• 26/09/2026

A veces ocurre

A veces ocurre
Ruckloss

Escribe GUSTAVO RUCKSCHLOSS

Como en muchas casas de familia, a veces se descompone o se rompe algo y, luego de intentar solucionar el problema sin conseguirlo, lo dejamos para después. Para cuando haya tiempo, porque es muy demoroso; para cuando consigamos el carpintero, el albañil o el plomero, según de qué se trate; para cuando tenga dinero, pero, en especial, para cuando tenga ganas…

Es decir, pasa mucho tiempo sin solución, pese a que cada día protestamos contra el inconveniente. Demás está decir que es un flor de motivo para quejarse y rezongar contra el problema, contra el que prometió venir y no apareció, contra el que debió solucionarlo en casa, contra la falta de plata, el Gobierno y el clima.

¿Por qué nos pasa a nosotros? Si pagamos los impuestos, nos bañamos todos los días, vamos a misa y hasta les limitamos el uso del celular a los chicos. ¿Qué hemos hecho mal en la vida para semejante cruz?

Pero, como en toda tragedia, suele aparecer un tercer personaje. En este caso, fue la señora que viene a casa para ayudarnos en los quehaceres domésticos.

Algún día se le atrancó un cajón y no tuvo mejor idea que vaciar la alacena, desarmarla, acomodar no sé qué cosa, y todo volvió a funcionar bien, con naturalidad y espontáneamente.

Entonces, hay que agradecer a los santos del cielo que, además de la inteligencia artificial, todavía exista la inteligencia natural de las empleadas domésticas.