- 30/11/2025
APELLIDOS INDÍGENAS DE CUYO Y LA RIOJA (Segunda Parte)


Escribe AÍDA ELISA GONZÁLEZ
Observamos de esta manera que la Toponimia y la Antroponimia tienen muchos puntos en común, lo que puede advertirse no sólo en el campo disciplinar, sino también en la realidad de los problemas de la Onomástica aborigen. Uno de los puntos en común, por ejemplo, es el hecho de ser considerados tanto los topónimos como los antropónimos, como verdaderos fósiles lingüísticos, ya que nos permiten adentrarnos en la historia de la lengua.
Si bien las dos ramas de la Onomástica (Toponimia y Antroponimia) comparten características lingüísticas fundamentales, no por ello se comportan de igual modo. Así por ejemplo, desde el punto de vista cuantitativo registramos que hay más topónimos aborígenes que apellidos o nombres aborígenes. Basta con revisar la documentación derivada de numerosos pleitos entre encomenderos, para encontrar algunas de las posibles razones. Por un lado, los encomenderos al servirse de los indios, por lo general, no levantaban en forma pulida o sistemática el acta correspondiente de la toma de posesión. Esta situación da la pauta de que la documentación para la recopilación de los nombres y ‘apellidos’ no podrá ser completa. Por otro lado, no debemos olvidar que el corpus de antropónimos aborígenes no estará acabadamente completo, en la medida en que los conquistadores, al bautizar a los indios les colocaban nombres españoles, limitando irreversiblemente nuestro acceso a aquellos designativos. Como consecuencia quedaron en el camino onomástico solo algunos nombres que iniciaron su deambular por la historia de los pueblos. Los apellidos aborígenes se convierten en huellas, que conducen no solo al conocimiento de los primitivos habitantes, sino también como fósiles para el estudio de la lengua que usaron.
