El Nuevo Diario - page 10-11

presentación de la película, Márbiz era el
dueño de una compañía que se llamaba
Docta, que era la que armaba los festivales
desde enero a marzo, eran 300 en el país.
Él nos quiso incorporar a Docta pero bajo
condiciones que nosotros no veíamos bien
y tuvimos que decirle que no. No me
ufano de decir que lo rechazamos porque
además significaba que si nos comprome-
tíamos era dejar todo acá. El Nene estaba
muy metido en su carrera de contador, en-
tonces dijimos “no, no es lo que queremos.
Sigamos con lo nuestro”. Seguimos con el
conjunto y nada más.
—Y se metieron en la gente.
—Fue una etapa realmente muy bonita. Fi-
jate que cosa loca yo me voy a Buenos
Aires, gané el concurso del Teatro Colón,
pero nos presentamos en el Precosquín y
ganamos. Entonces, al ganar, cuando ba-
jamos del escenario me estaba esperando
uno de los integrantes de Los Trovadores.
Sabía que yo me iba a Buenos Aires, me
sacó la tarjeta y me dijo “yo quiero comuni-
carme con vos, te dejo mi tarjeta porque
quiero que estés en Los Trovadores”. Yo le
dije “te agradezco, pero estoy dejando a
mis amigos porque voy a algo nuevo que
es la ópera, difícilmente pueda aceptar”.
— Además de cantar sabés de arreglos,
de música, ¿habías estudiado de chico?
—En verdad, lo mío fue básicamente intui-
tivo.
—¿Hacías los arreglos intuitivamente?
—De oído, oreja, como le quieran llamar.
Mi mamá quería que mi hermana, que es
hacíamos juego de voces. Yo cuando
hacía los arreglos en realidad aprove-
chaba los acordes que hacía en la guita-
rra, hacía los acordes de las tres voces,
entonces había momentos en los que pa-
recía que había cinco voces y éramos tres
los que cantábamos. Ya empezó uno a es-
tudiar y saber que los sonidos fundamen-
tales en las notas tienen armónicos que
las componen, entonces que si vos cantás
determinada nota va a parecer una artifi-
cial sin que esté emitida. Y bueno, y con
esa forma de cantar y el repertorio nos dis-
tinguíamos bastante.
En el momento en que estábamos justa-
mente en esto de Argentinísima, que can-
tamos acá y en Mendoza en la
pasar. Puntualmente hasta el año 1980 mi
vida fue siempre lo que hice desde la ado-
lescencia. Es verdad que empezamos
desde muy chicos con Los Puneños, te-
niendo once años y el Nene igual, y Er-
nesto nueve creo, muy niños, hasta 1980.
Te imaginás, casi veinte años de estar can-
tando y yo aquí haciendo mi actividad con
ellos, jugando en la selección de básquet y
en la de vóley de San Juan, haciendo de-
porte, integrando el Coro Universitario, diri-
giendo el Coro Vocacional. Es decir, esa
era mi actividad hasta que me tuve que ir a
Buenos Aires.
—Gran desarraigo…
—Fue un desarraigo y significó dejar todas
estas cosas que uno había hecho. Co-
menzar una etapa nueva con un género
que nada que ver con lo que yo había
hecho en San Juan pero sigo manteniendo
el espíritu del folclorista, del que valoriza y
le encanta la música popular porque tam-
bién es identidad. Ahora cumplo un año de
jubilado. Me jubilé en el Teatro Colón y
este ha sido un año sabático, no pensado
por mí pero en el que no hice ninguna acti-
vidad. Sin embargo, a pesar de eso, de
haber estado en el canto lírico, en la ópera,
nunca mató lo otro, que es la música popu-
lar.
—Volvamos un poquito para atrás, Los
Puneños marcaron toda una etapa en
San Juan.
—Así es. Fue un trío muy diferente a lo
que había, incluso en el país.
—Hacían voces.
—De por si nuestro folclore es para ser
cantado por un solista o dúo. Ya si es un
trío medio como que te preguntan “pero
será folclore cuyano”. Ahora, en base a ese
respeto que nosotros teníamos por la mú-
sica cuyana es que en el repertorio casi no
cantábamos nada de folclore cuyano.
—Te digo algo, yo recuerdo una noche
que los fui a ver, creo que era un pro-
grama de Argentinísima que se hizo en
el cine y que venía Márbiz y que la gente
pedía que los llevara a ustedes. Y él dio
una explicación, dice “son excelentes
como conjunto pero si hicieran música
cuyana los llevo”.
—Bueno. Esta puede ser una versión y yo
te puedo dar otra también. Es verdad, en
ese momento el trío sonaba muchísimo.
Era un conjunto en el que cantábamos con
armonías nada que ver a la tradicional y
11
Viernes 21 de diciembre de 2018
CON TU VIDA
RICARDO OCHOA
un año mayor que yo, estudiara piano. En-
tonces la mandó, cuando tendría cinco o
seis años, a una profesora para que estu-
die piano y yo la acompañaba. La profe-
sora de piano era amiga de mamá. Yo
estaba esperando esa hora sentado, ju-
gando con los cochecitos, escuchando y
mi hermana estaba estudiando. Y en un
momento dado me pongo a tocar al piano;
lo que mi hermana tocaba con la partitura
yo lo tocaba sin partitura. Entonces la pro-
fesora le dice a mi mamá “Ricardo tiene
que estudiar piano”, entonces mamá dice
“el año que viene vas a estudiar piano”. Al
año siguiente mi hermana sigue con la
profesora y yo empiezo a estudiar. Había
dos pianos en esa casa, mi hermana en
una habitación y yo en otra. Y resulta que
ella me mostraba lo que yo iba a tocar en
la partitura, tocaba una vez y me mos-
traba. Yo no miraba la partitura, le miraba
los dedos. Después me quedaba a estu-
diar y en realidad intentaba copiar lo que
hacía la profesora sin saber la partitura.
Cuando ella se dio cuenta de que yo no
leía sino que tocaba de oído, dijo “es muy
curiosa la musicalidad que tiene. No lee la
partitura”. Fueron dos años así.
—Era innato tuyo.
—Innato, así era. Y bueno, aparece el fol-
clore, y yo me daba cuenta de que hacía
un acorde y sonaba bien. Era lo que me
sonaba. En el conjunto cuando empeza-
mos el que estudiaba guitarra era el Nene
Fernández con el doctor Benicio Bustos. Y
resulta que en ese momento el Nene to-
caba la guitarra, Ernesto el bombo y yo
paradito cantaba. Hasta que aparecieron
los famosos concursos en la confitería
Dunia y ahí fuimos como niños. Entonces
en una semana el Nene me enseñó tres
tonos y toqué la guitarra. Empecé así sin
profesor y el Nene me pasaba lo que estu-
diaba con don Benicio. Y a medida que pa-
saba el tiempo, obviamente lo veías tocar
al Negro Villa, al Bebe Flores, vos vas
viendo, descubriendo cosas, seguía
siendo intuitivo. Sabía qué acorde estaba
tocando, disminuido, alterado, no sabía
cómo se llamaban pero si sabía cómo se
armaban y sonaba. Así íbamos cambiando
y fue evolucionando también el conjunto.
Total es que, como digo siempre, que si mi
vida estaba marcada de una forma y me
tenía que pasar, me pasó.
—Un día te fuiste a Buenos Aires, en el
año 1980 y empezó otra vida. ¿Qué es
entrar al Colón?
—Fue bastante curiosa la entrada al
Colón. Hasta los veinte años fue todo intui-
tivo, leyendo algo pero siempre en función
de saber cómo era y nada más. Un in-
vierno crudo de 1970 iba caminando por
calle 9 de Julio y pasando Caseros se
para el auto de un amigo, Alfredo Barbera.
Se baja un personaje envuelto en un pon-
cho rojo y me para, me tira la mano y me
dice “así que vos sos el famoso Negro
Ochoa”. Era el maestro Petracchini. Y él
me dice “todos me dicen que cantás her-
moso. Cómo es posible que no estés en el
Coro Universitario”. Y yo le dije “no, por-
que nunca he cantado en un coro. Salvo
una prueba que tuvimos en la Escuela In-
dustrial”. La cosa es que le encargó a Al-
fredo, que estaba de novio con una vecina
mía, que yo fuera al Coro Universitario.
Tanto insistió que a fin de año aparecí con
la promesa de volver en 1971. En esa
época yo estaba en la Facultad de Inge-
niería, estudiando y fui.
—Y te quedaste en el coro…
—Asistí a un ensayo y me gustó lo que es-
taban haciendo y eso que yo no tenía in-
tención de estar en un coro pero fue como
un incentivo. Y a partir de ahí me ganó.
¿Qué pasó? Que en el año 1972 el Coro
Universitario fue elegido para ir a cantar a
Estados Unidos en el Segundo Festival de
Coros Mundiales Universitarios en el Lin-
Presenta una adecuada dimensión del margen izquierdo,
lo cual revela una correcta distancia de las situaciones de
su pasado, de las cuales habría podido filtrar las experien-
cias que le aportaron aprendizaje y evolución, de las que
no.
Se presenta ondulación en la línea del renglón, pudiendo
indicar cambios de humor, vacilación, búsqueda de objeti-
vos a través de conductas de rodeo y carácter acomodati-
cio.
La altura de las letras es pequeña, la cual podría indicar
concentración, detallismo deseo de pasar inadvertido, ten-
dencia a la introversión. Mientras que su ancho es apre-
tado o angosto, indicando la posible existencia de
situaciones del mundo exterior que podrían tener una in-
fluencia inhibitoria en él.
Su escritura es legible, manifestando lucidez de pensa-
miento, claridad en las ideas.
Se presenta dinamismo, vivacidad, sentido de la acción e
independencia y autonomía en el autor del escrito. Se ob-
serva optimismo y posible oposicionismo.
Se detectan rasgos de posible actividad vivaz, de necesi-
dad de alcanzar los objetivos personales en el menor
tiempo posible.
Dado la ubicación de sus trazos iniciales, las ideas o pen-
samientos serían el principio de toda acción.
Se visualiza un elevado caudal de energía vital, persona
con fuerza, entusiasmo, motivación, perseverante, que
tiende a defender de forma sostenida su cuerpo de ideas.
Se presenta buen nivel de energía psicofísica, fortaleza y
solidez yoica.
El perfil
psicografológico
Por: Elizabeth Martínez
Grafoanalista
Viene de página anterior
Pasa a página siguiente
s
l
Con su esposa
María Cristina tienen
cinco hijos que les
han dado muchos
nietos. Tras ser
durante 37 años
miembro del Coro
Estable del Colón y
compartir escenario
con cantantes,
músicos y bailarines
de nivel internacional,
se jubiló.
l
Cuando dejó
Los Puneños lo
convocaron grupos
como Opus 4, los
Quilla Huasi, los
Cantores de Alba, Los
Tucu Tucu y Los
Trovadores pero para
Ricardo el objetivo era
llegar al Colón.
El sanjuanino que...
coln Center. Y me dijeron “tenés que venir”.
Lo que pasó ahí fue muy detonante. Jun-
tarnos, durante un mes en una gira, los últi-
mos diez días en Nueva York, ahí estaba la
Ópera, el Metropolitan, ser dirigido por Ro-
bert Shaw, que era el destacado de la di-
rección coral, me impactó lo que él hacía. A
partir de ahí hice un click, Petracchini me
dijo que tenía que estudiar y ahí comencé
la Escuela de Música.
—Ya eras grande…
—En el ciclo preparatorio tenía compañe-
ritos de 9 y 10 años y yo tenía veintidós
años. Así fui estudiando, rindiendo de a
uno o dos años, preparándome. Fui co-
10
Club Deportivo
Unión Estu-
diantil
(1969/70) de
izq.a derecha
(parados) Ghi-
lardi, Martínez,
Ochoa,Ortiz y
Albarracín.
(abajo) Ginés,
Leiva,Martínez,
Juárez y Mo-
reno.
Doña Sara, la mamá de Ricardo
El Coro estable le canta a Juan Pablo II en el escenario del teatro Colón, el 12
de abril de 1987
Casamiento de una vecina del Barrio Mallea, gran familia del Concepción Patín Club. Octubre de
1968. De izq. a derecha Ricardo Ochoa, Castañares, Pilar de Mora, Sara de Ochoa, Paquita de Za-
baleta, los novios Isabel Varela y Juan Carlos Ortiz; y Oscar Ochoa
Mahagonny Songspiel 1994 La Escala de San Telmo
1,2,3,4,5,6,7,8,9 12,13,14,15,16,17,18,19,20
Powered by FlippingBook