El Nuevo Diario - page 12

Presentación
de la ópera
“Aida” en el
Teatro Colón
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CON TU VIDA
reuta del maestro y con la evolución que
tuve llegué a ser ayudante de dirección
del maestro y creó el Coro Vocacional y
me lo endosó, hasta que me fui en 1980.
Esos diez años fueron muy importantes
para mí porque me abrieron una pers-
pectiva musical. Estudié, aprendí y fui el
tenor solista de cualquier obra sinfónico
coral que hubiera en San Juan. Y des-
pués los otros papeles o cuerdas venían
de Buenos Aires y casi siempre del Tea-
tro Colón.
—¿Y qué te decían?
—Cuando me escuchaban me decían
que tenía que cantar ópera. Y para mí
era como mala palabra, no me intere-
saba la ópera. Justo en 1980 se hizo
acá una versión de La Traviata en el Au-
ditorio, una versión sinfónico coral y co-
protagónico. Lo canté sin saber, lo
preparé, el maestro me daba algunas in-
dicaciones y yo canté intuitivamente el
papel pero sin saber cantar ópera.
Cuando esta gente me escuchó me dijo
“qué maravilla, tenés que ir a Buenos
Aires”. Justo aparece el concurso, yo no
me iba a presentar pero me obligaron a
presentarme y tenía que ir sí o sí.
—¿Qué se concursaba?
—Concursaban doce cargos para el
coro estable, hubo 378 inscriptos y entre
ellos había quince cantantes que venían
trabajando para el Colón hacía diez
años. Yo pensaba “entre ellos van a pe-
lear los doce”. No sé por qué me tocó
ganar y ahí tuve que decir “¿qué
hago?”. Así fue como llegué al Teatro
Colón sin haber cantado salvo un papel
coprotagónico, chiquito, de La Traviata y
nada más.
—¿Qué pasó en el Colón?
—Estuve durante seis años cantando
todo menos ópera. Agradezco tanto
haber tenido esa experiencia aquí en el
Coro Universitario, donde canté muchí-
simo repertorio y allá integré varios con-
juntos de cámara, el de la Alianza
Francesa, el Monteverdi y cada director
era especialista en un estilo específico.
Esa actividad la hacía mucho pero ópera
no cantaba nada, salvo dentro del coro.
Pero me estaba preparando, y me pre-
paraba. Y me decían “vos tenés que
cantar” y yo decía “todavía no”.
—¿Cuándo debutaste?
—Y surgió lo insólito de tener que debu-
tar cantando Rigoletto, sin saberlo, con
las peores condiciones. Me río pero
todos me dijeron “tu debut está en la
historia del mundo”. Porque cuando uno
debuta en un teatro puede ser por mu-
chas circunstancias pero lo insólito del
caso mío es que era un debut total, can-
tando un protagónico sin haber cantado
nunca un papel, sin haber ensayado con
orquesta, sin saber la ópera, sin ensayo
de nada.
—¿Y el resultado cuál fue?
—El resultado fue espectacular. Des-
pués dimensioné y dije “okey, voy a can-
tar”. Yo sabía que en mi naturaleza, si
llegaba a pasarme algo, la técnica me
iba a salvar. Por eso estuve seis años
trabajando para que no me falle la téc-
nica pero puede pasar, por los nervios o
por un montón de cosas. Cuando canté
era solo esa función y vinieron las autori-
dades de Teatro Colón y me dijeron “Ri-
cardo, usted canta la próxima”. La
próxima era pasado mañana y dije “no
no, canto esta y no canto más”. “No,
usted canta”. Y me obligaron a cantar la
segunda y me costó muchísimo porque
después de la primera me relajé y era
como que me había pasado un camión
por encima. Y yo dimensioné dónde es-
taba parado, lo que había hecho.
—¡Increíble!
—Todos decían “este tipo es un loco,
salir a debutar en estas condiciones, las
peores”. Y sin embargo, haber tenido la
suerte de haber hecho una muy buena
función... Esto fue digamos ese debut en
el teatro que significó abrir tal vez algo
paralelo, porque mi función siempre fue
cantar en el coro. Pero me convocaban
para cantar papeles dentro de lo que
fuera. Cuando vos te preparás para
hacer un cantante profesional podés y
debés abarcar desde el protagónico
hasta el último papel. Sos un profesional
para cantar cualquiera sea el estatus del
papel. Así me aparecieron muchas posi-
bilidades, cantando siempre, a veces un
papel más importante que otro y me
mantuve. Después hubo otras circuns-
tancias por las que se empezaron a ce-
rrar esas puertas pero no me arrepiento
tampoco, fueron mis luchas.
—Entraste en la parte gremial…
—Sí, yo tuve que entrar en la parte gre-
mial no porque me interesara sino por-
que era tan dura la pelea y contra quien
estábamos peleando era importante y
fuerte. Había que ponerse tal vez una
cobertura de alguna manera para al
menos tener un resguardo mínimo. Ergo
eso significó cerrar muchas puertas. Tu-
vimos que blanquear sueldos. Nos pa-
gaban en negro casi un 50 por ciento y
yo pensaba “si me tengo que jubilar, lo
que significaría eso”. Y después apare-
cieron un montón de cosas más y por
eso comenzó la discusión.
—Realmente cuando uno va al Colón
siente que es un templo de la música.
—Muchas veces soy un poco crudo
cuando expreso mi opinión pero es lo
que pienso y si hay alguien para reba-
tirme lo podemos discutir. Yo cuando me
fui de San Juan en 1980 el Teatro Colón
era el lugar al que aspiraba cualquier
persona que se dedicara al arte de can-
tar, de bailar, de tocar y no solo en el
país, en el mundo. Los cantantes inter-
nacionales que habían cantado en la
Scala, en el Metropolitan, en la ópera de
Viena si no habían cantado en el Colón
sabían que todavía eso les faltaba.
Sabés la jerarquía que eso significaba.
—¿Extrañás el Colón?
—Extraño el Colón pero no extraño mi
actividad porque le dediqué toda mi
vida, la respeté siempre y desde el pri-
mero hasta el último día me autoexigí de
ser el mejor tipo cantando en el coro, ha-
ciendo mi trabajo. Pero qué pasaba, yo
al teatro no iba únicamente en mi hora-
rio de trabajo. Yo me iba en la mañana o
me quedaba en la siesta o me iba en la
noche sin tener que trabajar pero me iba
a ver al gran violonchellista, al violinista,
al director de coro, al director de or-
questa, al bailarín. Esto me nutrió y me
sirvió tanto que es el capital que yo
tengo, el tesoro que yo tengo y guardo,
más allá de todo lo que pasó en mi vida
particular como cantante. Haber tenido
la posibilidad de ver cómo ensayaban
Plácido o Pavarotti, estas cosas te nu-
tren y valorizás.
—Están tan metidos en la gente que
hasta a un jugador de fútbol si artis-
tea, le dicen “al Colón”. Es lo má-
ximo, incluso para los músicos
populares, no solo lo lírico.
—Podemos tener distintos puntos de
vista. Yo he apreciado también músicos
populares en el teatro. Te puedo decir
que Atahualpa Yupanqui, se negó siem-
pre a tocar en el Teatro Colón porque
decía que no era el lugar. Sabía que era
demasiado grande para él. Y todos le
Manifestando en sala del Teatro Colón en el
saludo final de la ópera Falstaff, por la incor-
poración de un compañero despedido. Octu-
bre de 2014
l
Su debut como
solista en el Colón
fue en el rol
protagónico de
Rigoletto en 1986.
Ricardo integraba el
coro y sin conocer
la obra y con una
semana para
aprenderla se
presentó como
solista y el público lo
aplaudió de pie.
RICARDO
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Un
sanjuanino
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