterativo. Una fórmula. 

Lo que funcionaba era el personaje, esa convención y complicidad que ya se había entablado con el lector. Un sistema similar al de los programas de humor televisivos durante décadas de nuestra televisión en los que la repetición de esquemas era lo que mandaba. Posiblemente el mejor y más original de todas las criaturas de Divito sea El otro yo del Dr. Merengue. Una gran tira. El Dr. Merengue es un hombre mayor atildado, sumamente correcto, con un estoicismo blindado, nunca se deja desbordar por las emociones. Pero su otro yo, que se desprende de su cuerpo, no tiene inhibiciones. Prefiere los excesos, las mujeres, es un jefe abusivo, lo dominan la lujuria y la pereza. Se anima a decir lo que tiene ganas, lo que ni él ni la sociedad de la época se animan. Una tira adelantada a su tiempo.

Un chiste podía funcionar o no. Eran una mera excusa para dibujar esas mujeres con el pelo salvaje, las pantorrillas firmes y las curvas marcadas.

Rico Tipo triunfó en un mercado de revistas muy vasto, en el que la competencia era feroz.

Durante más de quince años, Rico Tipo dominó el mercado.

Divito sacó algunas revistas paralelas a Rico Tipo pero nunca alcanzó el mismo nivel de éxito. Pequeños spin offs algo fallidos. Tuvo también otros negocios de los cuales los más notables fueron dos boliches bailables, o boites para ser precisos a la terminología de época. Zum Zum impuso el ritmo de las noches porteña a mediados de los sesenta. Paralelamente la revista languidecía. Era una institución que envejeció y ya no marcaba el paso de la sociedad. El humor era otro, los tiempos eran otros. La costumbre (y los bajos precios de las revistas) hacía que tuviera todavía miles de lectores pero ya la gente no se vestía como sus personajes, ni hablaba como ellos, ni sufría apodos de personajes de historietas.

El 5 de julio de 1969 en un pueblito de Brasil, Divito de 55 años, encontró la muerte. Chocó en una perdida ruta provincial de frente con un camión. El auto deportivo descapotable de dos puertas, el Fiat rojo que manejaba Divito quedó destruido, con los hierros retorcidos.

Unas semanas antes la Revista Gente lo presentaba como su nuevo columnista estrella, apelaban a su humor y a su conocimiento de la noche como carta de presentación.

Con su muerte terminaba una época. Rico Tipo agonizó unos años más hasta cerrar en 1972.

Fuentes: Matias Bauso, Infobae, Wikipedia