El Nuevo Diario - page 5

Viernes 11 de mayo de 2018
5
(*) Fiscal General de la Corte de Justicia
Ex Presidente del Consejo de Procuradores, Fiscales, Defen-
sores y Asesores Generales de la República Argentina
Ex Presidente del Consejo Federal de Política Criminal de
los Ministerios Públicos de la República Argentina
Ex Presidente del Foro de Abogados de la Pcia. de San Juan
Hace un prolongado lapso se
ha instalado en ciertos persona-
jes una costumbre, tan desprecia-
ble como oportunista, como es el
hacer política ocultando que la
hacen, más aun, fustigando a la po-
lítica asignándole un disvalor como
actividad.
Dicha conducta se acentúa o se
verifica, con cierta asiduidad,
en quienes no ocupan cargos por
elección popular y se arrogan, fal-
samente, la representación de un
sector determinado.
Postulan, en ocasiones, austeri-
dad republicana al mismo
tiempo que gastan los recursos,
cuya administración les ha sido
confiada, en instalarse política-
mente, piden participación y, con-
temporáneamente, abusan de los
cargos.
Dicen defender a un sector y,
por conveniencia política, bas-
tardean sus intereses ofreciendo
servicios por una contrapresta-
ción ínfima e indigna.
Agreden, desde lo público, se
disfrazan de “lobos” frente a
extraños y entregan a los suyos
en las mesas de negociacio-
nes. Todo es, solo, parecer.
Si se les preguntara qué reco-
nocimiento, ventaja o dere-
cho consiguieron, solo podrían
balbucear algunas incoherencias,
ya que nada de ello ocurrió, pues
al estilo perinola cargada solo cae
en
Toma Todo
.
Si algunos se preguntan, y me
preguntan, la razón por la que
opino y denuncio esta situación, la
respuesta es simple y contundente,
s
s
s
s
s
s
s
temas de la justicia
Escribe
Eduardo Quattropani*
algo de alguien
porque me duele, me indigna
que, pudiéndose hacer mucho
bien, que pudiéndose obtener tan-
tos logros, aun desde el enfrenta-
miento, se decida hacer la
personal, “la gambeta cortita”. Una
pena.
Agreden,
desde lo público, se
disfrazan de “lobos”
frente a extraños y
entregan a los suyos
en las mesas de
negociaciones.
No sé qué
más decir de quien
siempre, siempre,
está a nuestros pies
para servirnos como
si supiera que esa
es su función.
Escribe
Gustavo Ruckschloss
Entrometido íntimo
A
yuda a deslizarnos. Favo-
rece la buena postura del
cuerpo al impedir doblarnos
y patear el piso para conseguir lo
que queremos, es suave, y, sobre
todo, no habla ni se queja.
Además, nos acompaña en el dor-
mitorio y siempre está dispuesto,
sin hacerse rogar. Suele estar allí,
cerca de la cama, como esperando
la oportunidad justa. No hace ruido
ni le gusta hacerse notar con actitu-
des raras. Le da lo mismo que la
luz esté prendida o no. General-
mente, se conforma con que este-
mos sentados sobre la cama; es
raro que lo pesquemos estando no-
sotros parados.
Lo preferimos por la mañana, que
es cuando nos viene mejor, aunque
en alguna siesta solemos recurrir a
él. Hablando de los cuando, a
veces, cuando estamos por irnos
de juerga por la noche, nos vale-
mos de él como fiel ayudante siem-
pre dispuesto, por más mal que le
paguemos. Hablando de eso,
nunca nos detuvimos a pensar en
cuánto le debemos; sí, porque
cuando se desempeña en algún
comercio, le deberán reconocer su
trabajo. Más si se tiene en cuenta
que hace lo suyo de la mano de
los entendidos y se pone a los pies
de los electores... Esas personas
que no saben bien qué es lo que
quieren en la vida.
No se le puede achacar ningún
tipo de discriminación ya que, si
bien prefiere tirarse a los pies de
las mujeres, no le hace cara fiera a
ningún hombre y menos a los
niños, que a veces ni lo conocen y
se encuentran con él por primera
vez en sus vidas. Es bien dis-
creto y no se marea con las luces
ni con la moda. A veces sí, se
marea pero es más que nada por
problemas de olfato ya que no
siempre le toca el aroma que le
agrade. Lo mismo hace lo suyo ca-
lladito.
Volviendo a lo íntimo, a veces se
desubica, es decir, no está donde
siempre nos espera. Entonces, de-
bemos recordar cuando por la
noche nos abandonamos sobre la
cama sin tenerlo en cuenta. Casi,
casi como un castigo, nos obliga a
agacharnos y buscar su presencia,
que, por tan humilde, casi ni la va-
loramos.
Realmente no sé qué más decir de
quien siempre, siempre, está a
nuestros pies para servirnos como
si supiera que esa es su función
que le encomendó el destino. Sim-
plemente, me gustaría que cada
quien lo tuviera más en cuenta y lo
ignoráramos menos, y, de vez en
cuando, lo invitáramos a tomar sol
ya que es algo que a nadie se le
ocurre.
Pido, entonces, que lo revalorice-
mos por ser un ayudante que lo su-
ponemos segundón y, sin em-
bargo, gracias al calzador, tene-
mos una vida un poquito más
confortable.
Gambetita
1,2,3,4 6,7,8,9,10-11,12,13,14,15,16,...20
Powered by FlippingBook