- 21/06/2026
Antes de Navidad

San Juan era una fiesta. Un San Juan diferente, bien vestido. Por la noche llovieron estrellitas blancas, duras, luminosas y sonoras que, con fuerza, se hicieron notar, llegando hasta el último lugar para marcar su presencia. Muy limpias y lavadas por una tímida lluvia.
Las calles se cubrieron de verde por las hojas tiernas que tapizaban el andar de quienes disfrutamos de madrugar. Verde ecológico, alegre, fresco y lleno de esperanza.
Para vestir de fiesta, algunos, más coquetos, cubrieron sus autos con frazadas o manteles de colores. A todo esto lo acompañaba, esporádicamente, un arco iris precioso que aparecía justo en el momento oportuno. Algunas blancas nubes paseaban tranquilas por un cielo celeste y vital. Si el amanecer parecía una fiesta, después de la algarabía de anoche esta fresca mañana se saboreaba con un delicioso silencio, transparente
El diario del 23 de diciembre decía: «Anoche cayó una fuerte granizada, casi circunscripta al centro de la ciudad. Fueron bólidos muy grandes y, en seco, destruyeron todo a su paso, dejando pelada la recién brotada arboleda, como si fuera otoño; dejando muchos vehículos marcados. Fue mucha cantidad, durante mucho tiempo, y de gran tamaño».
Mi tocayo Bécquer decía que todo depende del cristal con que se mira.

